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Vibratocracia: la meritocracia espiritual

En Instagram hice la pregunta de qué era lo que más les cansaba sobre las terapias espirituales.

Muchas de las respuestas las incluí en este video donde hice hincapié al final sobre el tema más fuerte: “si vibrás alto te va a ir mejor”.
El tema de la espiritualidad es observado, lógicamente, como aquello a lo que accedemos los que tenemos privilegios, así sea por la posición socioeconómica, la educación o simplemente por tener un techo, trabajo y un celular con internet.

Sin embargo, es importante cuestionarnos si accedemos a la espiritualidad como algo meramente personal o si podemos lograr que, tomando consciencia social, ésta se despliegue más allá de nuestras narices. Es un tema tan complejo y delicado que nadie tiene una solución inmediata al respecto, pero que nos interpela y es muy interesante de debatir.

Siempre estoy abierta al intercambio desde el respeto y la educación, porque pensar diferente al otro no nos hace superiores o inferiores. De eso se trata el mundo y acá nadie viene a pelear porque, al fin y al cabo, la humildad en este caso es reconocer que hay cosas que no sabemos cómo cambiar (sea que nos corresponden o no) y que nadie tiene la única verdad. Qué aburrido sería el mundo sino.

Frases pedorras que siempre nos fumamos

“Hay que ser positivo para que las cosas cambien.” Ojo con dejarte caer, frustrar o animarte a ver lo podrido que está el mundo.

“Sanar es tu entera responsabilidad.” Sí y no, yo no puedo “sanar” si no tengo plata para pagar lo que se me recomienda.

“Si no tenés la vida que soñás, es porque no querés.” Cambiar es como sanar, un proceso que puede llevar toda la vida. Y tener la vida que soñamos requiere dinero que, probablemente quien te dice esa frase, tiene de sobra. El capitalismo permite la creación de la espiritualidad de los privilegios.

“Nadie te ama porque vos no te amás a vos misma/o.” ¿Acaso no merezco amor porque me cuesta quererme como al 90% de la población?

“Si no querés seguir siendo mediocre, hacé lo que te recomiendo/comprá mi curso o sesión.” La ivananadalización de la espiritualidad. Hegemonía a la orden.

“Si vibrás alto todo mejora.” ¿La atención que necesitan del gobierno muchas personas para salir de una situación de indigencia, también?

Lo delicado del camino espiritual

Quienes trabajamos con espiritualidad y herramientas profundas de transformación, sabemos muy bien que las leyes universales y el inconsciente manejan todo en nuestras vidas hasta que comenzamos a hacernos conscientes de nuestros procesos.

El inconsciente hace que elijamos nuestros vínculos, trabajos, manera de comportarnos, creencias, etc. Sí, lo sabemos, es tremendamente poderoso. Y sabemos también que hace que elijamos situaciones complejas en nuestra vida, sea por repetición, como prueba para aprender, etc (podemos vincularlo aquí con nuestro “contrato antes de encarnar”).

Sin embargo, una cosa es saber todo esto y otra muy diferente es que alguien llegue a tu consulta y vos la quieras hacer sentir responsable de todas las miserias que siente que vive. No, no es por ahí. El terapeuta no debe imponer nunca ni sus conocimientos ni sus creencias ante la persona que viene buscando una guía.

Otro ejemplo: una cosa es llevar al otro a concientizarse de las propias limitaciones, pero otra muy distinta es decirle que el abuso o la violencia que vivió fue su culpa. La primera ayuda a responsabilizarse de las creencias, palabras, vibración desde las que uno crea y manifiesta en su vida. La segunda, es una muestra de imposición del ego del terapeuta, de su búsqueda brusca por demostrarte que sabe, que tiene la razón. Una ayuda, la otra hiere.

Nadie que haya vivido situaciones tan dolorosas como abusos, tragedias, violencia, necesita que se lo culpe por “haber atraído” esa situación. Necesita entrar en un proceso de abrazarse a sí mismo, de perdonarse, de liberación y, si la situación amerita, de responsabilidad para dejar de echar culpas. Pero decirle que ha sido su culpa que otro lo dañe ferozmente, es como señalar a la víctima de una violación por la ropa que tenía puesta.

En lugar de reconocer que el instinto de perpetración de un delito es lo que debe ser tratado, se culpa a la persona que lo experimentó por haber sido la instigadora.

La justicia nunca llegará si el “mirá bien lo que hacés para que nadie te violente/abuse” es la norma, en lugar de “no seas una mierda de persona, ni violentes ni abuses de nadie”.

Me fui de tema pero es que hay tanta tela que cortar y tantos ejemplos, que puede ser un tema que no terminemos nunca de desovillar.

Pero, al menos, vamos paso a paso cuestionándolo y cuestionándonos.

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Que la espiritualidad no te nuble la empatía

Qué tema la espiritualidad.

Qué delicado reconocer que estamos en este camino porque tuvimos suerte, privilegios, educación, oportunidades.
Qué delicado saber que -como humanos- cada cosa que hacemos repercute en el colectivo.

