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Ser espiritual es ser humano

Podemos intentar definir qué es lo espiritual o qué es ser espiritual sin llegar a consenso alguno.
Podemos definir diez mil estereotipos.
Pero no podemos decirle a otra persona cómo ejercer su propio camino de retorno a su esencia, su conexión con su espiritualidad, ni enjuiciar cómo lo hace.
Porque sencillamente es otra persona, tiene otra historia, otras perspectivas, otras preocupaciones, otro todo.

Ayer me dejaron muchísimas respuestas en historias al respecto de lo que sienten o creen que es “ser espiritual”. Muchas coincidían en lo mismo: somos en realidad seres de energía, de espíritu, viviendo una experiencia en un cuerpo terrenal. Coincido plenamente: todos somos espirituales porque estamos vivos en esta Tierra.

Otras me respondieron sobre vivir en coherencia, en ser leal a una misma, ser consciente, abrazarse completa, ser íntegra, llevar lo espiritual a lo mundano, escucharte fuera de las presiones sociales, estar en armonía y/o conectada con vos misma, habitar la búsqueda consciente de una coherencia entre cuerpo, mente y alma, sentirse en unión con el universo y lo infinito, ser un ser político, una filosofía de vida con valores que contemplan el bien común (a mi Luna en Sagi le gusta esto) y mucho más, como:

-Ser espiritual es una falacia porque no es opción, es parte de lo que somos
-Es vivir y ya
-Ser
-Cultivar el propio mundo interior sin romperle las bolas a nadie
-Estar aquí y ahora
-Abrir la cabeza
-Presencia, atención, respirar, sentir

Me extrañó que nadie incluyera “abrazar a mi sombra para sentirme completa”, pero esa la agrego ahora entre una lista de cosas que intentamos definir con la mente-ego. Y como alguien respondió: “Cuando a la vida se la intenta explicar con el lenguaje, ya no es. Y ahí racionalizamos el espíritu”.

Ser espiritual es existir, con todo lo que eso implica.
Y en la tercera dimensión que vinimos a masterizar, el dinero es -al menos actualmente- la moneda de intercambio.

No te hace más o menos espiritual cobrar tu trabajo terapéutico, espiritual o el que sea.
No te hace mejor que otros hacerlo gratis.
No te hace juntar karma cobrarlo (alguien me comentó que esa creencia existe)

Ser espiritual es ser humano.

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No soy un ser de luz

Elegir un rol terapéutico antes era tener impecabilidad.
Pero cada vez más vamos descubriendo que cuanto más naturales y humanos somos, cuanto menos robots programados nos mostramos, mejor se expresa nuestra esencia. Y mejor se sienten las personas que se acercan.

Sea desde el rol terapéutico o desde el propio trabajo constante interior, puedo hacer lo que se me cante sin querer encajar en ningún estereotipo.

Puedo hablar “mal”, equivocarme, tener humor negro o sarcástico, puedo tener pesadillas, miedos, enfermedades. Sí, también me puedo enfermar o sentir malestar. Puedo no saber cómo expresar mis emociones aunque pueda decirte cómo hacerlo. Atravesarme en mil procesos o trabajar como terapeuta no me hace mejor, ni más iluminada ni un ejemplo para nadie. Soy ejemplo para mí misma solamente, así como me sano cuando acompaño a otros a despertar a su sanador interior, porque toda persona que llega es un espejo para mi vida y mi crecimiento.

Puedo putear, enojarme, insultar, tener emociones de lo más bajas y degradantes, puedo sentirme como la mierda y después animarme a dejar todo eso atrás y renacer, las veces que sean necesarias.

Puedo no ser un ser de luz porque estoy tratando de hacerme consciente siempre de mi propia sombra. Puedo no jugar a la gurú, ni a ilusionar personas, ni a dar fórmulas mágicas.

