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En la oscuridad se esconde el tesoro

O como canta Florence Welch: “Its always darkest before the dawn” (siempre es más oscuro antes del amanecer).

Le tenemos miedo a la oscuridad. A la de los demás, a la del mundo, a la nuestra. Tememos porque es territorio desconocido y juzgado desde la antigüedad.

Tenemos miedo porque no queremos soltar el control. Porque tomamos decisiones que no nos llevan adonde esperábamos y no nos gusta o no sabemos hacernos cargo.

Tenemos miedo de que nos pasen cosas malas porque no nos amamos, no nos creemos merecedores del bienestar y también le tememos a nuestro propio poder.

Tememos porque no nos conocemos.

Nos aterra transformarnos y no queremos hacer el trabajo.

Queremos que elijan por nosotros, que otros hagan la tarea, que nos sanen, nos salven, cuiden y transformen, pero sin que tengamos que atravesar el proceso. Porque hacerlo duele y aún si no doliera, lo querríamos evitar igual.

Nos gusta el cambio pero cuando el ritmo del ego lo desee. No nos gustan los imprevistos, los despertares aparentemente abruptos que en realidad nos dieron muchas chances antes, para no ser repentinos.

Tememos no saber, no pisar sobre seguro, equivocarnos, fallar, fracasar, errar, como si el error no fuera parte de la experiencia de la vida. Como si todo tuviera que ser impecablemente perfecto. Qué ridículos que somos.

Nos aterra perder el tiempo pero no lo atravesamos con eficiencia. Ni siquiera sabemos regular nuestra energía.

Queremos llegar de A a Z sin hacer el recorrido. Que nos lleven a upa.

Nos asusta lo que podamos encontrar si miramos hacia adentro.

La vida nunca es tan complicada como la hacemos, como lo creemos.

Venimos equipados para que todo sea sencillo pero la mente toma el control y preferimos dárselo “porque sabe”. Lo que no sabemos es que sólo sabe sobre el pasado, que tendemos a repetir una y otra vez. Si la mente dirige, no hay apertura, ni flexibilidad ni perspectivas. Hay una ilusión de seguridad que de nada nos sirve sostener: es una comodidad incómoda.

La mente ya no puede ser nuestra autoridad como lo venía siendo. Es hora de devolverle su lugar, de recuperar nuestro poder y, sobretodo, de animarnos a la transformación que nos llevará a expresar lo que realmente somos: esencia divina.

Escribime si querés hacer un proceso de transformación conmigo o dirigite directamente a la Tienda.

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Ansiedad & Mercurio retro

Es natural que con Mercurio retro sintamos mucha más ansiedad que de costumbre, como si los pensamientos fuera surgiendo de un volcán, uno tras otro. Perdemos el foco, se nos “cruzan los cables”, no hay claridad, nos cuesta expresarnos como de costumbre e incluso pensamos cosas random que ni sabíamos que teníamos en mente o que podrían aparecer.

Recuerdos y nostalgias del pasado se hacen presentes, mientras queremos seguir manteniendo un ritmo diario igual al que teníamos antes de que Mercurio comenzara a retrogradar (si estás canchera con #DiseñoHumano, y tu Centro de la Cabeza está abierto, esto se siente aún más intenso).

Pero no podemos pretender seguir ese ritmo porque todo lo que está pidiendo el cielo es que, justamente, 𝗟𝗢 𝗛𝗔𝗚𝗔𝗠𝗢𝗦 𝗗𝗜𝗙𝗘𝗥𝗘𝗡𝗧𝗘. Prioricemos nuestra salud mental, emocional, física y energética. Demos espacio a que las cosas sucedan en lugar de seguir forzando a que lo hagan. Nos sentemos a tomar un té con nosotras mismas sin más compañía que la nuestra.

Que salgamos a la naturaleza, que caminemos, que despejemos la mente. Que creemos, disfrutemos más, nos enrosquemos menos.

Tomate a #MercurioRetrógrado como unas vacaciones mentales y, si podés, empezá a organizar tu año para no estar enloquecida en estos ciclos (ni en las temporadas de eclipses).