Es desesperante ver todo lo que como humanidad tenemos que evolucionar, cambiar y sanar. Algunos aportan su pequeño grano de arena, uno a uno.
Otros forman parte activa de una revolución.
Otros tantos accionan directamente en y para los sectores más heridos e ignorados de la sociedad.
Hay quienes lo dan todo por causas ambientales, por los animales y por la naturaleza.

Me resulta importante que podamos darnos cuenta que al fin y al cabo, nadie tiene la respuesta sobre cómo construir un mundo mejor, porque cada cual intenta hacerlo desde su lugar. Y ningún lugar ni aporte es igual a otro, ni mejor ni peor.
Pensamos, creemos y actuamos diferente entre nosotros porque es necesario para que atendamos sectores diferentes. Para que exista la pluralidad de opciones y miradas.

Creo que reconocernos seres espirituales es importante para evolucionar personal y colectivamente, pero no es ni más ni menos importante que una acción directa en la sociedad. Es parte del todo que somos. Aunque sí me parece tan importante trabajar en la propia evolución como recordar que no todos tenemos la misma oportunidad de hacerlo. Tener empatía, solidaridad.

Yo no tengo recetas, ni sé cómo se hace, ni cómo vamos a lograrlo.
Sólo sé que el cambio siempre empieza por uno, despertando a la noción de que es energía en movimiento, de que puede evolucionar y lograr lo que desea, pero que vive en la Tierra, rodeado de otros tantos que lo necesitan de la mano.
Sé que el egoísmo, la ambición, el patriarcado y el capitalismo como se vive ahora jamás serán parte de la mejoría.

No podemos hacerlo solos ni ignorar al de al lado.
No sabemos cómo sanaremos, pero sí sabemos qué es lo que hay que romper.
Y al menos eso es un comienzo. Destruir lo que nos destruye, juntos.
Así el amor tendrá más lugar para entrar y ayudarnos a sanar.
El amor entra por la herida.

Soy parte del mundo y deseo habitarlo con amor, no destruirlo.

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No seas tan dura con vos misma

Me senté conmigo. Tuve que dejar de hacer todo lo que estaba siendo porque ya iba contando dos semanas con contracturas intensas que no se calmaban con nada.
Me senté a escucharme, a escuchar a mi cuerpo, a agradecerle los mensajes.

Entonces olí el rapé y sólo eso fue suficiente para silenciar la mente y cobrar claridad. Ni siquiera tuve que aplicarlo. Las plantas y la naturaleza son sabias, sólo nos llevan a recordar lo que ya sabemos dentro.

El primer mensaje fue el del texto de la imagen. Ese “No seas tan dura con vos misma” fue clave.

Enseguida ví cómo una bola de energía estancada estaba prendida a mi espalda: asuntos pendientes, otros ya vencidos, dolores y cosas que no resolví, otras que en general ya pertenecen a mi pasado pero que no me permitía soltar. Y empecé a respirar.

Salí al patio, hice ejercicios de la tradición andina que me enseñó la chamana adorada @patricia.bentancur.33 y apareció en mi mente un ejercicio de limpieza energética. Lo hice (la famosa limpia con huevo que hacen en México y Perú principalmente, si no me equivoco) y luego me bañé con miel. Cosa de viejas, diríamos. Pero es cuestión de creer o reventar.

Siendo tan dura conmigo (hola a mi Nodo Sur en Capricornio) nunca me dí la chance de “no responsabilizarme” de lo que me sucede. Supe que esa energía de mi espalda era exclusivamente mía, pero el resultado de la limpia con huevo es delator, denunciante.

Dicen que la envidia existe y para mí siempre fue algo muy egocéntrico creer que uno es “envidiado”. Tal vez es mi inocencia o quizás mi falta de confianza al respecto, que siempre digo ¿Y qué me pueden envidiar a mí?

La claridad empezó a responderme que pueden ser envidiadas las ganas, el ímpetu, la resiliencia, el optimismo, la fuerza interior, el conocimiento, la sabiduría, las experiencias, la vida misma, las cosas que al fin a uno más le gustan de sí pero también las que se olvida o las que no reconoce. Abrir los ojos a que hay gente competitiva, envidiosa y que para sentir que crecen en sus vidas, precisan que otros caigan, fue revelador. Que las hay, las hay. Sí, claro, Alejandra, que existe gente con malas intenciones. No seas tan naif por favor.

De verdad, no me la creo, vivo haciéndome cargo de la energía que emito y de la que atraigo. Pero ya no puedo seguir cegada. Sé muy bien quién es quién y estoy en proceso de validar mi magia, mi intuición inmensa. Ahí sí me la creo, ahí sí dejo de pensar “¿Será mi imaginación?” y valido mis visiones y sueños.

No seas tan dura con vos misma.
No tenés que hacerte cargo de lo que hacen los demás, pero sí de protegerte, poner límites, limpiar tu energía y seguir adelante cada día con mucha más fuerza que ayer. Porque ninguna persona que te mire “con malos ojos” va a poder frenarte.

