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Volver a mí

Me equivoqué.

Estuve mucho tiempo persiguiendo cosas que no tenían verdadero sentido para mí.

Me tropecé con un montón de piedras que le sacaban el gusto a disfrute a lo que hacía y cometí el error de darles poder.

Quise pertenecer y me convertí parcialmente en alguien que no era, cuestionando hasta mis bases.

Y cuando esas bases temblaron, fui mi propio terremoto y me quebré.

Entré en la rosca de pensarlo todo y todo el tiempo, de recuperar temores antiguos y enterrados, como si con ellos fuera a recuperar el tiempo perdido.

Saqué mil conclusiones, lo analicé todo, me busqué y busqué sanación, goce y abundancia por todas partes, allá afuera, cuando nada parecía brillar por dentro.

Tomé malas decisiones, erradiqué yuyos que eran nutritivos, y los vomité intentando devolverles la vida, para enmendar al menos algún error.

Todo me dijo que tenía que PARAR.

Ir más despacio, dar pequeños pasos.

Comencé a aprender diseño humano y supe que lo tenía que digerir lentamente, que si iba a incorporar algo no podía ser a los mordiscones como antes, que tenía que hacerlo carne y experiencia primero.

Y en las ansias de recuperar mi naturaleza, no supe cómo hacerlo si no era de manera radical e intempestiva.

Me dí cuenta, luego de tocar otra profundidad, mucho más densa que las anteriores, que estaba usando máscaras que no son yo, que en lugar de complementarme me asfixiaban. Me dolía más sostenerlas que arrancarlas.

Me cuestioné la estructura de mi realidad pero me fui de mambo y me cuestioné hasta mi vida.

Y cuando abrí los ojos, tenía ganas de vomitar, desintoxicarme, de vaciarme de todo lo que pretendí ser y de lo que mi mente cree que debo ser. No quiero ser más yo.

Así que me estoy vaciando. Estoy volviendo a sentir, porque de tanta mente había apagado, yo sola, mi fuego.

La serpiente se desenroscó y es hora de que pierda el miedo de mirarse a sí misma y reconocerse hecha de magia, abundancia y poder. Ser canal, qué complejo ha sido hacerme cargo.

La verdadera libertad es aceptar.

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Vocación

Podemos entender que la palabra vocación define a algo así como a un llamado de la voz interior, un llamado divino. Algo que no se ejecuta, sino que se sigue. Es esa voz interior que está directamente relacionada con el llamado eclesiástico. Entonces seguir tu vocación sería algo así como renunciar a todo menos a Dios.

Si lo miramos desde un punto de vista metafísico, tiene sentido seguir a la propia divinidad porque un poco la vida se trata (creo yo) de expresar la propia esencia y divinidad en la Tierra. Un proceso que va mucho más allá de la mera profesión o trabajo que ejerzamos, porque necesita de mucho autoconocimiento previo.

Claro que es un concepto que el capitalismo ama, porque si tenés una vocación y la convertís en tu profesión, listo, quedás encarrilada en eso y sirviendo a ese “propósito” el resto de tu vida.

Pero pregunto…

¿Podemos seguir el mismo camino toda la vida como si fuera algo fijo e inmutable? ¿Es la vocación el camino entero o es una meta que creemos que nos hará felices cuando la encontremos? ¿Es definitiva o tenemos muchas vocaciones en una vida? ¿Podemos renunciar para siempre a la materia que es la que en esta dimensión nos enseña a habitar el mundo? ¿Podemos “iluminarnos” igual?

Encontrar tu vocación no es garantía de felicidad: porque no es algo único, fijo.
La vocación muta, se transforma, muere y renace en formas, a veces, completamente diferentes entre sí. No es algo que encontrás y te resuelve la vida, te hace feliz y te llena de dinero.
Es, como todo, un proceso.