Estamos por iniciar un nuevo equinoccio, hay tensiones en el cielo, Marte ya está en sombra pre retrógrada en Géminis. Hay mucho pasando por dentro que no podemos controlar pero sí podemos aprender o reaprender a relajarnos.

Conociéndote, realineándote con tu naturaleza, puede ser un poquitito más fácil.

Personalmente, es la primera vez en mis 39 años que tuve que tomar un relajante para la ansiedad mental. Sentí que no podía conmigo y tuve que reconocer que, más allá de mis herramientas, a veces necesito ayuda. Estoy poniendo al celu en modo avión muy seguido porque no puedo responder como antes siquiera.

Me estoy dejando de exigir a mí misma ser como creo que esperan que sea.

Y qué sano es mostrarse vulnerable, reconocer que no podemos solos y que nada es más importante que nuestra salud y bienestar general.

✨No es egoísta ponerte primera. Es necesario.✨

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¿Cómo lo hago?

Diseño Humano me permitió responder los “¿Cómo lo hago?” que siempre surgen en las sesiones astrológicas.

Porque la respuesta es tan sencilla como: “𝘀𝗲𝗴𝘂𝗶𝗿 𝘁𝘂 𝗲𝘀𝘁𝗿𝗮𝘁𝗲𝗴𝗶𝗮 𝘆 𝘁𝘂 𝗮𝘂𝘁𝗼𝗿𝗶𝗱𝗮𝗱”. No hay otro secreto, y de hecho para cada ser humano no se pueden recomendar recetas generales, porque las únicas que funcionarán son las acordes a tu propia vida, a tu autoconocimiento, a tu diseño.

Cuando están muy mentales, se repreguntan sobre lo mismo: “Pero… ¿cómo sigo mi estrategia y mi autoridad? “

Cuando conectás con ellas en una sesión, se te explica -incluso con ejemplos claros- de qué se tratan y cómo aplicarlas de la mejor manera de acuerdo a tu diseño. Y no hay más nada que rebuscar o ahondar, ¡es tan simple como eso!

Pero la mente/ego siempre quiere más. Quiere saber a fondo cómo lo hace, cómo es que funciona, quiere comprobarlo y, en lo posible, desestimarlo.

Porque no siempre nos creemos merecedoras de una transformación.

Porque nos da miedo transformarnos. Nos da miedo darnos cuenta que para que llegue esa transformación, tendremos que dejar morir a esa persona que creíamos que éramos. Y nos va a doler. Y vamos a perder el control. Y vamos a pasarla mal mientras se nos arrancan los condicionamientos de las células, como si fuera nuestra propia piel.

No es divertido desprogramarse, cambiar, mutar, morirse y renacer.

Porque, como si fuera poco, también nos pide tiempo y en ese tiempo, paciencia.

“No tengo tiempo” o “No tengo paciencia”, son tus excusas favoritas cuando no querés comenzar un proceso de decondicionamiento, que para ser total, requerirá de siete años de tu vida. Y te asusta comprometerte con vos misma “por tanto tiempo”. Como si no hubieras vivido años y años siendo “otra persona”.

En realidad no te conocés, porque tenés miedo de verte de verdad, de ver a cuántos lugares no pertenecés, de ver cuánto forzaste ser alguien que no sos por responder al deber ser y a los condicionamientos de tu entorno.

Si tenés ganas de ser quien sos, el proceso puede comenzar hoy, con el primer paso que es comprometerte con vos misma. Porque te vas a destruir pero también vas a renacer.

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Sólo se renace muriendo

Mi temor a la muerte es el miedo al dolor y a la soledad.

Le temo a mi propia muerte porque le temo a lo desconocido, y le temo a la muerte de mis seres queridos por la soledad y el dolor que representarían.

Mi relación con la Muerte, con mayúscula, es de amiga a la que a veces invito a charlar y otras veces prefiero ignorar. Reprimo ese temor porque sencillamente no lo puedo controlar, es compulsivo, panicoso, angustiante.

