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Nuevas miradas astrológicas

Tal vez sea hora de abordar nuevas miradas astrológicas.

De dejar de mirar a la luna -gran representante de lo receptivo y de la energía matriarcal- como un mecanismo de defensa infantil, desprestigiando su energía esencial opuesta a lo que el capitalismo y el patriarcado siempre han inculcado. La Luna está llena de dones, de talentos, de información ancestral y cósmica que heredaste. Y no todo lo heredado es “malo”.

Es preciso cuestionar las dignidades planetarias de la antigüedad, porque las eras han mutado, nosotros hemos mutado, y ya no necesitamos la mirada de un astrólogo que nos pueda predecir si el bufón está en contra del rey o no.

Es momento de atrevernos a dejar de creer lo que algunos pretenden enseñar sobre Plutón como un apego -exclusivamente- y animarnos a apropiarnos de su fuerza, de su poder, derrocando las sombras de abuso, manipulación y ambición de control que las instituciones que gobiernan al mundo sostienen. Dejar de temerle al concepto de la muerte, tan florecido y hermoso y poco apreciado. Si la semilla no muere, la planta no puede nacer. Si mis identificaciones no perecen, no puedo transformarme y evolucionar. Es hora de dejar de fundamentar los puntos de apego como si no tuvieran luz, y de bastardear lo yin porque le tienen miedo, porque no da plata o sencillamente no conviene. Porque eso también se ha venido haciendo desde antaño, ¿es lógico y sano seguir sosteniendo el miedo a sentir si las emociones nos liberan?

Con los tránsitos planetarios y eclipses también sostenemos predicciones, miedos y consideraciones de la antigüedad.

Ya no podemos seguir vivenciando una astrología determinista que nos quita la poca libertad que realmente poseemos, que es la de elegir dentro de determinados marcos y posibilidades sociales. Los planetas y los eclipses no hacen nada solos, indican la energía disponible para que tomes esa información que llega en forma de mensajes, palabras, códigos, símbolos, arquetipos.

El mandala de tu carta natal está dirigido por su centro, el Sí Mismo o Yo Superior, que es quien desea expresarse cuando la mente se calla. Y esto sucede a la fuerza en las temporadas de eclipses, porque sino no nos silenciamos nunca.

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¿Y si sale bien?

¿Por qué siempre lo primero que pensamos es en las opciones “malas”? ¿Tanto control creemos que podemos sostener?

¿Y si sale bien, e incluso mejor de lo que esperábamos? ¿O acaso también tenemos miedo a ser felices?

Al final la vida es mucho más simple de lo compleja que la vemos en nuestras mentes.
Y sí, merecemos que salga bien.

Aguante Júpiter en Piscis ayudándonos a rendirnos ante el Universo.

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Despertar…

Despertar ya se lee en todos lados y se está convirtiendo en una palabra sin sentido, como el “soltá”. Una pena, porque es una palabra hermosa, que significa una gran transformación, un portal. Pero bueno, así somos, convertimos todo en una moda hasta desgastarlo y quitarle el sentido.
Me quedo con lo que sigue significando para mí.
Y con las personas que sí la usan de la forma trascendental que representa.

Este meme es para recordarte que en el camino de la evolución y el crecimiento personal, está bien caerte, cometer errores, pifiarla, sentir emociones que te dicen que no sientas para vibrar alto. Y también está bien vibrar como el culito cuando no tengas fuerza ni para levantarte. Siempre con la consciencia de que todo es cíclico y de que mañana lo vas a volver a intentar, y va a salir bien. El error también enseña.

Y si no podés soltar eso que te pesa hoy, ya vas a poder cuando sea el momento. No te fuerces por lo que leés, escuchás o ves por ahí.
Todos tenemos tiempos y ciclos diferentes. Por suerte no somos maquinitas de repetición automática.
Estancarte de a ratos, sentirte perdida o creer que retrocedés, también está bien. Porque estás aprendiendo y nadie va a juzgar tu camino, sólo tu juez interno y las personas que estén al pedo, cuyo juicio habla de ellos y no de vos. Y tampoco tenés que hacerte cargo de esas críticas o juzgar lo que hagan, porque cada cual tiene su manera de aprender.

Permitite el descanso, sin él no podemos recuperar energías para seguir avanzando.