Puedo no ser inmediata.
Puedo validar lo que no me gusta. Puedo poner límites, no tener ganas, puedo estar harta, cansada, agotada. Puedo sentirme mal con mi cuerpo, con el dinero, con el amor, con la salud, con la abundancia, con la familia, con lo que se me cante si lo tengo que procesar para hacerlo carne.
Puedo no ser ese ser de luz que esperás que sea porque la sociedad ha creado una imagen distorsionada y mecanizada de cómo tengo que recibirte en una sesión, qué decirte y cómo escucharte.

Si llegás a mí en sesiones o en grupos, sos mi espejo. En algo, en algún momento, me voy a sentir tan familiar con tu proceso que vas a darte cuenta que yo no te guío, que llegaste a mí porque necesitabas sentirte comprendida, menos extraña, más tranquila. Y ahí te acompaño.
Puedo no ser un ser de luz pero sí tengo luz propia y sé cómo encenderla.
Igual que vos🌞

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Sos tu propósito

Tengo una variada cantidad de intereses. Muchos hobbies.
Me gusta sumergirme en el arte, hacer música como pueda, y escribir.
Me encanta investigar sobre la medicina del sonido ahora.
Siempre me obsesiono con nuevos aprendizajes y hasta no escurrir la última gota y saciarme -o saturarme- no paro.
Me gusta trabajar de lo que ahora mismo me apasiona y dejar meterse en ese trabajo todo lo demás que me gusta hacer. Es como trabajar de lo que soy, y ya.
A veces me molestan las etiquetas porque no hay una sola que resuma todo lo que hago. Me limitan pero sé que son necesarias a veces para dar forma.

Hay cosas que son para ser hobbies y tener tiempo de jugar, también.
Tengo un título profesional que comencé hace 20 años (REAL) y que ya no uso. Que quedó relegado a uso personal cuando lo necesitara.

Vivo procesos internos que acompañé con terapia y con aprendizajes para ser mi propia medicina. Eso hace que yo trabaje hoy de lo que soy. De lo que siempre he sido.

Y todo eso que fui y todo eso que soy, se mezcla y se conjuga en el camino de mi presente.
Lo personal se vuelca hacia lo laboral y allí es donde siempre busco el equilibrio.
Sé que mi coherencia es mi propósito, mi vida lo es.

Y tu vida también es tu propósito, ser quien sos, permitir todos los juegos y combinaciones posibles entre lo que te gusta de lo que has sido y lo que sos, y entre lo que no te gusta y decidiste dejar atrás, también.

Hace 20 años, dije.
Nada tiene manifestación inmediata.
Sos tu propósito, si algo como tal existe.
Afuera hay muchas cosas que te pueden guiar pero en realidad te guían hacia adentro. A convertirte en todo eso que ya sos pero que no recordás.
Tenete paciencia.
Sobretodo ante cada lienzo en blanco que comiences a pintar.

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Teorías conspirativas: ¿cuál es el límite?

Illuminatis que gobiernan al mundo, chips en las vacunas, la Tierra es plana porque la Nasa nos miente, y la lista sigue. Puedo nombrar sin repetir y sin soplar un montón de teorías conspirativas (conspiranoicas) y expresar sin problema a cuáles adhiero y a cuáles no.

Una teoría conspirativa es una teoría alternativa al respecto de un suceso importante para la humanidad, nacida de la desconfianza ante la historia “oficial” y es esa desconfianza la que nos lleva, muchas veces, al despertar de consciencia.

Pero hay un límite muy delgado entre el despertar y creer que todo es una conspiración. Es el mismo límite el que nos lleva a ser tremendamente egoístas al momento de tomar una postura en asuntos que involucran a gran parte de la población.

Léase usar teorías conspirativas en contra de la legalización del aborto (lo que lleva a esas personas a apoyar un statu quo creado por otra teoría -la del Nuevo Orden Mundial de los illuminati- y por ende al capitalismo y al patriarcado, porque lo que molesta es la libertad de elegir de la mujer de dejar de ser gestadora de mano de obra); o para oponerse a la aplicación de vacunas -poniendo en riesgo la salud de un montón de personas-; y para tantas cosas más que nos ayudan a evolucionar en libertad y en igualdad de condiciones.