Es un miedo latente que sé que viene de otras vidas, y que también reconozco que está llegando el momento de trascender.

Plutón pasó varias veces sobre mi Mercurio natal y estará ingresando en breve a mi casa cuarta, a mi base, anunciando que de ahora en más no puedo pretender ignorarlo: se hace cada vez más presente, late desde mi inconsciente cuando no puedo dormir y siento ansiedad, cuando camino por la calle sintiéndome insegura, cuando miro a mis últimos años y veo que, aún amando la aventura, me he recluído para evitar lo desconocido. Porque eso puede representar la muerte de mi ego, de mi conocimiento. Del control.

Quienes sepan de Diseño Humano me entenderán mejor si les digo que soy un perfil 6/3: estoy en la parte del medio del ciclo, donde desée retirarme pero me terminé aislando. Y en ese aislamiento el miedo comenzó a habitar mi propia cueva y a creerse cada vez más el dueño de mi vida. Me retiré para integrar mis experiencias pero terminé aislándome para evadir nuevas.

Me cuesta, todavía, salir de casa sin protegerme con mil mecanismos de defensa, algunos que se han tornado en tocs. Me cuesta disfrutar una salida, juntarme fuera de lugares conocidos, vivir como viví en mis veintes, confiar en las experiencias, entregarme a la aventura como antes.

Y ahora me doy cuenta de que estuve un poco muerta.

Ya no quiero máscaras, armaduras o escondites para evadir todo lo que esté fuera de mi control. Ya no quiero limitarme de vivir experiencias porque me da pánico lo desconocido, o la entrega o la vulnerabilidad.

Ya no quiero seguir sintiéndome chiquita e indefensa al salir de mi zona de confort.

Te espero en mi casa cuarta con mi Sol, Plutón, para rendirme a todo tu poder.
Y renacer de la manera en la que tenga que hacerlo.

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Desacelerar

Pasar de funcionar exclusivamente con la lógica del hemisferio izquierdo, a hacerlo más creativamente, con el hemisferio derecho.

Revisar lo que descartamos por impulso y lo que sostenemos por costumbre.

Bajar el ritmo, ceder al descanso.

Surfear la ola y dejarse arrastrar hacia el camino correcto.

Soltar el control, el capricho, hasta la intención.

Dejar de querer tener la razón, de insistir en lo que no sale, de hacer fuerza.

Entregarnos al caos y lo aparentemente inarmónico, necesario para llegar al equilibrio.

Dejar de depender del ritmo social y entregarse al personal.

Recuperar el contacto con la niña interna, con el juego, lo lúdico, lo creativo.

Aprovechar para hacer cosas que dejamos pendientes (porque estamos acostumbradas a dejarnos para después)

Arreglar lo que siempre esquivamos arreglar.

Tener esas conversaciones incómodas de una vez.

Dejar de salga lo que tenga que salir en sueños, en escritos, en pensamientos, en palabras.

Liberarnos de la culpa del “no hacer”.

Darnos cuenta que no podemos funcionar como máquinas, ni de manera automática.

Tomarnos más recreos y menos las cosas en serio.

Descansar más, correr menos.

Bajar el ritmo para escucharnos.

Tener paciencia. Sobretodo con nosotras.

Mercurio retro no es tu enemigo, no te detiene la vida: te da la chance de mirar todo con otro cristal.

No vas a funcionar igual que lo venías haciendo, las cosas no van a salir como lo estás deseando: sencillamente porque ante lo sincrónico del Universo, me parece que lo mejor es entregar las expectativas y el control, porque nos manejamos -siempre- desde el inconsciente.

Y ahora habla mucho más fuerte que antes.

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No “tenés” que ser feliz

Buscamos la felicidad como una zanahoria, impuesta no solo por nosotras mismas (porque creemos que eso significará estar exentas de todos los males) sino también por la sociedad, la familia, los demás.

Creemos que tenemos que sonreír aunque estemos de mal humor.

Creemos que estar mal no está bien, entonces reprimimos el malestar, las emociones “malas”, e incluso reprimimos lo que sí nos hace bien porque los demás dicen que eso no está bueno.