Si es un llamado, entonces que el camino, la búsqueda para responder ese llamado, sea la vocación misma. Que no te de ansiedad recorrer, sino que puedas detenerte, disfrutarlo, entender que ese camino ya es tu propósito porque éste es todo lo que hacés en tu vida para evolucionar.

La vocación y el propósito no son algo que encontrás y te salva. Son el desarrollo de todos tus procesos, los caminos que atravesás en tu vida y la expresión de tus dones, talentos, sabiduría.
No pueden ser nunca conceptos que aprisionen y te encierren en un rol para siempre: son conceptos mutables, en continuo movimiento.
Y por eso deben ser libres.
Como la vida misma.

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Sanar es cambiar de perspectiva

Al cambiar de punto de vista, interpretamos de otra manera aquello que nos sucedió.

Tenemos heridas por nuestra manera de sentir y, porque tenemos sentimientos tan fuertes, les tememos tanto que terminamos presas de ellos.

Los sentimientos y emociones reprimidas se enredan tanto que pueden bloquear el flujo energético dentro nuestro. Necesitamos desenredar la madeja de vez en cuando, y volver a tejer un patrón sensato en lugar de seguir bloqueando el flujo, sólo porque le tenemos miedo a SENTIR.

Si todos supiéramos el poder que radica en algo tan hermoso como nuestra capacidad de sentir, dejaríamos de temerle tanto a todo tipo de emoción, sensación y sentimiento.

Si interpretamos todo lo que creemos que nos sucedió desde otro punto de vista, podemos desenredarla: que una relación se terminara no fue algo que “te sucedió”, sino algo que creaste porque necesitabas de esa separación para tener una nueva oportunidad de amar o de crecer.

O creés que viviste una separación cuando en realidad la vida te muestra que no era la persona con quien crear de allí en adelante. Visto desde otro lugar, te uniste a alguien que te enseñó cosas pero por tiempo “limitado” porque se atrajeron como espejos, pero como no viste que era hora de partir en determinado momento, se creó la separación para que puedas avanzar en lugar de estancarte a su lado. No porque el otro sea una persona estancada, sino que porque juntos ya habían llegado a integrar los aprendizajes necesarios. ¿Lo ves ahora?

El dolor no se genera por lo que pasa afuera, sino por la resistencia a entender que lo creamos para evolucionar (porque creemos que solamente con el dolor se aprende, por ejemplo) y por desear que las cosas sean siempre como deseamos.

Nos duele no aceptar los ciclos de la vida porque no se corresponden con lo que queremos, nos duele soltar el control y nos duele aún más tener la pretensión de tenerlo.

Al dolor tampoco lo genera un otro, muchas veces es un patrón repetido de fidelidad al clan o incluso a uno mismo.

¿Cómo vas a mirar a tu pasado hoy? Tal vez sea hora de mirarlo a lo lejos y de dejar de traerlo siempre al presente, repitiéndolo. Tal vez es momento de cambiar la perspectiva.

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Último eclipse en Sagitario

La aceptación libera.
Elimina resistencias, energía estancada, sostenida a la fuerza por el miedo de ceder el control a lo desconocido o no deseado.
Aceptar nos hace la vida más simple y nos ayuda a estar presentes.

En temporadas de eclipses el ego vive lecciones para aprender a silenciarse y ubicarse en su lugar de compañero, no de jefe de nuestra vida. Toma las riendas el alma, la esencia, el Yo Soy, esa energía primigenia de cada uno, el centro de la carta natal.

Se dice que tiene una naturaleza algo violenta, porque cuando no entendemos las lecciones que repetimos una y otra vez, nos sacude de golpe para que sí lo hagamos. Y eso duele, nos conecta con lo reprimido, nos hace VER lo oculto. Nos victimizamos, preguntamos “¿por qué a mí?”, y nos frustramos por no poder salirnos con la nuestra o por estar viviendo algo complejo cuando evitándolo veníamos re bien. Nos fuerza a cerrar etapas, finalizar experiencias y contratos, soltar el control.