Las teorías se activan cuando alguien siente miedo de perder su estatus social, su poder o sus privilegios. E incluso cuando sienten la necesidad de sentirse superiores: “tengo información privilegiada que te ayudaría a despertar”. Así, lo espiritual se opone a lo científico como si de nuevos Mesías conspirativos se tratara, en lugar de probar el camino del medio que, a mi parecer, realmente nos traerá la evolución: la unión entre ciencia y espiritualidad.

Hay teorías y hay límites.
No está mal creer en lo que nos hace bien. Lo que termina siendo nocivo es defender con ceguera y egoísmo lo que yo creo que es cierto sin pensar ni un segundo en la cantidad de personas a las que mi creencia pone en peligro.
Porque no todas las teorías conspirativas nos despiertan: algunas nos amenazan.
Y si me da la razón pero es peligrosa, la teoría no es más que una fantasía de mi ego para sentirse superior.

Yo creo…

  1. Creo en la teoría -que la ciencia está comenzando a confirmar- que dice que nuestro ADN fue modificado intencionalmente y que, por ende, provenimos de una raza fuera de la Tierra. Específicamente adhiero a la teoría de los Annunaki del planeta Nibiru y a las 31 otras razas que pusieron de su información genética en nuestro ADN. Por ende, no creo en la teoría darwinista de la evolución.
  2. Creo en los ovnis, en seres de otros sistemas estelares y de otras dimensiones. Y tengo pruebas al respecto, incluyendo una fotografía que me voló la cabeza cuando ví en la cámara lo que había captado. Creo y vivo en comunicación con seres de otros sistemas, dimensiones y con versiones de mí misma multidimensionales. Confío en eso porque lo vivo, sea que otros piensen que estoy loca o lo que sea. Ya ni me interesa.
  3. Creo en las abducciones e investigaciones alienígenas que se realizaron hasta el 8/8/1988 cuando seres protectores de la Tierra pusieron límites de acceso a la humanidad a quienes las realizaban, los llamados Grises o Zeta Retículi.
  4. Creo en una agrupación que intenta controlar al mundo, sin dudas, y que incluye a las personas más más más poderosas del planeta, vinculadas con reptilianos y otros seres que no sólo pretenden mantenernos en la ignorancia, sino sostener su poder en nosotros a través del miedo. No sé si son illuminati, masones, o qué.
  5. Creo que la Tierra es redonda como el resto de los planetas del Sistema Solar, creo en la gravedad y en que las fotos desde el espacio son reales.
  6. Creo en los guías, maestros, arcángeles y ángeles guardianes, pero también creo que jamás me dirán que haga o comunique algo que nos amenaza como humanidad o nos separa. Siempre hablan desde el amor y la unidad. Mi ego es el canal que comunica, solamente.
  7. Y mucho más que no viene al caso.

Todo esto lo podría explayar muchísimo, porque son cosas en las que creo y, sin embargo, poco a poco me estoy abriendo a sorprenderme. Mucho de lo que se ha movido con los eclipses Géminis-Sagitario fue parte de esto, las cosas en las que creía ciegamente y que ahora sostengo con un poco más de…pruebas, por decirlo de alguna manera. No pruebas únicamente científicas o de 3D, sino emocionales, lo que me dice mi cuerpo cuando pienso o leo algo al respecto.

Nuestras creencias nos ayudan muchísimo a sostener nuestra ideología, filosofía de vida y fe; y de hecho nos abren a nuevas creencias todo el tiempo. Pero si somos inflexibles, le tememos al cambio y sostenemos nuestra soberbia sólo para sentirnos superiores o “menos ignorantes” que el resto, entonces los que pretenden sostener el control se salen con la suya y nos siguen separando.

Mi intención al comunicar no es decir “esta es mi web y escribo lo que quiero”, porque de verdad quiero ayudar al mundo a despertar consciencia. Si me parara en el lugar del egoísmo intentaría convencerte de mis creencias exclusivamente, pero elijo invitarte a cuestionar las tuyas mientras también cuestiono las mías. Porque ganamos más en comunión -como humanidad-si somos flexibles. Y si nos aceptamos creyendo lo que sea que creamos sin que eso nos amenace literal y/o metafóricamente.