Decimos que sí cuando en realidad queremos decir que no.

Decimos que no cuando desde el alma queremos gritar un sí.

Nos juntamos por obligación con personas que no nos nutren.

Forzamos vínculos y relaciones que no nos hacen bien, sólo porque alguna vez aprendimos que hay que sostenerlos. Aunque no se hayan alimentado durante años. Aunque el desinterés de alguna de las partes esté clarísimo.

Ser feliz no es tener la vida resuelta, plata en el banco y la casa propia (aunque cómo ayuda, eh). Ser feliz es un estado del ser, y es un proceso constante.

El problema es que nos quieren forzar todo el tiempo a que seamos felices.

Estar triste, deprimida, iracunda -lo que sea- también es permitirte que la vida te atraviese en la forma en que aparezca.

Siempre me gustó decir que soy una persona feliz incluso en mis peores momentos, porque para mí eso es permitirme absolutamente todo lo que estoy sintiendo. Es permitirme reírme a carcajadas o hundirme en mis profundidades, sin juzgarme.

Porque la felicidad no necesariamente tiene que sentirse como una plenitud y bienestar constantes. Ser feliz puede ser sencillamente respetarte a vos.

Y por eso mismo, no “tenés” que ser feliz. No tenés que comprarte todas las frases de moda, los “vos podés”, los “pensá positivo que te va a ir mejor”.

Es mejor fluir con el que sea tu estado de ánimo, porque no es permanente. Un estado de ánimo permite que las emociones te atraviesen, no las bloqueás ni reprimís.

El estado de ánimo que se cristaliza se convierte en un estado del ser donde te sobredefinís (en lugar de “estoy triste” decís “soy triste”) y eso no es natural.

Porque lo natural es el movimiento, el cambio constante, la fluidez.

Dejá que el agua corra por dentro, y limpie.

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Diseño Humano

¿Sabías que toda reprogramación mental de tus creencias, se establece en tu cuerpo físico en un período de siete años?

Los ciclos de Urano nos marcan evolutivamente desde 1781 -el año de su descubrimiento- y como su ciclo total es de 84 años, si lo dividimos en doce (los doce signos, las doce casas de la carta natal) nos habla de períodos de siete años de despertares de consciencia y crecimiento evolutivo.

Es decir, una vez que comenzás a transformar tus creencias, a amarte más y a cambiar tus condicionamientos, tu proceso de transformación celular comienza y finalmente se establece al cabo de siete años.

De la mano del Diseño Humano, este cambio puede acelerarse (en su inicio, ya que para todos durará siete años) y te puede ayudar a reconocer tu impronta natural más allá de los condicionamientos aprendidos o heredados.

Esto significa que te vas a alinear con quien sos de verdad, para dejar de hacer fuerza intentando amoldarte a fórmulas generales y creencias que no te permiten brillar en esencia.

Tu gráfico o carta de Diseño Humano en conjunto con la carta natal, para mí, tienen la ventaja no sólo de complementarse sino también de poder decirte cuál es tu “¿Cómo lo hago?” personal y único.

Por algo también se le llama “La Ciencia de la Diferenciación”, porque plantea que todos somos seres únicos en nuestra encarnación.

Urano comenzó a retrogradar hoy y ¿qué te parece comenzar ese proceso de descondicionamiento para abrazar a quien sos en realidad?

Hay mucho más que quiero contarte sobre esto porque es un universo sumamente profundo y complejo -como cada ser- pero mientras tanto, si te interesa conocerte a ese nivel, estoy ofreciendo lecturas en dos sesiones (porque es mucho y no entra en una sola).

Podés reservar las tuyas aquí.

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Dejarse en paz.

Hacer mil terapias agota.

Creemos que estamos rotas, que tenemos que arreglarnos, y hasta nos han hecho creer que “tenemos que” sanar, sanar al árbol, sanar por los descendientes, sanar para ser felices, etc.