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Mi Luna natal

Según mi mecanismo lunar, voy a lo profundo como una obsesión por obtener respuestas que no están en el plano concreto. Intento comprenderlo todo, racionalizarlo todo. Leo, estudio, investigo en una eterna búsqueda, saco conclusiones para entender y en eso aprendo que cada situación trae un aprendizaje.

Cuando me hago consciente de todo esto, surge el don lunar. Y me rindo. Entrego mi libre albedrío a mi Yo Superior. Le digo que estoy dispuesta a todo en pos de la evolución planetaria, incluso a atravesar los miedos y dolores más oscuros.

Dejo de leer, de buscar, de ir al fondo de cada abismo, pregunta existencial y cuestionamiento. Me digo que nada de lo que creo es verdad y que todo al mismo tiempo, lo es. Que no sé nada y lo sé todo. Me animo a ver que quizás nunca, ni después de la muerte física, pueda responderme mis preguntas más cósmicas o existenciales. Lo más terrible para mí es no saber qué hay en los rincones más recónditos y desconocidos del multiverso en el que creo. Qué es lo que lo organiza todo, qué hay detrás del telón de esta ilusión que llamamos realidad, cuál o cuáles son las verdades que rigen el Universo. Y me digo que quizás todo lo que creo ni existe o no es así. Me desafío a la ruptura. Me silencio.

Entonces me dice -quién sabe quién- que no será necesario atravesar el dolor cuando simplemente ya renunciaste al control de evitarlo. Que por el hecho de rendirte ante la sabiduría del universo, estás siendo guiadx por el camino correcto. Siempre es el camino correcto.

La realidad tiene mil formas y tenemos miedo porque intuímos que acá no se termina la crisis, sino que estamos yendo hacia el abismo que asusta al ego porque es desconocido y aterra, como perder el control. Este proceso es para dejar un planeta mejor de lo que estaba cuando llegamos. Para poder estar bien necesitamos atravesar esto.

Mi Luna, mi esencia, no sabe mentir.
No te voy a decir que mañana va a estar todo bien. Pero sí te puedo decir que si te rendís, si soltás el control, fluís mejor con la locura que es la vida estos años. Que, al final de todo, la Luna en Sagitario sabe que siempre volvemos a salir. Aunque cueste mil procesos de transformación en el camino.

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Permitir la transformación

Venus se está alineando con las pléyades, estamos en proceso de llegar a la Luna balsámica, y para la astrología maya estamos atravesando la Luna de la Serpiente, que como dice mi profe @lunarstorm119 :

“Nos habla de un período perfecto para soltar, dejar ir, fluir y nos va a estar marcando un momento donde las cosas que estuvimos tratando de forzar se sueltan, se disuelven. Es un mes que nos trae la sensación de libertad, de que todo es posible.”
Y bajo la onda encantada de la semilla que “nos trae 13 días de energía ideal para dejar los miedos atrás”.

Creo que se nos pide mucho, pero no porque no podamos, sino porque justamente nunca habíamos vivido este tipo de transiciones. Hoy @lu.gaitan habló en sus historias sobre el Índice Cíclico Planetario de Gouchon-Barbault, que es importantísimo para comprender el nivel de profundidad de las crisis personales y mundiales que estamos atravesando.

Estamos viviendo un período complejo y es natural sentir miedo. Pero justamente por eso es el momento donde más necesitamos el amor. No porque haya que negar las sombras -en absoluto- sino porque es necesario atravesarlas con el mayor amor, paciencia, empatía y compasión (por nosotros mismos y por los demás) posibles.

Me está ayudando un montón aprender astrología maya, y los libros que dejo en la foto son mis grandes salvavidas (incluyo el que nunca te devolví, Vir). Pero también, sentir que cuando más me hundo, más me conozco.

Soltar el control. Entregar tu libre albedrío a tu Yo Soy. Confiar en algo -no en alguien- sino en algo superior que te muestra lo que está adentro tuyo. De eso hablan los eclipses en el eje Géminis-Sagitario: la divinidad no está allá afuera ni en el gurú de moda, está en tu interior aunque suene new age pedorro. Es real, nadie te conoce más que vos.

Quedarnos quietos hasta que pase el miedo, la incomodidad o el dolor nos obliga a reconocerlos, por mucho que cueste. Es complejo y es un proceso tremendo, pero al fin y al cabo, ese es el propósito de todo lo reprimido: ser visto a toda luz, para ser liberado.
Y nosotros nacimos para ser libres.

Buen fin de semana.