Para cristalizado y estructurado ya tenemos al statu quo que ha llevado al planeta y a nosotros, al estado actual.

Si queremos cambiar algo, debería ser más allá de la soberbia, del egoísmo y de las teorías que sostenemos para seguir separándonos. Porque al fin y al cabo, con eso seguimos inspirando miedo en lugar de abrir nuevas puertas para dialogar como comunidad, desde el amor y la búsqueda de respuestas en conjunto.

Si nos ponemos en contra unos de otros, si elegimos sostener y defender con uñas y dientes banderas que nos separan o ponen en peligro a los que no piensan como nosotros, somos más ególatras que “despiertos”.

Está bueno ser lo suficientemente humilde como para soltar la necesidad de tener la razón, y la de sentir que somos mejores que los demás por tener determinados privilegios.

O seguimos separándonos o nos unimos. Es nuestra decisión.

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Mi Luna natal

Según mi mecanismo lunar, voy a lo profundo como una obsesión por obtener respuestas que no están en el plano concreto. Intento comprenderlo todo, racionalizarlo todo. Leo, estudio, investigo en una eterna búsqueda, saco conclusiones para entender y en eso aprendo que cada situación trae un aprendizaje.

Cuando me hago consciente de todo esto, surge el don lunar. Y me rindo. Entrego mi libre albedrío a mi Yo Superior. Le digo que estoy dispuesta a todo en pos de la evolución planetaria, incluso a atravesar los miedos y dolores más oscuros.

Dejo de leer, de buscar, de ir al fondo de cada abismo, pregunta existencial y cuestionamiento. Me digo que nada de lo que creo es verdad y que todo al mismo tiempo, lo es. Que no sé nada y lo sé todo. Me animo a ver que quizás nunca, ni después de la muerte física, pueda responderme mis preguntas más cósmicas o existenciales. Lo más terrible para mí es no saber qué hay en los rincones más recónditos y desconocidos del multiverso en el que creo. Qué es lo que lo organiza todo, qué hay detrás del telón de esta ilusión que llamamos realidad, cuál o cuáles son las verdades que rigen el Universo. Y me digo que quizás todo lo que creo ni existe o no es así. Me desafío a la ruptura. Me silencio.

Entonces me dice -quién sabe quién- que no será necesario atravesar el dolor cuando simplemente ya renunciaste al control de evitarlo. Que por el hecho de rendirte ante la sabiduría del universo, estás siendo guiadx por el camino correcto. Siempre es el camino correcto.

La realidad tiene mil formas y tenemos miedo porque intuímos que acá no se termina la crisis, sino que estamos yendo hacia el abismo que asusta al ego porque es desconocido y aterra, como perder el control. Este proceso es para dejar un planeta mejor de lo que estaba cuando llegamos. Para poder estar bien necesitamos atravesar esto.

Mi Luna, mi esencia, no sabe mentir.
No te voy a decir que mañana va a estar todo bien. Pero sí te puedo decir que si te rendís, si soltás el control, fluís mejor con la locura que es la vida estos años. Que, al final de todo, la Luna en Sagitario sabe que siempre volvemos a salir. Aunque cueste mil procesos de transformación en el camino.

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Desaprender para recordar la esencia

“Para llegar al gran momento del des-aprendizaje, hay que renunciar a todas las creencias, a todo el sistema de creencias que canaliza nuestros pensamientos, sentimientos y emociones hacia nuestro cuerpo. Podríamos decir que todas nuestras creencias convergen en el cuerpo.

Desaprender implica tomar plena conciencia de que nuestras vidas están regidas por unos programas inconscientes, heredados de nuestro inconsciente familiar y colectivo, que se expresan en nuestro inconsciente individual y se manifiestan en nuestras vidas en forma de circunstancias, situaciones, relaciones interpersonales, síntomas y enfermedades.