Nos abruman los avisos de cursos para aprender a sanar a mi niña, sanar mi relación con el dinero, sanar mis relaciones, sanar sanar sanar. Y para sanar parece, también, que tengo que aprender un curso -con mi lógica- para dejar de sentirme como el cul@.

Estar sana parece una zanahoria en el horizonte que nunca alcanzamos porque a medida que ahondamos en nuestra identidad, aparecen más y más capas ocultas, como personajes de una película de terror.

Pero dejarte en paz también es válido. Es necesario.

No necesitás nada más para sanar, más que tomar responsabilidad de las cosas que sí sabés que te hacen bien.

No necesitás aprender mil cursos de terapias para sanarte, sólo identificar cuáles son las que realmente resuenan con lo que te pasa.

No necesitás sanar.

Lo que necesitás es cambiar de punto de vista y dejar al pasado atrás. Porque la herida está ahí, donde creíste que todo tenía que ser de una manera en la que no fue.

Perdonarte, aceptar.

Meter todo el tiempo el dedo en la herida no la deja cicatrizar.

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Invertir en vos

Me cuesta mucho decir que mi camino es por la vía espiritual.

Que para llegar a vivir en armonía, mi aporte tiene un camino guiado por lo divinidad que soy y que tod@s somos.

Que para llegar a la coherencia con la propia naturaleza, mi manera de guiar tiene pasos necesarios: hacerse consciente de lo que nos genera dolor (“despertar”), abrazarlo (amigarse con la sombra), desprogramarse de viejas creencias y reprogramarse para recordar y expresar la propia esencia.

Y eso que ofrezco al mundo es lo que hago en mi vida, cada día. No puedo más que ser ejemplo de lo que comunico, porque de otro modo sería hipócrita.

Este camino también tiene muchas instancias de peregrinaje sagrado para recordar lo que nos ha traído a esta vida: a veces se necesita psicoterapia, otras la sanación viene con registros akáshicos y regresiones, y muchas otras, con comprometerse con la propia sacralidad meditando con mantras, volver al cuerpo con yoga y ayurveda, sumergirse en escritos y sabidurías sagradas de la antigüedad, relacionarse con las diosas interiores, etc.

Me dió vergüenza, muchas veces, admitir mi sabiduría. Me avergonzaba por el qué dirán, porque así como mucha gente habla sin saber, yo también lo he hecho.

Pero seguir ocultándome por temor a eso, sólo me dejaba cada vez más chiquita, temiendo que me creyeran egocéntrica por vivir en una sociedad que no habilita el amor propio. Entonces dejé de darle energía a mirar a los demás. Y me sigo liberando -cada día un poco más- del miedo al qué dirán.

Lo que te ofrezco con mi trabajo es todo lo que vivo día a día: la desprogramación constante a nivel mental y genético (gracias a la astrología, diseño humano y llaves genéticas) para ser canal de tu divinidad a nivel espiritual. Para tener una vida armónica y coherente. Soy eso, eso doy, ese es mi aporte al mundo en este momento. Mañana no lo sé, ni lo voy a controlar, debo seguir el llamado siempre.

Y para llegar a reconocer mi magia, habitar mi sabiduría e integrar el conocimiento en el cuerpo, me tuve que conocer a fondo. Lo hago cada día, es un viaje sin final y sin retorno.

Y para todo eso, tuve que invertir en mí. Tuve que dejar de temerle al compromiso, a hacerme cargo, a invertir tiempo, dinero y energía en mí misma. Porque soy mi mejor creación y es preciso permitirme volver a mi perfección original, a reconocer lo sagrada que soy y lo importante que es mi lugar en el mundo, como el tuyo.

No es pérdida de tiempo ni de dinero, no te empobrece invertir en vos: te llena de la abundancia que sos al reconocerte rica, agradecida, alineada. Comprender que sos mucho más que tu identidad te permite vivir una vida más libre de ataduras, lealtades o condicionamientos que te ahogan.

Invertir en vos es permitirte gozar la vida en lugar de seguir resistiéndote a reconocer y compartir tu magia interior.

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Volver a mí

Me equivoqué.