Y siempre, siempre vas a seguir sanando y creciendo, más allá de todo.

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No podemos acelerar ni forzar los procesos de los demás

Cuando estamos en procesos terapéuticos o trabajamos de eso, nos es muy fácil creer que sabemos lo que sería bueno para algún ser querido que está atravesando un momento difícil.

Tener la capacidad de aprender a flexibilizarnos, de adquirir herramientas, atravesar procesos y despertar consciencia, es un gran privilegio y es natural estar agradecidos por eso.
Pero hay varias trampas del ego que nos muestran más de ese camino de crecimiento.

Una es creer que realmente sabemos lo que ayudaría a crecer a esa persona. Podemos pecar de eso con nuestros seres queridos sobretodo, pero aunque tengamos el conocimiento y las aptitudes para sugerir, nunca sabremos a ciencia cierta si eso será exactamente lo mejor. Siempre perdemos objetividad con las personas que queremos, es inevitable. Y además, está lo obvio: sólo esa persona tendrá la capacidad de elegir y decidir, además de que es quien atravesará el proceso.

La otra es desear tanto el crecimiento de ese otro, que insistimos en cosas que tal vez esa persona no está “destinada” a atravesar en ese momento de su vida, o no quiere o no es el momento de que las viva. Y ahí es cuando nos tenemos que callar y aceptar su propio proceso. Respetar.

Es doloroso, claro que lo es. Todos deseamos que nuestros seres queridos crezcan -en todo sentido-, sean sanos y felices, puedan vivir haciendo lo que aman y que tengan vínculos armónicos. Pero no depende de nosotros. A veces ellos simplemente no quieren, no están listos para eso que creemos que les hará bien, ¡o ni siquiera les hará bien en realidad!

Es difícil porque hay mucho juego de soberbia en el medio, de creernos mejores por el camino que elegimos transitar o por la sabiduría que podemos tener.
Incluso si el tema es más bien lógico -la persona por ejemplo no puede superar un dolor y necesita ayuda profesional para sanar- no la podremos llevar forzada a eso. Simplemente cada cual tiene que atravesar su propio proceso y a su tiempo.

Como terapeutas se nos enseña a ser pacientes (el gran premio) pero también se nos enseña a no meternos en los procesos ajenos, a ser guías únicamente, y en el caso de nuestros seres queridos, a aceptar que el otro no quiera o no esté listo, o lo que sea. Eso también es responsabilidad e implica conocer los límites, tanto propios como ajenos.

Incluso, aunque supiéramos a ciencia cierta qué le convendría hacer a ese ser, jamás podremos forzarlo a que lo haga. Tenemos libre albedrío de elegir cómo y hacia dónde crecer. Sólo uno puede decidir sobre sus propios procesos.

Venus se está uniendo a Saturno y cerca de perfeccionar un sextil a Quirón, mientras la Luna pasea entre Escorpio y Sagitario estos días.

Lo que sea que estés viviendo, te esté limitando o te esté ayudando a sanar -consciente o inconscientemente- es para crecer, seguro.

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¿Qué es la astrología?

La astrología es un lenguaje simbólico que habla de los ciclos del sistema solar y cómo éstos están interrelacionados con cada forma de vida en este planeta. Todo tiene carta natal y vive sus propios ciclos.

No se trata de un tema de creencias, ni de fe y ni siquiera de ciencia: es la naturaleza universal misma, en una muestra micro plasmada en el sistema solar. No estar de acuerdo con o no creer en la astrología no implica que los ciclos astrológicos puedan evitarse: los vivís igual. Es como no estar de acuerdo con las estaciones y porque no te gusta el invierno, te mudás a otro lugar del mundo para evitarlo. Pero nunca vas a poder evitar sentir frío de todos modos.

Criticar a la astrología, tacharla de pseudociencia o lo que sea, no va a eximirte de vivenciarla aunque la estés ignorando. No es ciencia porque no necesita ser comprobada científicamente: es un lenguaje simbólico que no se comprende con el hemisferio izquierdo como estamos acostumbrados a aprender cosas, académica e intelectualmente. Se interpreta desde otra dimensión, habilitando la intuición, la experiencia y la comunicación con los ritmos de la naturaleza, cósmicos.

¿Alguien puede decir que soñar es una ciencia? Es algo que todos vivimos -lo recordemos conscientemente o no- y que no podemos evitar: todos necesitamos dormir y entonces soñamos. Desde esta tercera dimensión, sumergirnos en el reino de los sueños nos lleva a la misma dimensión desde donde se interpreta la astrología: la cuarta. Es decir, ambos, desde nuestros cuerpos, se vivencian desde la cuarta dimensión de consciencia, aunque esto no implique necesariamente que los sueños o la astrología se encuentren allí. No son reinos físicos “comprobables” desde la ciencia, sino empíricamente.

La astrología es, entonces, un lenguaje simbólico que nos guía por los ciclos de la vida.