Tenemos que estudiar las emociones si queremos liberarnos de todos los condicionamientos que gobiernan nuestras vidas. Lo que nos causa dolor y sufrimiento no son los hechos en sí mismos, sino los pensamientos activados por los sentimientos y emociones acumulados en nuestro inconsciente. Una emoción puede generar muchos sentimientos y éstos, a su vez, crear miles de pensamientos.”
Enric Corbera.

Cuando desaprendemos, nos quitamos de encima un montón de programas, etiquetas, máscaras y roles que lejos de ayudarnos, bloquean la expresión de nuestra verdadera esencia.

Mercurio ya está en Géminis donde va a comenzar a retrogradar el 29, el 26 tenemos un eclipse lunar total en Sagitario, Júpiter ingresa a Piscis el 13 (por un ratito, luego retrograda y vuelve a Acuario), y Saturno va a comenzar a retrogradar en Acuario el 23. Si hay algo que podemos aprovechar bajo esta próxima temporada de eclipses y retrógrados, es la oportunidad de romper creencias, desafiar mandatos, desaprender todo lo que no nos hemos animado a cuestionar previamente.

Lo revolucionario es romper con todo lo que nos ha formado para tener determinadas cosas, para creer que nuestro valor radica en lo que hacemos o en eso que tenemos -o en lo que nos falta-. Cuando nos atrevemos a ver que somos mucho más que lo que el patriarcado y el capitalismo pretenden de nosotros, estamos siendo parte de la revolución.
Una revolución donde la igualdad y la equidad representan el poder que tiene el pueblo al reconocer su propio valor: el de ser quienes han venido a ser.

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Cambiar creencias en relaciones

Hace unos días en Instagram les pregunté qué creencias habían roto recientemente acerca de vínculos en general, y me asombró cómo muchas coincidían en algunas. Estas son las más repetidas:

-Que una misma nunca está completa, sino que necesita de un otro, estar en una relación, para completarse. La famosa y tan dañina creencia de la “media naranja”.

-Que tenemos que salvar al otro

-Que lo vamos a cambiar

-La monogamia como regla vincular e incuestionable

Las creencias que sostenemos al respecto de nuestras relaciones también cambian y se actualizan, se transforman a medida que crecemos y evolucionamos como seres humanos. Lo vincular es una manera de aprender en esta dimensión, ya que sin espejos no seríamos capaces de atravesar muchos procesos o aprendizajes destinados a nuestro crecimiento.

El alma gemela

Bueno, acá podría hablar largo y tendido pero es un tema muy exprimido ya y tan romantizado, que es necesario des-romantizar (si es que la palabra existe).

Gracias a Platón la idea de un alma dividida en dos se hizo “popular” y ahí vamos por la vida -sobretodo gracias a la Era de Piscis- tratando de encontrar quién tiene esa otra mitad de mi alma, y (atentos) “quién, al completarme, me hará feliz por fin”.

Miren, tengo a Venus y Marte juntos en Piscis así que novelas, películas, historias y documentos sobre almas gemelas, llamas gemelas, almas afines, relaciones kármicas, vidas pasadas y todo eso, he consumido como droguitas.

La historia idealizada es realmente muy romántica, muy princesa clásica de Disney que precisa ser salvada porque es indefensa, no sabe cómo empoderarse o sentirse completa.

El alma gemela, antes que nada, no es eso tan mágico y fluído que creemos ni tampoco nos asegura la completa felicidad. Y almas gemelas podemos tener muchísimas, y lo que es mejor: no necesariamente tienen que ser relaciones románticas (mucho menos exclusivamente monógamas o heterosexuales, pfff).

Para conocer, establecer un vínculo y poder sostenerlo con un alma gemela, hay que estar muy clara y bien plantada en la vida. El alma gemela te desafía, te fuerza a ir hacia tu incomodidad, tu Ascendente y tu Nodo Norte, las zonas de crecimiento más difíciles de nuestra carta natal. Encontrar a una -o varias- almas gemelas lo que más trae es aprendizaje.