Estuve mucho tiempo persiguiendo cosas que no tenían verdadero sentido para mí.

Me tropecé con un montón de piedras que le sacaban el gusto a disfrute a lo que hacía y cometí el error de darles poder.

Quise pertenecer y me convertí parcialmente en alguien que no era, cuestionando hasta mis bases.

Y cuando esas bases temblaron, fui mi propio terremoto y me quebré.

Entré en la rosca de pensarlo todo y todo el tiempo, de recuperar temores antiguos y enterrados, como si con ellos fuera a recuperar el tiempo perdido.

Saqué mil conclusiones, lo analicé todo, me busqué y busqué sanación, goce y abundancia por todas partes, allá afuera, cuando nada parecía brillar por dentro.

Tomé malas decisiones, erradiqué yuyos que eran nutritivos, y los vomité intentando devolverles la vida, para enmendar al menos algún error.

Todo me dijo que tenía que PARAR.

Ir más despacio, dar pequeños pasos.

Comencé a aprender diseño humano y supe que lo tenía que digerir lentamente, que si iba a incorporar algo no podía ser a los mordiscones como antes, que tenía que hacerlo carne y experiencia primero.

Y en las ansias de recuperar mi naturaleza, no supe cómo hacerlo si no era de manera radical e intempestiva.

Me dí cuenta, luego de tocar otra profundidad, mucho más densa que las anteriores, que estaba usando máscaras que no son yo, que en lugar de complementarme me asfixiaban. Me dolía más sostenerlas que arrancarlas.

Me cuestioné la estructura de mi realidad pero me fui de mambo y me cuestioné hasta mi vida.

Y cuando abrí los ojos, tenía ganas de vomitar, desintoxicarme, de vaciarme de todo lo que pretendí ser y de lo que mi mente cree que debo ser. No quiero ser más yo.

Así que me estoy vaciando. Estoy volviendo a sentir, porque de tanta mente había apagado, yo sola, mi fuego.

La serpiente se desenroscó y es hora de que pierda el miedo de mirarse a sí misma y reconocerse hecha de magia, abundancia y poder. Ser canal, qué complejo ha sido hacerme cargo.

La verdadera libertad es aceptar.

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Sol en Géminis

El 20 a las 22:22 hs el Sol ingresó a Géminis y su regente, Mercurio, se unió a él el 21, marcando así la mitad de su período de retrogradación.
Lo que podamos ir reevaluando hasta el 3 de junio tendrá mucha más claridad que la primera parte de esta retrogradación.

Hacernos preguntas desestabiliza. Genera caos y más si la pregunta es incómoda. Pero es necesario cuestionarnos para poder salir de moldes preestablecidos y crecer. Quien no se atreve a cuestionarse, a preguntarse, a dudar de sí para realinearse, se estanca.

Preguntarnos cosas desde la humildad, nos permite salir de una posición inmadura para abrir la puerta hacia la adultez emocional, vincular, laboral. Nada que nos podamos preguntar nos dará la razón, porque la idea de la pregunta es la de romper con la rigidez interna, con los mandatos, con creencias, e incluso con la aparencia de seguridad que nos hace repetir experiencias una y otra vez.

¿En qué área repetís experiencias y culpás a un agente externo de vivir “siempre lo mismo”?

Las preguntas simples que puedas hacerte sobre eso, deshabilitarán el juicio que hagas hacia ese agente externo, porque te harán tomar responsabilidad. Y qué incómodo es, en general, tomar responsabilidad. Lógicamente excluímos en esto los ámbitos de violencia o donde no hay privilegios que permitan tomar responsabilidad, eso está claro.

No tomar responsabilidad significa que, si tenés la suerte de elegir, elegís siempre lo mismo porque es lo cómodo, lo conocido. Para salir de allí se necesitan privilegios, terapia, procesos, humildad, desarmarse para reencontrarse, abrazar la propia sombra, deconstruir al ego.

La pregunta habilita a la experiencia porque no siempre necesita ser respondida desde la mente, o con otra persona. Es entregarte a lo que sea que pueda llegar a tu vida luego de abrir el portal de tus preguntas más profundas, más íntimas, más complejas, en pos de vivir más simple.