No podremos crecer y expandir consciencia sin crisis que nos permitan transformarnos.
Si resistimos al cambio, si queremos crecer pero no mutar para así sostener la imagen del yo que tenemos, el crecimiento no puede darse.

El conocimiento profundo y la evolución no se das por aprender y saber más, por incorporar cosas, sino por animarnos a atravesar las propias muertes y renacimientos.

La astrología nos lleva al intento de dejar de ser quien uno cree que es y aventurarnos así hacia las profundidades y los procesos de cambio que nos permitirán ser quienes realmente somos, aprovechando cada oportunidad de transformación.

Es empatía humana, dice Alejandro Lodi. Y eso creo que lo resume todo.

Si querés saber más, hay muchos artículos en el blog. También podés suscribirte a la Membresía Alba para profundizar o solicitar aquí tu sesión de carta natal conmigo.

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¿Está todo escrito?

Una de las creencias sobre nuestra vida como humanos, es que antes de encarnar en un cuerpo físico elegimos todo lo que será nuestra vida. Aprendizajes, vínculos, fecha de nacimiento (y carta natal), entorno que tendrá feedback de creación con esa carta natal, fecha para desencarnar, etc. Como si todo en nuestras vidas estuviera escrito. Todo.

Si tenemos libre albedrío, entonces lo que “firmamos” antes de venir es lo más importante, el QUÉ, pero podemos elegir libremente el CÓMO.

Por ejemplo, si alguien tiene que aprender sobre una enfermedad, tiene la opción de hacerlo desde alguna medicina o desde la vivencia de la enfermedad en sí. Pero esa elección va a depender de muchísimas elecciones previas. Nadie sabe de todos modos cuánto de todo eso hemos firmado en nuestro contrato, y qué es parte del libre albedrío en realidad.

El asunto es: creer que las cosas están escritas porque “así tienen que ser” nos pone en un lugar de cero responsabilidad con nuestra vida, nuestro entorno y el medio ambiente. Fue cuando me dí cuenta que me justificaba con mis creencias que decidí dudar de ellas. Yo no soy mis creencias.

Por ejemplo: hay un incendio forestal provocado por una irresposabilidad humana. ¿Tengo que creer que esos árboles y animales eligieron esa manera de irse de este plano, o mejor me hago cargo de que soy parte de una raza que se manda miles de cagadas y trato de mejorar cada día al respecto?

Siento que cuando nos justificamos porque “elegimos todo antes de nacer” nos dejamos estar, evadiendo la responsabilidad humana excusándonos en la divina.

No importa si lo elegimos antes de nacer o no, importa saber atravesar lo que vivimos y aceptar que estamos eligiendo todo el tiempo, en el aquí y en el ahora, el único tiempo posible de creación. No sabremos nunca si estaba escrito o si fue más “humano” (divino al fin y al cabo) creado en un mundo donde todo está conectado siempre para poder despertar nuestra semilla y ser parte del cambio en el mundo.

¿Qué mundo queremos dejar para las generaciones futuras? ¿Uno de creencias que nos justifican el actuar erráticamente o uno donde somos responsables de cuidarlo?

Saturno en Acuario viene fuerte, eh.

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Tu cuerpo es el reflejo de tu mente

No hablo de tu tipo de cuerpo, ni del físico. Hablo de tu salud, de tu bienestar.

Ya sabemos que como pensamos, vibramos y manifestamos. No se trata de convertirse en una fan egoica de “El Secreto” (y digo egoica porque ese libro sólo enseña a conseguir cosas materiales y para una misma, destrozando las bases metafísicas de una antiquísima ley hermética) sino de saber que cada cosa que creo de mí misma, cada miedo que dejo que tome el control, cada pensamiento con el que me enjuicio, está dándole órdenes a mis células.

Si temo por el futuro, no confío, no me siento merecedora, experimento ansiedad. Si extraño todo el tiempo el pasado, no me hallo feliz en el presente y escapo a mis recuerdos, siento nostalgia. El cuerpo expresa lo que no hago consciente, las células responden a todas nuestras órdenes.

Si estoy cansada pero sigo dale que te dale sin parar, sin darme un tiempo para recuperar energías, también lo siente el cuerpo. Lo mismo si mi alimentación es un desorden, si no hago ejercicio, si me descuido, en general.

No es porque tengamos que ser personas 100% comprometidas con su cuerpo, pero sí, para una mejor calidad de vida, debemos estar comprometidas con nuestro bienestar, con lo que nos hace sentir equilibradas y coherentes.

De nada sirve comer bien si me agredo mentalmente todo el tiempo, y viceversa. De nada sirve estar de mal humor y no darme la chance de preguntarme qué me está pasando, qué estoy sintiendo.

Tu cuerpo habla, tus células responden a todo aquello que te decís. Imaginate lo que podrías hacer con tu vitalidad y energía cambiando el discurso mental, tus creencias y el paradigma social de tener que ser perfecta para los estándares que nos inculcaron. Cambiando el foco de atención. Imaginate cómo liberaríamos la sombra colectiva si nos hiciéramos cargo, todas las personas del mundo, de nuestros propios demonios.