Y no siempre nuestro ego puede soportar estar a su lado, porque pide trascender las actitudes egoicas y no suele ser sencillo. Los ciclos de Saturno hablan mucho de deudas y relaciones kármicas que piden ser concretadas y liberadas. Las almas gemelas nos despiertan consciencia de manera abrupta y gigante. Duele, muchas veces duele el ego con esos encuentros.

Por otro lado, hay almas afines, también existen las relaciones kármicas, etc… pero lo importante es: ¿por qué creemos que estamos incompletas?

Te la dejo ahí para que te lo respondas.

Tenemos que salvar al otro

Ufff, mi ex-posición favorita en todos los vínculos. Creía que lo que me daba valor era ser la Jesucrista (?) del otro, salvarlo con mi amor de sus miserias, mejorarle la vida con mi cariño, con mi presencia (amiga ese ego) y nutrirle todo el ser.

Bueno, no. Al menos en mis historias yo daba todo, me perdía en el otro y lo nutría a pleno, y yo me quedaba no sólo desnutrida, sino también vacía. Vacía de amor.

¿Por qué?

Porque cuando queremos salvar al otro lo que tenemos es la creencia de que la gente precisa ser salvada o ayudada por algo externo, como si “nos necesitaran”. También, porque esa es nuestra manera de buscar cariño, amor y aprobación. Porque, sencillamente, no nos estamos amando a nosotras mismas.

Y no, no es fácil cambiar el diálogo interno y las creencias, aprender o recordar cómo quererse. Pero una vez que abrís los ojos, todo comienza a tomar otro color. Además, esto se conecta con el siguiente punto:

Vamos a cambiar al otro

Otra patraña dañina que sostenemos para no romper la idealización de que el otro es “la” persona de nuestra vida.

Como si hubiera “una” persona destinada para nosotros, al mejor estilo alma gemela del que hablaba más arriba.

Y no, no vamos a cambiar al otro para adaptarlo a lo que nosotros buscamos de alguien, porque las personas no son moldeables, no son arcilla que podemos diseñar a nuestro gusto. Y hablando de eso, no siempre te tiene que gustar el 100% de una persona, de hecho si te pasa con alguien, contame. No tengo registros de eso.

No vamos a cambiar a los demás porque la única persona que podemos “cambiar” para seguir creciendo, es a nosotros mismos.

La monogamia como regla

Esto es absolutamente personal y la destrucción de la monogamia como regla para vincularse va de la mano con la ruptura social con la iglesia, con la -ojalá- caída del patriarcado y con las propias creencias de cómo me dijeron que tienen que ser mis vínculos.

Al fin y al cabo, van a ser los vínculos más sanos aquellos que sean creados desde el deseo, el respeto mutuo y el amor propio de ambos integrantes.

Post data: relaciones tóxicas

Excluyendo aquí vínculos seriamente violentos y abusivos (que los hay, igual que personas con esos comportamientos) las que llamamos “relaciones tóxicas”, nos vienen a mostrar lo tóxicas que somos con nosotras mismas creyendo y tratando de crear todo lo anteriormente expuesto desde un lugar romantizado e idealizado.

Lo que más precisamos es aprender que ya estamos completas y que tenemos tremendo potencial de amor dentro, que sólo necesita ser expresado sin miedos, abriendo el corazón.

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¿Está todo escrito?

Una de las creencias sobre nuestra vida como humanos, es que antes de encarnar en un cuerpo físico elegimos todo lo que será nuestra vida. Aprendizajes, vínculos, fecha de nacimiento (y carta natal), entorno que tendrá feedback de creación con esa carta natal, fecha para desencarnar, etc. Como si todo en nuestras vidas estuviera escrito. Todo.

Si tenemos libre albedrío, entonces lo que “firmamos” antes de venir es lo más importante, el QUÉ, pero podemos elegir libremente el CÓMO.

Por ejemplo, si alguien tiene que aprender sobre una enfermedad, tiene la opción de hacerlo desde alguna medicina o desde la vivencia de la enfermedad en sí. Pero esa elección va a depender de muchísimas elecciones previas. Nadie sabe de todos modos cuánto de todo eso hemos firmado en nuestro contrato, y qué es parte del libre albedrío en realidad.