Todo el tiempo vivimos ciclos dentro de ciclos que nos hacen vivenciar constantes “dejar ir”, porque de otro modo, aferrándonos a todo, no habría espacio para la expansión, las nuevas experiencias, la creación y gestación de nuevas formas de vida, creencias, valores.
Se nos pide flexibilidad. Y en ella, aceptar lo que debe irse y poder honrarlo, nos alinea en coherencia con lo que verdaderamente somos.

Porque el miedo no es lo que somos, aunque a veces sea catalizador o protector.
La comodidad no es lo que somos, porque todos nuestros cuerpos son energía en movimiento.
El malestar no es lo que somos, la enfermedad tampoco.
Cuando aceptamos, honramos y agradecemos los cierres, entendemos que todo muere todo el tiempo porque otra cosa debe nacer. Y siempre es para crecer.

Al aferrarnos a cualquier cosa, desde el temor a la soledad, la carencia, lo desconocido, el dolor o a la misma felicidad, bloqueamos el flujo de la evolución. Y el humano nació para evolucionar como individuo y como especie.

Quedarnos quietos no es una opción.
Soltar las resistencias nos ayuda a vivir más livianos.
El eclipse anuncia que algo deberá mutar, transformarse o irse para que puedas seguir creciendo.
Porque nadie nació para estancarse.

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Permitirse mutar

Siento que soy una tormenta eléctrica.
El mar retirándose a punto de volver con más fuerza.
La ola que al retornar lo inunda todo.

Soy una con las flores, plantas y árboles, con el mar, los animales, la naturaleza.
Soy el alimento que me ofrece la tierra. Ese olor a ozono cuando recién comienza a llover, las gotas frías en la cara y en la hierba, los truenos que hacen temblar nuestras bases. El viento, el viento fresco que te cierra los ojos, el que despeina y divierte, el que arremolina las hojas y las hace danzar.
Soy esa energía que se recuerda cuando se rodea del resto de los reinos.

No puedo trabajar, me cuesta escribir lo que es del hemisferio izquierdo. No tengo foco para otra cosa que no sea mi vida personal. Mis ritmos, mis ciclos internos, mi casa y todo lo que la habita, me pide atención. No me cuesta dársela, pero me es incómodo no ser una adicta al trabajo, no trabajar todo el día para evadir.

Me doy cuenta que el cuerpo y el alma me piden otra forma de llevar adelante el trabajo, dejando de hacerlo racional, lógica e intelectualmente, incluso cuando enseño. No es dejar de trabajar, es transmutar la forma. Transformar.

En el encuentro con mi casa, la naturaleza y ese otro yo con quien convivo, siento que soy lo que he venido a ser, y es por eso que la energía de la tormenta me es necesaria: necesito arrasar, destruir, revolcarme en el barro para salir nueva, renacida, transparente.

Mis momentos nutricios ya no pueden seguir siendo volátiles y efímeros. Ya no pueden ser sólo momentos y la nutrición no es sólo el alimento.
Aunque sembrar previo a la Luna nueva se siente fuerte: comeré aquello que he cuidado, que he nutrido, para que me nutra a mí.

Necesito cerrar la etapa de una tal Alejandra, para que la que surge desde adentro pueda romper la armadura y salir del cascarón.

En el abrazo del romero, de las caléndulas, las rosas y el lino floreciendo, la belleza de la pasionaria y la paz de los árboles, me siento en casa.
De allí nace todo lo que luego podré dar, pero mientras tanto tengo que ocuparme de la energía que conlleva el proceso de florecer.

Mientras se ordenan mis caminos interiores, qué lindo es pasar el día culo pa’rriba entre las plantas.

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Nuestro poder personal

Ya hablé al pedo de gente que no conocía y me arrepentí cuando las conocí de verdad. Cuando comprendí que todos tenemos una historia detrás, heridas, pasado.