La prioridad siempre es una misma. Como dijo @minamistica, es una creencia patriarcal la que dice que por ocuparnos de nosotras estamos siendo egoístas, porque siempre nos hicieron creer que tenemos que estar para los demás.

Pero qué ganas de patear todo a la mierda. #acuariovibes

Este año no te conformes.

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Estamos completas como somos

Solemos no perdonarnos, criticarnos en demasía.
Vemos defectos en nosotras que nadie más ve.
No somos gentiles ni amorosas con nosotras mismas.
No nos enseñaron a aceptarnos tal cual somos, ni a vivir en libertad, pero para qué seguir buscando culpables.
Nos hicieron creer que hay vacíos que llenar, cosas que adquirir, personas que buscar para sentirnos completas.

Hemos crecido y hemos olvidado de nutrir a la niña y a la adolescente que fuimos. Solemos mirarlas -si es que lo hacemos- con dolor, con recelo y bronca, con lástima o con desdén. Poco nos hemos animado a darles (darnos) amor.

Seguimos creciendo y nos fuimos transformando, una y otra vez, dejando atrás a todas esas niñas, adolescentes, jóvenes y mujeres que fuimos. Que fuimos antes, como si se quedaran congeladas en un tiempo calendario que jamás volverá. Como si no vinieran con nosotras, clavadas en la piel y en la memoria, por más renacimientos que hayamos tenido.

Nos olvidamos que ya estamos completas, que nada nos falta, que no precisamos ni aprobación externa, ni que alguien más venga a llenarnos los vacíos, las carencias, nuestra propia falta de amor.

Nos olvidamos que ya somos todo lo que necesitamos, y que incluso somos todas esas mujeres que dejamos atrás, mientras vamos develando nuestras presentes y próximas versiones.

Nos olvidamos de darnos crédito por todo lo que hacemos bien pero somos las primeras en criticarnos cuando algo nos sale mal. Deberíamos bancarnos más, aplaudir más que nos reiniciamos, que nos animamos a intentarlo de nuevo luego de un fracaso, una herida, una pérdida, un duelo. Hemos renacido tantas veces.

Cuando nos sentimos perdidas, nos encontramos. Cuando estuvimos confundidas, atravesamos velos, sombras y portales hasta llegar a la luz de la claridad.

Nos hemos olvidado el tremendo universo que somos, la fortaleza y el poder arrollador que tenemos dentro. Somos tormenta, viento, loba que aúlla, ciclicidad, calma y volcán en erupción. Intensidad, fuego y huracán.
Lo hemos superado todo, con creces, dolor, felicidad y aprendizajes.
Lo que sea que estés viviendo, también pasará.

La vida es cíclica como nosotras, punto a favor.
Nos merecemos todo eso que ya somos.

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Dejar el pasado atrás

El pasado y el futuro son ilusiones.
No están acá, en tu presente continuo, donde vos sí estás.
Cuando estás pensando en tiempo lineal de pasado-futuro, solamente aumentás tu nostalgia o tu ansiedad. Ninguna de las dos cosas te trae calma.

La Luna Llena en Cáncer insiste con algo muy importante: no podemos vivir trayendo el pasado al presente todo el tiempo, justificándonos con él, echando culpas de lo que pasó y de lo que no pasó, etc. No podemos vivir en paz y en libertad de elección si seguimos eligiendo que el pasado sea un lugar donde queremos vivir, o que no nos permitimos liberar y olvidar.

No es sano, no nos trae equilibrio y mucho menos coherencia.

Acuario es un signo que marca sus metas a futuro, pero no puede manifestarlas con la cabeza allá: tiene que estar presente aquí y ahora. La Gran Mutación parece buscar un mejor futuro personal y colectivo creándolo desde este instante. No hay otra receta.

Cáncer, el signo de la actual Luna llena que cierra un ciclo tremendamente emocional y sacudido, es el signo del pasado del que provenimos y de cómo aún sostenemos emociones, hilos energéticos que nos atan a él, incluso cuando sabemos que nos hacen mal. El pasado es un lugar muy engañoso, la memoria lo es.

Pero no somos nuestra memoria, ni nuestro pasado, y no podremos crear un futuro sano, coherente y equilibrado si seguimos repitiendo patrones, creencias y recuerdos como en loop en nuestra mente.

El pasado, si lo dejamos, nos puede dominar desde su nostalgia, desde el “todo tiempo pasado fue mejor”.
El futuro, si lo dejamos, nos llena de ansiedad, ataques de pánico y más.

Es momento de estar presentes en el presente, agradeciendo todo lo que es nuestra vida y lo que queremos crear desde aquí.

¿De qué querés huir cuando el pasado o el futuro parecen controlar tu mente?

Cerrá los ojos, respirá profundo y agradecé tu presente. Sea el que sea, siempre tenemos la chance de hacerlo crecer.