Nos hacemos preguntas porque somos seres complejos, y necesitamos recordar que la vida es mucho más simple de lo que pensamos.
Nos hacemos preguntas para apoyar a que nuestro ego se siga sintiendo poderoso, teniendo la razón, cuando en realidad necesitamos que deje de tener el control.
Nos hacemos preguntas porque precisamos un norte, una guía, saber hacia dónde ir para no equivocarnos, para evitar el error. Y desde el error se aprende tanto que, si le dejáramos de temer, viviríamos mucho más relajados.

Hacernos preguntas no significa volvernos locas preguntándonos todo.
Significa atrevernos a hacernos las preguntas correctas y a dejarlas sin responder.
Significa aprender de la espera, dejar que la vida traiga la respuesta en forma de experiencia.
Y soltar el control de querer definir el cómo, cuándo y dónde de esa experiencia.

Se necesitan mucha humildad y valor para preguntarse cosas de verdad.
Y mucha más para reconocer que, aunque nos lo preguntemos todo, la verdad es que no sabemos nada.

La temporada de eclipses terminará el 30 de mayo con la Luna nueva en el grado 9°03′ de Géminis. Todas las preguntas que te hagas en este período tendrán ecos de aquí a seis meses, en la próxima temporada de eclipses.

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Vocación & Propósito

Todos nacemos con un propósito que va más allá de la vocación y el trabajo, es lo que los japoneses llaman ikigai. Tu ikigai es tu manera de encontrarle sentido a la vida y de hacer lo que sea que hagas (más allá de lo laboral) por placer, con alegría y disfrute.
También -creo- el propósito de todo lo que creamos y experimentamos en la vida es evolutivo, es de crecimiento espiritual a través de todos los tiempos y espacios que habitemos, pero acá me pongo muy esotérica. 😅

El ikigai no es laboral, pero dentro de él podemos encontrar a nuestra vocación, que es parte de ese gran propósito que es nuestra existencia. Y tu vocación te permite ganar ingresos y vivir en la Tierra sintiendo que tenés una vida con sentido y ya no funcionando en automático para sobrevivir en lugar de gozar y honrar tu existencia entera.

No se trata de responder al mandato social de “tener que tener” una vocación profesional para ser funcional a la idea del obrero del capitalismo, sino de encontrar realmente lo que te llena el alma para poder VIVIR GOZANDO tu existencia en esta Tierra, en lugar de sobrevivir en automático. Porque, sí, plata para vivir precisamos todos y mejor hacerla disfrutando.

Hacer lo que amás no tiene que ser un trabajo. Pero cualquiera sea el trabajo que hagas, es hermoso que sea algo que ames. Porque sino la vida pierde sentido, respondemos y actuamos en automático bajando la cabeza ante lo injusto, temiendo todo el tiempo a la carencia, al cambio, a los desafíos. Pero ojo, hacer lo que amás no es garantía de llenarte de guita (ojalá así fuera) porque emprender, descubrir tu camino, tu medicina, requiere un plan definido.

Y para todo eso creé este proceso de sesiones llamado Vocación & Propósito: para ayudarte a descubrir tu vocación, lo que le da sentido a tu vida (tu ikigai) y para poder crear un emprendimiento que llene de belleza, armonía y abundancia tu mundo. El proceso consta de once sesiones pero no las llevamos a cabo solas: nos guía también con su sabiduría mi socia Eve @semillaemprendedora

¿Estás lista para ese cambio que necesitás?

Encontrás toda la info aquí.

¡Esperamos ser parte de tu camino!

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Sol conjunción Urano en Tauro

Te despertás angustiada, harta, con cero motivación para lo que tenés que hacer en el día.
No estás sintiendo la conexión ni siquiera con las excusas de siempre.
Te bajonea pensar en crear ingresos de la misma manera en la que lo venís haciendo, pero más te hunde la idea de no saber qué hacer.
Estuviste demasiado tiempo perdida como para no tener ganas de disipar la neblina de un sopapo.