Ya critiqué a personas que me mostraban lo que me chocaba de mí misma.
Y eso me enseñó que siempre es más fácil ver la paja en el ojo ajeno, porque la viga en el propio suena muy dolorosa.
Ya pedí disculpas literales o meditando.
Pedir perdón nunca es para el otro, es para uno. Y aceptarse humano es la mejor autodisculpa.

Ya me cansé de analizar si lo que el otro me muestra es mi sombra o es información; a veces sencillamente su energía me invita a alejarme. Mi receta desde hace tiempo es sentir, percibir, intuir.

Ya culpé a Mercurio retro por traer personas del pasado, romper cosas o desestabilizar viajes, hasta que aprendí, reconocí y acepté que los tránsitos planetarios son sólo un eco de nuestro mundo (y ruido) interior. Ya me cansé de asustarme con los tránsitos de Plutón, y hasta de recibir mensajes temiendo por él, por Mercurio retro, por los eclipses.

¿Tanto necesitamos el control, la seguridad de que nada va a cambiar y de que no nos van a sacudir la falsa comodidad y estabilidad a la que nos aferramos, porque vivimos con miedo?

¿Cuánto más vas a vivir con miedo?
¿Cuánto más vas a buscar excusas para olvidarte del poder de creación en tu vida, y vas a seguir culpando a los planetas o a los demás?
¿Cuán cómoda, cómodo, estás en tu realidad como para no empatizar con los que no la comparten?
¿Cuánto más vas a sostener las mentiras que te decís porque ver la verdad es demasiado duro?
¿Cuánto más nos vamos a creer débiles por ser unos pocos soñadores que queremos cambiar el mundo, ante lo enorme que creemos que son los que tienen “el poder”?
¿Cuánto más vamos a evitar las preguntas hirientes, que nos terminarán liberando?

Venus en Escorpio está en trino a Plutón retro, que en unos días se vuelve directo para acompañar a la Luna nueva en Libra del 6.
Hay hartazgo pero te muestra tu poder.

¿Cuánto más aguantás?

PD: Suscriptoras de la #MembresíaAlba, desde ayer tienen un nuevo artículo esperándolas en alemodarelli.com sobre los ritmos zodiacales 🌹

PD2: Sí, necesitaba escribir todo esto 😂🌺

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Mi vida entre las plantas

🌱Mi vida entre las plantas🌺

Toda mi infancia y hasta el final de mi adolescencia viví en la casa de mis abuelos. Los mejores recuerdos que tengo eran de jugar sola, armando carpas o construcciones de ladrillos y escombros -que eran mi refugio- y siempre estaban rodeadas de plantas. El patio rebalsaba de tan lleno de macetas, lo recuerdo y me parece una locura. Pero miro a mi patio y no estoy tan lejos de eso la verdad…ahhh, lo heredado.

En el jardín, un laurel gigante. Enorme guardián de mis juegos, de la casa y sus habitantes. Un limonero, hibiscos rojos, amarillos, rosas y naranjas. Rosa china, lo conocí con ese nombre. Ruda, el remedio con el que la abuela curaba todo. Enredaderas, lantanas, violetas, taco de reina, esponjas vegetales que había plantado mamá, malvones y ortiga. Siempre había ortiga y yo siempre me pinchaba hasta que empecé a hablarle. Sé que si hago memoria, puedo recordar muchas plantas más.

El abuelo había plantado un níspero, que siguió creciendo después de que Pascual dejara este plano. Y un día mi primo lo taló. Todavía me duele, no puedo explciar cuánto.

Mis primeras compañías viviendo sola fueron un falso incienso y otras que iba robando de la casa de mi mamá, en gajitos. Y un día, al lado de la puerta de entrada, había nacido un palán palán. Recuerdo clarísimo ese día porque fue cuando una chispa interna me dijo que investigara, que fuera profundo. Que mirar crecer a las plantas entre el cemento, o resplandecer en lugares que les hacían felices, también hablaba de mí. Yo soy esa misma naturaleza, misma energía, mismo planeta. Yo también soy eso.