Venus mañana termina de caer en el Nodo Sur.
Dejemos ir eso que no nos haría crecer porque, “los que mandan” nos quieren atados a ilusiones en lugar de creciendo en nuestro lugar en el mundo.

Y tu lugar en el mundo es ahí donde estás ahora mismo.

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Las formas del amor

Siento amor 💕

Nos han enseñado sobre diferentes tipos de amor y nos han impuesto límites al respecto. La Era de Acuario está inundando todo como una ola que nos hace sentir el mismo nivel de amor en un montón de relaciones diferentes y la lógica pierde poder.

“Es un período difícil para la humanidad porque tanto amor que estamos asistiendo a bajarles, puede confundirles. Pero una vez claros, sabrán que todo tipo y toda forma de amor son válidas. Que toda expresión del corazón es bienvenida y bien aceptada por los otros. Que abrir el corazón es la clave de la evolución.

Y así es, mi querida, la verdad es que los eclipses mueven montañas, pero no lo hacen sólos: el amor también lo hace y lo hará siempre.

No marees a tu cabeza con las tantas formas de amor que estás conociendo: aprende a disfrutarlas en todas sus versiones. Todas son válidas, y todas lo serán.”

En ese pequeño fragmento reciente de mis Registros Akáshicos, encontré la respuesta de lo que vengo viviendo hace años y que recién ahora puedo expresar, abrir, mostrar: que siento un inmenso y profundo amor por todas las personas que están en mi vida.
Por algo resueno con ellas y no con otras, y lo mismo te debe pasar a vos.

Cuando abrimos el corazón, reconocemos que tenemos la capacidad de sentir amor indistintamente por todo ser, por toda vida. Incluso por la tan necesaria muerte, que nos permite renacer, que hace lugar para que lo viejo se vaya y lo nuevo se siembre.

Cuando ese amor se combina con deseo, puede crear las relaciones más sanas y maravillosas que podamos experimentar. Y, sólo como recordatorio, es natural sentir deseo por más de una persona, totalmente orgánico.

La libertad de abrir el corazón es libertad de mente. La libertad de reconocerte natural quita tensiones.

Venus desde Escorpio se opone a Urano retro en Tauro. Mercurio está en sextil a Plutón en Capri. Invertí en tu deseo, en tu amor, en tu corazón.
Todo es lo mismo porque todo es amor.

Cuando nos metemos de lleno en nuestro Quirón, aparece Neptuno con todo su amor incondicional. Lamer tus heridas vale la pena.

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Renacer.

Hace unos meses me dí cuenta de que algo pasaba con mi voz, con mi manera de expresarme, con el cansancio que me genera hablar. Como si me tensionara, me autoexigiera.

Siento que hay nuevas normas. Que se nos pide a todos estar comprometidos con determinadas causas, de la misma manera que lo hace la mayoría.
Me uno a todo lo que sea romper el deber ser, la “normalidad”, las reglas capitalistas y patriarcales. Pero en unirme a las causas, me he perdido a mí misma: no puedo transmitir mi mensaje sino estoy alineada con mi esencia.

Estoy cansada de leer insultos a corrientes espirituales porque no expresan estar unidas a alguna revolución visible. Hemos dejado que repriman nuestra espiritualidad demasiado tiempo y ahora hay “revolucionarios” que pretenden seguir bloqueándola. Ser espiritual no te hace débil, ni menos cool; pero ser anti está de moda. Las revoluciones no sólo tienen que ser las que salen en los diarios ni tenemos que declarar que pertenecemos a ellas para no ser señalados.

No soy quien para decirte cómo vivir tu consciencia política y tu espiritualidad. Si quiero ser parte del cambio, hago lo que me toca. Y eso es personal: mi mensaje no es el mismo que el tuyo porque somos diferentes.

En la necesidad de pertenencia, deseando no ser criticada, me perdí. Si quiero paz, tengo que expresar lo que soy y no lo que creo que hará que me quieran. Me obligué a expresar cosas que pienso cuando era suficiente validarlas yo misma y no los demás.

Mi misión es despertar al individuo para que encuentre su propio lugar en el colectivo y desde allí haga su aporte.

Estoy acá para ayudar a despertar a los Trabajadores de la Luz, para encender la llama de las Semillas Estelares a que despierten a la misión que vinieron a ejecutar para #Gaia y para su propia evolución. Para guiar hacia la liberación personal y colectiva.

Estoy cansada de sostener una careta que no me había dado cuenta que tenía.

Elegí anclar la luz en #LaTierra a través de la sombra y de los procesos personales para que así ayuden a generar el anhelado cambio. Me he escondido por no parecer soberbia o egocéntrica al validar lo que sé. Y me cansé.

Otro renacer en 2020.

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Tu destino es la sabiduría.