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Se acerca la temporada de eclipses

Todos los planetas que vayan saliendo de Tauro se encontrarán en trino con Plutón, además de estar en contacto con el cúmulo estelar de las Pléyades, un punto de ayuda cósmica para nuestra evolución, y uno de tantos posibles orígenes estelares nuestros. De esto les hablaré pronto a quienes están suscriptos a la Membresía Alba.

Mientras tanto, la Luna se prepara para estar nueva en Tauro -en una amplia conjunción con Urano- el 11 y abrir la temporada de Eclipses que tendremos el 26 y el 10 de junio.

Como siempre, con los eclipses se trata de dejar hablar al Alma, de soltar el control y las resistencias. Así que vayan limpiando el sótano 😬

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Luna junto a Plutón

No le podemos echar la culpa a la Luna, peeeero….

A veces lo que duele es resistirse a ver aquello que nos está destruyendo, aquello que nos hunde. Me siento tan pesada que me hundo sola, nadie más me está empujando hacia abajo. Estoy triste, desesperanzada, angustiada. Es la primera vez en mi vida que reconozco a consciencia sentirme deprimida. Lo que más me nutre es hacer lo que amo, aunque a veces me cueste salir de la cama para hacerlo.

No estás sola, solo, si te estás sintiendo así. Tal vez, como humilde consejo, sea bueno mirar eso que te duele a la cara, si es que te sentís lista, listo. Cuando lo vemos nos deja de hundir tanto.

A mí me está sirviendo mover el cuerpo, caminar, estirar, hacer yoga, tocar, regar y hablar con árboles y plantas, y escribir todo lo que siento. Escuchar música alegre, aunque de a ratos no sepa ni cómo reírme de manera genuina. Y prestarle atención a mi cuerpo, oler agua florida y hacerle mimos a Pipa.

Les abrazo.

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Vibratocracia: la meritocracia espiritual

En Instagram hice la pregunta de qué era lo que más les cansaba sobre las terapias espirituales.

Muchas de las respuestas las incluí en este video donde hice hincapié al final sobre el tema más fuerte: “si vibrás alto te va a ir mejor”.
El tema de la espiritualidad es observado, lógicamente, como aquello a lo que accedemos los que tenemos privilegios, así sea por la posición socioeconómica, la educación o simplemente por tener un techo, trabajo y un celular con internet.

Sin embargo, es importante cuestionarnos si accedemos a la espiritualidad como algo meramente personal o si podemos lograr que, tomando consciencia social, ésta se despliegue más allá de nuestras narices. Es un tema tan complejo y delicado que nadie tiene una solución inmediata al respecto, pero que nos interpela y es muy interesante de debatir.

Siempre estoy abierta al intercambio desde el respeto y la educación, porque pensar diferente al otro no nos hace superiores o inferiores. De eso se trata el mundo y acá nadie viene a pelear porque, al fin y al cabo, la humildad en este caso es reconocer que hay cosas que no sabemos cómo cambiar (sea que nos corresponden o no) y que nadie tiene la única verdad. Qué aburrido sería el mundo sino.

Frases pedorras que siempre nos fumamos

“Hay que ser positivo para que las cosas cambien.” Ojo con dejarte caer, frustrar o animarte a ver lo podrido que está el mundo.

“Sanar es tu entera responsabilidad.” Sí y no, yo no puedo “sanar” si no tengo plata para pagar lo que se me recomienda.

“Si no tenés la vida que soñás, es porque no querés.” Cambiar es como sanar, un proceso que puede llevar toda la vida. Y tener la vida que soñamos requiere dinero que, probablemente quien te dice esa frase, tiene de sobra. El capitalismo permite la creación de la espiritualidad de los privilegios.

“Nadie te ama porque vos no te amás a vos misma/o.” ¿Acaso no merezco amor porque me cuesta quererme como al 90% de la población?

“Si no querés seguir siendo mediocre, hacé lo que te recomiendo/comprá mi curso o sesión.” La ivananadalización de la espiritualidad. Hegemonía a la orden.

“Si vibrás alto todo mejora.” ¿La atención que necesitan del gobierno muchas personas para salir de una situación de indigencia, también?

Lo delicado del camino espiritual

Quienes trabajamos con espiritualidad y herramientas profundas de transformación, sabemos muy bien que las leyes universales y el inconsciente manejan todo en nuestras vidas hasta que comenzamos a hacernos conscientes de nuestros procesos.