En Uruguay tuve que esperar a mudarme a la costa para poder tener espacio para más plantas que se irían sumando. No llevo la cuenta, pero sé que en casa somos muchas. Nos entendemos, escuchamos, ofrecemos asistencia -mutuamente, claro- y nos cuidamos, entre todas.

Lloro de sólo darme cuenta cuánto las plantas han guiado mi vida, junto con los astros pero con una presencia tanto más visible y tanto más sutil.

La naturaleza habla, susurra, y cuanto más estás en ella, más la escuchás. Para mí, eso es la magia.

Y por eso las plantas guiarán las formaciones de 2022 🌹
Yo les avisé😁

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Ser espiritual es ser humano

Podemos intentar definir qué es lo espiritual o qué es ser espiritual sin llegar a consenso alguno.
Podemos definir diez mil estereotipos.
Pero no podemos decirle a otra persona cómo ejercer su propio camino de retorno a su esencia, su conexión con su espiritualidad, ni enjuiciar cómo lo hace.
Porque sencillamente es otra persona, tiene otra historia, otras perspectivas, otras preocupaciones, otro todo.

Ayer me dejaron muchísimas respuestas en historias al respecto de lo que sienten o creen que es “ser espiritual”. Muchas coincidían en lo mismo: somos en realidad seres de energía, de espíritu, viviendo una experiencia en un cuerpo terrenal. Coincido plenamente: todos somos espirituales porque estamos vivos en esta Tierra.

Otras me respondieron sobre vivir en coherencia, en ser leal a una misma, ser consciente, abrazarse completa, ser íntegra, llevar lo espiritual a lo mundano, escucharte fuera de las presiones sociales, estar en armonía y/o conectada con vos misma, habitar la búsqueda consciente de una coherencia entre cuerpo, mente y alma, sentirse en unión con el universo y lo infinito, ser un ser político, una filosofía de vida con valores que contemplan el bien común (a mi Luna en Sagi le gusta esto) y mucho más, como:

-Ser espiritual es una falacia porque no es opción, es parte de lo que somos
-Es vivir y ya
-Ser
-Cultivar el propio mundo interior sin romperle las bolas a nadie
-Estar aquí y ahora
-Abrir la cabeza
-Presencia, atención, respirar, sentir

Me extrañó que nadie incluyera “abrazar a mi sombra para sentirme completa”, pero esa la agrego ahora entre una lista de cosas que intentamos definir con la mente-ego. Y como alguien respondió: “Cuando a la vida se la intenta explicar con el lenguaje, ya no es. Y ahí racionalizamos el espíritu”.

Ser espiritual es existir, con todo lo que eso implica.
Y en la tercera dimensión que vinimos a masterizar, el dinero es -al menos actualmente- la moneda de intercambio.

No te hace más o menos espiritual cobrar tu trabajo terapéutico, espiritual o el que sea.
No te hace mejor que otros hacerlo gratis.
No te hace juntar karma cobrarlo (alguien me comentó que esa creencia existe)

Ser espiritual es ser humano.

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Equilibrio

El Sol desde Virgo está en trino a Plutón en Capricornio y sigue en oposición a Neptuno en Piscis. Hablemos de quemar todo cuando ya fuiste amable y empática por demasiado tiempo y se abusaron de esa amabilidad.

Decidí que a partir del año que viene no voy a permitir más el pago en cuotas en efectivo de mis cursos, Travesía Astral y nuevas formaciones. Todos los pagos serán totales o en cuotas con tarjeta de crédito.

Se lo agradezco a las personas a quienes les mando mails hace rato para cobrar cuotas pendientes de formaciones que ya terminaron y que siguen sin responderme.

Un dinero que me corresponde por el trabajo, servicio y conocimientos que ofrecí, que me implicó energía y todo lo que ya sabemos detrás. Que ni siquiera tengo que explicar porqué me corresponde.