“En la época de los grandes matriarcados se daba por hecho que una mujer sería conducida de manera natural al mundo subterráneo bajo la guía de los poderes de lo femenino profundo. Tal cosa se consideraba parte de su formación y el hecho de que adquiriera esta sabiduría gracias a la experiencia directa era un logro de primerísimo orden.
[…]

En los momentos más oscuros, el inconsciente femenino, es decir, el inconsciente uterino, la Naturaleza, alimenta el alma de la mujer. Las mujeres dicen que, en pleno descenso, se sienten rodeadas por la más lóbrega oscuridad, perciben el roce de la punta de un ala y experimentan una sensación de alivio. Notan que se está produciendo la alimentación interior y que un manantial de agua bendita inunda la tierra agrietada y reseca, pero ellas ignoran su procedencia.

El manantial no alivia el sufrimiento sino que más bien alimenta cuando no hay otra cosa. Es el maná del desierto. Es el agua que brota de la roca. Es el alimento llovido del cielo. Sacia el hambre para que podamos seguir adelante. Y de eso precisamente se trata, de seguir adelante. De seguir adelante hasta llegar a nuestro destino de sabiduría.”

Este párrafo de Clarisa Pinkola, del libro “Mujeres que corren con los lobos” (la señora biblia), habla sobre la alquimia interna, el proceso de conexión con nuestras profundidades de donde sacamos el poder -alimento- para seguir incluso en las más difíciles circunstancias.

La #Naturaleza es la madre de todos nuestros ciclos y es por eso que necesitamos tanto el contacto con ella: para recordar que somos resilientes, fuertes, poderosas, brujas que alimentan no sólo a su propia alma conociendo los ciclos en los que esto debe hacerse, sino que somos capaces de alimentar a alguien más, literal y metafóricamente. Para recordar que somos seres completos, que ya lo sabemos todo intuitivamente.

Nuestro instinto animal ruge, nos defiende, defiende a los que amamos y nutrimos, y nos alimenta.

Bajar a nuestras profundidades y resurgir con la fuerza para seguir es parte de nuestra sabiduría interior. Anotalo en el espejo

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Responsabilidad espiritual

Repasando el manual de la Técnica del Arca (que después de aprender Tameana se redespertó en mí, igual que los Registros Akáshicos) encontré un párrafo sobre la responsabilidad espiritual en lo social que me resultó fascinante. Patricia, una de las creadoras de la técnica, cuenta:

“Ese día me crucé con uno de ellos -un niño pidiendo dinero con un cachorrito en sus brazos-, que lloraba a metros de mi consultorio, ante la total indiferencia de los centenares de personas que pasaban frente a él (era el mediodía). Las imágenes sumadas del chico abandonado y el perrito fueron demasiado para mí y estallé en un enojo interno: “¿Dios, cómo podés permitir algo así?”, pregunté con una fuerte carga de desconsuelo y enojo.

De pronto, fue como si el tiempo se detuviese para todos menos para mí.
El mundo estaba quieto y silencioso, como una película en “pausa” y una voz clarísima pero sin palabras y llena de autoridad y amor sonó en mi cerebro.

Me dijo algo como: “El Ser Humano tiene el Don del (libre) albedrío. Por lo tanto, no estoy en condiciones de intervenir. Esa escena del niño y el perro la presencian miles de personas por semana. En algunos casos, la ignoran.

Aunque muchos se enojan, sea porque consideran al chico una víctima o un timador, el resultado es que cada uno de ellos le cargó a esa alma una intención negativa (frustración, ira, desprecio, fastidio…) pero nadie, ni siquiera uno, me pidió que la ayudara. Y basta con que uno solo me convoque o pida la asistencia de un Ángel para que su situación comience a cambiar. No sólo no pasa eso sino que ese niño llevará el lastre de todas esas intenciones, las seguirá acumulando a lo largo de su vida y las pasará a la siguiente generación. Cuando apenas es necesario que alguien dé el primer paso para cortar esa cadena”.

Esta historia responde mucho con una simpleza absoluta: no somos superiores al otro por tener tiempo y seguridad para ocuparnos de nuestra espiritualidad, por tener dinero o trabajo. Todos vibramos, somos energía y nuestras intenciones crean tanto nuestro presente como el de los que nos rodean.

Responsabilidad espiritual.

Cada cual tiene su elemento para dar, el que sea, mirando al de al lado.

Tal vez algunes donan cosas o dinero, otres hacen trabajo voluntario, otres se suman a manifestar por sus derechos, otres lo hacen desde un lugar de sostén energético y amor… pero todes aportamos al colectivo desde nuestro lugar.
Es en vano juzgar al que aporta diferente sólo porque creo que mi aporte es el válido, verdadero, el más importante o real.

La pluralidad de granos de arena de acuerdo a cómo vibramos en la complejidad de nuestros elementos personales, hace del colectivo algo único, flexible. Nadie tiene un método o una verdad certera sobre cómo ser mejores para que el mundo retome su salud integral.

Lo hacemos paso a paso, a medida que vamos creciendo y aprendiendo, recordando nuestro propósito, que es nuestro camino.

Amor por el proceso. El cambio está cerca de llegar.