Capaz es que llegó la hora de encarar el cambio, de dar el primer paso, de moverte fuera de la seguridad para crear nuevas realidades, para darte más tiempo para el placer, el disfrute.
Estar vivos no puede ser tener que sobrevivir todo el tiempo.
El sistema nos consume, somos presas de nuestros miedos y creencias, de nuestras inseguridades, incluso de nuestras tristezas.
No puedo sostener más lo que no me motiva.
Lo que me hunde, me estanca, me destruye.
Lo que aparentemente me da algo pero me quita todo, hasta el aire, las ganas de confiar en que hay luz al final del túnel.

Seguir el llamado interno es atravesar la incertidumbre, es arriesgarse a lo desconocido y probar nuevos sabores de la vida que antes ni pensábamos que podíamos o íbamos a querer probar.

¿Qué pasa con el miedo al cambio?
Mejor que se vaya porque es hora de cargar la batería por completo.

El #Sol se unió anoche a #Urano y el hambre de mutación es más grande que la zona cómoda.

Tal vez sea hora de despertar a la medicina interior, seguir un camino propio, romper reglas, miedos, creencias y mandatos limitantes.
Tal vez la sanadora interior quiere tomar el mando.
Tal vez tu ser creativo te pide que lo escuches.
Tal vez tu magia necesita salir porque el mundo está precisando de ella.
La idea de vender tu magia no es algo que molesta: le estarías haciendo un favor al mundo dándole eso que sólo vos podrías darle.
Entonces tal vez sea hora de ser caradura, de animarte a lanzarte a ese camino que vislumbrás en el horizonte, de dejar de estar sometida a tus miedos.
Porque…

¿Cuántos miedos más te van a frenar de vivir disfrutando la única vida que tenés?

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Sanar es cambiar de perspectiva

Al cambiar de punto de vista, interpretamos de otra manera aquello que nos sucedió.

Tenemos heridas por nuestra manera de sentir y, porque tenemos sentimientos tan fuertes, les tememos tanto que terminamos presas de ellos.

Los sentimientos y emociones reprimidas se enredan tanto que pueden bloquear el flujo energético dentro nuestro. Necesitamos desenredar la madeja de vez en cuando, y volver a tejer un patrón sensato en lugar de seguir bloqueando el flujo, sólo porque le tenemos miedo a SENTIR.

Si todos supiéramos el poder que radica en algo tan hermoso como nuestra capacidad de sentir, dejaríamos de temerle tanto a todo tipo de emoción, sensación y sentimiento.

Si interpretamos todo lo que creemos que nos sucedió desde otro punto de vista, podemos desenredarla: que una relación se terminara no fue algo que “te sucedió”, sino algo que creaste porque necesitabas de esa separación para tener una nueva oportunidad de amar o de crecer.

O creés que viviste una separación cuando en realidad la vida te muestra que no era la persona con quien crear de allí en adelante. Visto desde otro lugar, te uniste a alguien que te enseñó cosas pero por tiempo “limitado” porque se atrajeron como espejos, pero como no viste que era hora de partir en determinado momento, se creó la separación para que puedas avanzar en lugar de estancarte a su lado. No porque el otro sea una persona estancada, sino que porque juntos ya habían llegado a integrar los aprendizajes necesarios. ¿Lo ves ahora?

El dolor no se genera por lo que pasa afuera, sino por la resistencia a entender que lo creamos para evolucionar (porque creemos que solamente con el dolor se aprende, por ejemplo) y por desear que las cosas sean siempre como deseamos.

Nos duele no aceptar los ciclos de la vida porque no se corresponden con lo que queremos, nos duele soltar el control y nos duele aún más tener la pretensión de tenerlo.

Al dolor tampoco lo genera un otro, muchas veces es un patrón repetido de fidelidad al clan o incluso a uno mismo.

¿Cómo vas a mirar a tu pasado hoy? Tal vez sea hora de mirarlo a lo lejos y de dejar de traerlo siempre al presente, repitiéndolo. Tal vez es momento de cambiar la perspectiva.