Comprendo eso de necesitar el escrache cuando sentís que no hay justicia por ninguna vía. Yo confié en esas personas, hablamos de un compromiso de pago que aceptaron, y se cagaron en el respeto. No escracho pero necesito expresarlo, sacarlo de mi sistema.

Comprendo a todo nivel el sistema capitalista y las dificultades que podemos atravesar siendo parte de él, pero no comprendo el dejar sin respuesta y ser unos mal aprendidos e irrespetuosos con el trabajo ajeno. Mismo cuando pago algo y no me lo entregan.
Estoy muy enojada porque estoy decepcionada conmigo misma.

Harta de poner límites dulce y amablemente.

También estoy harta de lo dañinos que podemos ser los seres humanos por egoísmo, por tradición, pero en general, siempre para obtener algo a cambio: honor, servicios, cosas. Muchos se jactan de ser antisistema pero eso siempre deriva en que terminan viviendo, abusando o aprovechándose de otros, para respetar sus valores tan innegociables. ¿Hasta qué punto no podés negociar con el otro? ¿Hasta qué punto no sabés respetar al resto? ¿Hasta cuándo vas a seguir aferrado a una manera de ser que sólo favorece a tu ego, siendo incapaz de empatizar con los demás?

No es necesario irse al extremo: por empatizar y comprender demasiado terminás quejándote en Instagram de gente que te falta el respeto porque, en algún momento, lo permitiste.

Se re siente esa Venus en Escorpio, eh.

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Desde que comencé a menstruar, siempre viví la llegada de la menstruación con mucho dolor. Al principio era porque tenía ovarios poliquísticos, que en la adultez se fueron gracias a la toma de anticonceptivos orales.

Pero en 2012 comencé a tener migrañas horribles. En mi cerebro estaba todo bien, pero el neurólogo me dijo que probara dejando de tomar anticonceptivos. Y así fue. Dejé de tomar (ya me daban náuseas) y nunca más volví a tener migrañas.

Para la astrología maya, mi kin tiene el sello de la Serpiente. Y la serpiente es uno de los niveles de consciencia de Escorpio, mi ascendente. Como si fuera poco, mi Nodo Norte natal se encuentra en la casa ocho. Toda esa energía me dice lo mismo de diferentes maneras: que escuche a mi cuerpo, al envase de mi Alma. Que escuche latir mi sangre, rugir mis vísceras, hablar a mis órganos. Que ser espiritual es también estar bien anclado en la Tierra.
Cada piedra en el camino de mi salud me llevó una y otra vez a re observar mi cuerpo físico y lo que ingería.

Desde ese 2012 empecé el viaje de aprender a alimentarme en base a qué me nutre y qué me intoxica. Y es mi mantra, lo uso para todo en mi vida y lo repito en las sesiones. Aprender a discernir eso me es clave.
Pero este año mi dolor menstrual creció y cada vez que me despierto, me duele la espalda. Agradezco a mi constante atención para con mi cuerpo haber investigado junto a mi nutricionista sobre la causa: una inflamación intestinal.

Los intestinos contienen uno de nuestros cerebros y lo manejan todo, al nivel que si se inflaman, “empujan” órganos y nervios que generan otros malestares. La causa principal de muchas enfermedades y dolencias, se halla en el mal estado de nuestros intestinos.

Como dice @dralejandrojunger “Para que la desintoxicación sea profunda y completa, es preciso contar con un nivel básico de salud intestinal”.

Dolores de cabeza, de útero, de espalda, intolerancias alimenticias, hasta cardiopatías, alergias y depresión, por citar solo algunos ejemplos, tienen su raíz allí, en nuestro segundo cerebro.
Y esta información me parecía necesaria comunicarla.

Libro recomendado de @vientolibreria : El método Clean para el intestino, de A. Junger.

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No necesitás validar tu esencia (ante nadie)

Siempre buscamos cosas que nos hagan sentir especiales o al menos, más especiales que alguien más. Buscamos hacer cosas que incluso nos hagan sentir así, especiales y espaciales.