El asunto es: creer que las cosas están escritas porque “así tienen que ser” nos pone en un lugar de cero responsabilidad con nuestra vida, nuestro entorno y el medio ambiente. Fue cuando me dí cuenta que me justificaba con mis creencias que decidí dudar de ellas. Yo no soy mis creencias.

Por ejemplo: hay un incendio forestal provocado por una irresposabilidad humana. ¿Tengo que creer que esos árboles y animales eligieron esa manera de irse de este plano, o mejor me hago cargo de que soy parte de una raza que se manda miles de cagadas y trato de mejorar cada día al respecto?

Siento que cuando nos justificamos porque “elegimos todo antes de nacer” nos dejamos estar, evadiendo la responsabilidad humana excusándonos en la divina.

No importa si lo elegimos antes de nacer o no, importa saber atravesar lo que vivimos y aceptar que estamos eligiendo todo el tiempo, en el aquí y en el ahora, el único tiempo posible de creación. No sabremos nunca si estaba escrito o si fue más “humano” (divino al fin y al cabo) creado en un mundo donde todo está conectado siempre para poder despertar nuestra semilla y ser parte del cambio en el mundo.

¿Qué mundo queremos dejar para las generaciones futuras? ¿Uno de creencias que nos justifican el actuar erráticamente o uno donde somos responsables de cuidarlo?

Saturno en Acuario viene fuerte, eh.

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Urano directo + Sol junto a Plutón

El poder de nuestras creencias es mucho más grande de lo que imaginamos.

Las creencias crean falsos límites que nos encuadran en lo que supuestamente podemos y no podemos lograr en la vida.
Desde los privilegios de género, pasando por pertenecer a tal o cual clase social hasta la educación y el tipo de cuerpo, entre mil cosas más, todo nos determina, nos encasilla.

Las creencias está asociadas a algo importante o de determinado valor para nosotros, a un sentimiento. Este lenguaje (las creencias y los sentimientos asociados) es el que crea nuestra realidad.
Claro que nuestras creencias más positivas crean un presente y consecuentemente un futuro “sin problemas”, pero las de más baja vibración son las que terminan convirtiéndose en piedras en nuestro camino.

En ese camino de desarrollo personal, una piedra, un problema o cualquier tipo de obstáculo, está ahí naciendo desde el inconsciente y pidiéndonos que veamos la fuerza y el poder internos que realmente tenemos. Todo desafío está ahí poniéndonos a prueba con nosotros mismos, no hay nadie a quien demostrarle nada.

(Recordemos que no todos tenemos la suerte de tener la tranquilidad como para jugarnos a cambiar nuestras creencias).

Júpiter se va a cuadrar a Urano el 17 y hay mucha creencia que romper, sobretodo al respecto de quién soy en el mundo, qué estoy dando, dónde siento que pertenezco, qué me da seguridad, y qué creencias están limitando el desarrollo de todo mi potencial.

Socialmente, estamos moviéndonos, saliendo lentamente del canal de parto, pero como Urano dejó de retrogradar ayer 14/1 y el 20 se encontrará allí con Marte, tal vez el parto se adelante un poco. Pareciera que una pandemia no ha sido sacudida suficiente, parece que siempre precisamos de mayores terremotos hasta que por fin decimos “basta”, hasta que dejamos de ser egoístas y aprendemos a valorarnos, tanto a nosotros mismos como a los demás y al mundo que habitamos.

El Sol anda en conjunción a Plutón en Capricornio: ¿qué etiquetas te definen? ¿Y cuáles tienen que transformarse porque ya no te representan? ¿Sentís ese renacer en la zona Capricornio de tu carta?

¿Qué piel estás dejando atrás?
¿Qué disfraz del mundo estamos dejando atrás?
¿Será que realmente estamos tan hartos del patriarcado, de los abusos del capitalismo y de la destrucción, que nos vamos a levantar como un tsunami contra todo lo que nos reprime y lastima?

Ojalá que sí, lo merecemos.