El inconsciente hace que elijamos nuestros vínculos, trabajos, manera de comportarnos, creencias, etc. Sí, lo sabemos, es tremendamente poderoso. Y sabemos también que hace que elijamos situaciones complejas en nuestra vida, sea por repetición, como prueba para aprender, etc (podemos vincularlo aquí con nuestro “contrato antes de encarnar”).

Sin embargo, una cosa es saber todo esto y otra muy diferente es que alguien llegue a tu consulta y vos la quieras hacer sentir responsable de todas las miserias que siente que vive. No, no es por ahí. El terapeuta no debe imponer nunca ni sus conocimientos ni sus creencias ante la persona que viene buscando una guía.

Otro ejemplo: una cosa es llevar al otro a concientizarse de las propias limitaciones, pero otra muy distinta es decirle que el abuso o la violencia que vivió fue su culpa. La primera ayuda a responsabilizarse de las creencias, palabras, vibración desde las que uno crea y manifiesta en su vida. La segunda, es una muestra de imposición del ego del terapeuta, de su búsqueda brusca por demostrarte que sabe, que tiene la razón. Una ayuda, la otra hiere.

Nadie que haya vivido situaciones tan dolorosas como abusos, tragedias, violencia, necesita que se lo culpe por “haber atraído” esa situación. Necesita entrar en un proceso de abrazarse a sí mismo, de perdonarse, de liberación y, si la situación amerita, de responsabilidad para dejar de echar culpas. Pero decirle que ha sido su culpa que otro lo dañe ferozmente, es como señalar a la víctima de una violación por la ropa que tenía puesta.

En lugar de reconocer que el instinto de perpetración de un delito es lo que debe ser tratado, se culpa a la persona que lo experimentó por haber sido la instigadora.

La justicia nunca llegará si el “mirá bien lo que hacés para que nadie te violente/abuse” es la norma, en lugar de “no seas una mierda de persona, ni violentes ni abuses de nadie”.

Me fui de tema pero es que hay tanta tela que cortar y tantos ejemplos, que puede ser un tema que no terminemos nunca de desovillar.

Pero, al menos, vamos paso a paso cuestionándolo y cuestionándonos.

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Que la espiritualidad no te nuble la empatía

Qué tema la espiritualidad.

Qué delicado reconocer que estamos en este camino porque tuvimos suerte, privilegios, educación, oportunidades.
Qué delicado saber que -como humanos- cada cosa que hacemos repercute en el colectivo.

Es desesperante ver todo lo que como humanidad tenemos que evolucionar, cambiar y sanar. Algunos aportan su pequeño grano de arena, uno a uno.
Otros forman parte activa de una revolución.
Otros tantos accionan directamente en y para los sectores más heridos e ignorados de la sociedad.
Hay quienes lo dan todo por causas ambientales, por los animales y por la naturaleza.

Me resulta importante que podamos darnos cuenta que al fin y al cabo, nadie tiene la respuesta sobre cómo construir un mundo mejor, porque cada cual intenta hacerlo desde su lugar. Y ningún lugar ni aporte es igual a otro, ni mejor ni peor.
Pensamos, creemos y actuamos diferente entre nosotros porque es necesario para que atendamos sectores diferentes. Para que exista la pluralidad de opciones y miradas.

Creo que reconocernos seres espirituales es importante para evolucionar personal y colectivamente, pero no es ni más ni menos importante que una acción directa en la sociedad. Es parte del todo que somos. Aunque sí me parece tan importante trabajar en la propia evolución como recordar que no todos tenemos la misma oportunidad de hacerlo. Tener empatía, solidaridad.

Yo no tengo recetas, ni sé cómo se hace, ni cómo vamos a lograrlo.
Sólo sé que el cambio siempre empieza por uno, despertando a la noción de que es energía en movimiento, de que puede evolucionar y lograr lo que desea, pero que vive en la Tierra, rodeado de otros tantos que lo necesitan de la mano.
Sé que el egoísmo, la ambición, el patriarcado y el capitalismo como se vive ahora jamás serán parte de la mejoría.

No podemos hacerlo solos ni ignorar al de al lado.
No sabemos cómo sanaremos, pero sí sabemos qué es lo que hay que romper.
Y al menos eso es un comienzo. Destruir lo que nos destruye, juntos.
Así el amor tendrá más lugar para entrar y ayudarnos a sanar.
El amor entra por la herida.