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Crear tu propia verdad.

“Conformate”
“Nunca te conformes”
“Hacé algo por lo que amás”
“Las cosas llegan solas”
“Todo a su tiempo, aprendé a esperar”
“Si no actuás, nada sucede”

La cantidad de mensajes opuestos y confusos que recibimos de todos lados es abrumadora. Las redes, los medios, el cine, les amigues, la familia, el entorno, la sociedad, la cultura, etc. En todos lados alguien tiene una respuesta para lo que te está pasando, basada en su propia verdad. Lo que hace que exista una verdad por ser humano y ninguna verdad certera al final de todo. Así que sos libre de crear tu propia verdad, sintiendo tu camino.

El momento actual de desestructuración mundial que estamos viviendo, no sólo lo sentimos a nivel social sino, lógicamente, a nivel personal también. Las capas y normas que se caen en el planeta, también se caen para nosotros. Y en el proceso de desenmascararnos de todo lo que ya no somos, llegamos a un punto donde el ego pierde el control y nos sentimos completamente perdidos.

No sabemos qué queremos.
No sabemos hacia dónde ir.
No sabemos quiénes somos.

La mente intenta definir, racionalizar y estructurar lo que nos sucede, mientras le damos mil vueltas al asunto, quemándonos la cabeza en busca de una dirección que jamás encontraremos de ese modo.

Porque se trata de seguir quitando capas y de hacer que el ego se pierda mucho más que antes.

Y cuando estás ahí, como el meme de Travolta sin saber para dónde ir, es cuando tenés la mayor oportunidad de tu vida: la de rendirte ante tu Divina Presencia Yo Soy, la de recordar que sos Universo, sos la Diosa, sos todo lo que no se puede definir desde el ego, porque se siente.

¿Qué lugar en el mundo te sacude el alma? ¿Qué música te alegra el día? ¿Qué aroma llevarías siempre bajo tu nariz? ¿Qué cosas, películas, canciones, objetos o recuerdos, te nutren como un cobijo con el que tu alma se siente refugiada, en pleno confort prenatal?

Todo eso es lo que sos de verdad cuando dejás de pensar, dejás de querer definirte, de buscar explicaciones y de controlarlo todo. Pero, claro, en ese despojo se van tantas cosas a las que nos apegamos, que puede doler.

Pero seguro que lo que sigue, tu claridad, tu despertar, te lo cura todo.

Aprovechá que seguimos con eclipses en el eje Géminis-Sagitario durante todo 2021, y rompé tus viejas creencias, desaprendé para recordar-te.

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Si sana una, sanamos todas

Últimamente en las sesiones se repiten muchos factores.

De por sí, todas las sesiones que tengo en el mismo día tienen puntos en común: la Luna en la misma casa, el mismo ascendente, aspectos repetidos… Esto me sugiere cada vez más que la casualidades no existen, sino que todos estamos conectados, en red.

La gran mayoría llega buscando un gran cambio: de trabajo, para tomar una decisión al respecto de un vínculo, para atravesar una gran iniciación como la maternidad o la independencia laboral, para encontrar la pasión y el propósito transpersonal, pero muchísima gente llega para conocerse mejor porque está en medio de un proceso de despertar de consciencia.

Mi mirada astrológica incluye a la genealogía prácticamente de la mano, y ésto me hace ver otros patrones que se repiten: los secretos familiares, las cosas “de las que no se habla” pretendiendo negarlas, y los abusos.

Casi siempre termino sugiriendo alguna terapia, y derivo a psicólogas, biodescodificadoras y a mi chamana de confianza.

Con esto quiero decir que muchas veces, en el proceso de autoconocimiento y de sanación, tenemos que encontrarnos con lo que duele, lo que negamos, hurgar en la mierda, descubrir secretos escondidos bajo capas y capas de abusos, abortos, pérdidas, y otros tantos asuntos familiares.

Y definitivamente siempre llego al mismo punto:

para poder amarnos “más y mejor” -por decirlo de alguna manera- es imperioso sanar el vínculo con la niña interna y trascender a nuestra sombra.

Psicológicamente a la sombra (eso negado, reprimido, lo que no nos gusta de nosotros, hay mucho sobre la sombra en mi web) se la tiene que integrar, y a la niña interna se la tiene que maternar, aprender a nutrir como si fuéramos nuestras propias madres. Niñas, niños, niñes interiores.

En todo proceso de autoconocimiento hay dolor que atravesar y trascender, y eso conlleva responsabilidad y paciencia.

Estamos en un momento en que -más allá de los géneros- estamos despertando a la diosa, a la energía que nos ayuda a recordar nuestra esencia, lo que verdaderamente somos.

Somos una red, una gran matriz donde todos estamos interconectados. Al responsabilizarnos de nuestros propios procesos, de lo que nos toca, si sana una, sanamos todas.

Venus en Cáncer se encuentra en trino a Neptuno en Piscis: ideal para conectarse, meditar, sanar, perdonar y mimarse mucho.