Buscamos la distinción, lo único, la originalidad. Queremos ser recordados por lo especiales que somos, y por eso también cada cosa que nos recuerde que lo somos (haber nacido en un día con números iguales, o el día de un eclipse, o incluso haber vivido algo excepcional, etc) la llevamos para donde vamos, así le demostramos al resto esa cosa que nos hace resaltar.

Hasta que nos encontramos en un grupo donde todos son tan especiales como nosotros, o nos abrimos a la perspectiva de que, en el mundo, todos lo somos.
Y al ego eso no le gusta, le pega feo, le cae mal al estómago. Al fin y al cabo, eso que yo creía que me hacía única, ya lo tiene otro, para qué, si total…
Nos frustramos, sentimos que nos robaron la magia.

Bueno, esa es una de las sombras de Acuario. El buscar ser especial y diferente desde un lugar egoico -juego de sombras con Leo- y haber olvidado conocernos realmente para poder sentir eso que sí habla de nuestra unicidad: la esencia.

Cuando no conozco mi propia esencia, cualquier cosa que me diga que soy más especial que otros, me servirá para preguntarle a la astróloga qué significa haber nacido un 7/7 o en un día de eclipse, o pedirle a la tarotista que me traduzca mis sueños constantes con algún arcano.

No, no quita que en esos ejemplos o cualquier otro se esté expresando nuestra esencia: es que buscamos la validación para ella allá afuera. Con datos, con otras personas. No nos creemos de por sí ya lo suficientemente únicos como para validar nuestra vida por el simple hecho de existir. Y seguimos en la búsqueda de información para ver si aunque sea en otra vida pasada puedo validar algo que me haga diferente, que me saque de la matriz donde a todos veo grises e iguales.

¿No será que porque me estoy sintiendo gris e igual estoy en esa búsqueda?
Habrá datos que te recuerden que sos especial, pero para que lo sigas recordando mirando adentro y no buscándolos para sentir validación externa.

Sigo reflexionando sobre la ya pasada Luna llena en Acuario…
Feliz noche.

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Sos tu propósito

Tengo una variada cantidad de intereses. Muchos hobbies.
Me gusta sumergirme en el arte, hacer música como pueda, y escribir.
Me encanta investigar sobre la medicina del sonido ahora.
Siempre me obsesiono con nuevos aprendizajes y hasta no escurrir la última gota y saciarme -o saturarme- no paro.
Me gusta trabajar de lo que ahora mismo me apasiona y dejar meterse en ese trabajo todo lo demás que me gusta hacer. Es como trabajar de lo que soy, y ya.
A veces me molestan las etiquetas porque no hay una sola que resuma todo lo que hago. Me limitan pero sé que son necesarias a veces para dar forma.

Hay cosas que son para ser hobbies y tener tiempo de jugar, también.
Tengo un título profesional que comencé hace 20 años (REAL) y que ya no uso. Que quedó relegado a uso personal cuando lo necesitara.

Vivo procesos internos que acompañé con terapia y con aprendizajes para ser mi propia medicina. Eso hace que yo trabaje hoy de lo que soy. De lo que siempre he sido.

Y todo eso que fui y todo eso que soy, se mezcla y se conjuga en el camino de mi presente.
Lo personal se vuelca hacia lo laboral y allí es donde siempre busco el equilibrio.
Sé que mi coherencia es mi propósito, mi vida lo es.

Y tu vida también es tu propósito, ser quien sos, permitir todos los juegos y combinaciones posibles entre lo que te gusta de lo que has sido y lo que sos, y entre lo que no te gusta y decidiste dejar atrás, también.

Hace 20 años, dije.
Nada tiene manifestación inmediata.
Sos tu propósito, si algo como tal existe.
Afuera hay muchas cosas que te pueden guiar pero en realidad te guían hacia adentro. A convertirte en todo eso que ya sos pero que no recordás.
Tenete paciencia.
Sobretodo ante cada lienzo en blanco que comiences a pintar.