Soy parte del mundo y deseo habitarlo con amor, no destruirlo.

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No seas tan dura con vos misma

Me senté conmigo. Tuve que dejar de hacer todo lo que estaba siendo porque ya iba contando dos semanas con contracturas intensas que no se calmaban con nada.
Me senté a escucharme, a escuchar a mi cuerpo, a agradecerle los mensajes.

Entonces olí el rapé y sólo eso fue suficiente para silenciar la mente y cobrar claridad. Ni siquiera tuve que aplicarlo. Las plantas y la naturaleza son sabias, sólo nos llevan a recordar lo que ya sabemos dentro.

El primer mensaje fue el del texto de la imagen. Ese “No seas tan dura con vos misma” fue clave.

Enseguida ví cómo una bola de energía estancada estaba prendida a mi espalda: asuntos pendientes, otros ya vencidos, dolores y cosas que no resolví, otras que en general ya pertenecen a mi pasado pero que no me permitía soltar. Y empecé a respirar.

Salí al patio, hice ejercicios de la tradición andina que me enseñó la chamana adorada @patricia.bentancur.33 y apareció en mi mente un ejercicio de limpieza energética. Lo hice (la famosa limpia con huevo que hacen en México y Perú principalmente, si no me equivoco) y luego me bañé con miel. Cosa de viejas, diríamos. Pero es cuestión de creer o reventar.

Siendo tan dura conmigo (hola a mi Nodo Sur en Capricornio) nunca me dí la chance de “no responsabilizarme” de lo que me sucede. Supe que esa energía de mi espalda era exclusivamente mía, pero el resultado de la limpia con huevo es delator, denunciante.

Dicen que la envidia existe y para mí siempre fue algo muy egocéntrico creer que uno es “envidiado”. Tal vez es mi inocencia o quizás mi falta de confianza al respecto, que siempre digo ¿Y qué me pueden envidiar a mí?

La claridad empezó a responderme que pueden ser envidiadas las ganas, el ímpetu, la resiliencia, el optimismo, la fuerza interior, el conocimiento, la sabiduría, las experiencias, la vida misma, las cosas que al fin a uno más le gustan de sí pero también las que se olvida o las que no reconoce. Abrir los ojos a que hay gente competitiva, envidiosa y que para sentir que crecen en sus vidas, precisan que otros caigan, fue revelador. Que las hay, las hay. Sí, claro, Alejandra, que existe gente con malas intenciones. No seas tan naif por favor.

De verdad, no me la creo, vivo haciéndome cargo de la energía que emito y de la que atraigo. Pero ya no puedo seguir cegada. Sé muy bien quién es quién y estoy en proceso de validar mi magia, mi intuición inmensa. Ahí sí me la creo, ahí sí dejo de pensar “¿Será mi imaginación?” y valido mis visiones y sueños.

No seas tan dura con vos misma.
No tenés que hacerte cargo de lo que hacen los demás, pero sí de protegerte, poner límites, limpiar tu energía y seguir adelante cada día con mucha más fuerza que ayer. Porque ninguna persona que te mire “con malos ojos” va a poder frenarte.

Y siempre, siempre vas a seguir sanando y creciendo, más allá de todo.

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No podemos acelerar ni forzar los procesos de los demás

Cuando estamos en procesos terapéuticos o trabajamos de eso, nos es muy fácil creer que sabemos lo que sería bueno para algún ser querido que está atravesando un momento difícil.

Tener la capacidad de aprender a flexibilizarnos, de adquirir herramientas, atravesar procesos y despertar consciencia, es un gran privilegio y es natural estar agradecidos por eso.
Pero hay varias trampas del ego que nos muestran más de ese camino de crecimiento.

Una es creer que realmente sabemos lo que ayudaría a crecer a esa persona. Podemos pecar de eso con nuestros seres queridos sobretodo, pero aunque tengamos el conocimiento y las aptitudes para sugerir, nunca sabremos a ciencia cierta si eso será exactamente lo mejor. Siempre perdemos objetividad con las personas que queremos, es inevitable. Y además, está lo obvio: sólo esa persona tendrá la capacidad de elegir y decidir, además de que es quien atravesará el proceso.

La otra es desear tanto el crecimiento de ese otro, que insistimos en cosas que tal vez esa persona no está “destinada” a atravesar en ese momento de su vida, o no quiere o no es el momento de que las viva. Y ahí es cuando nos tenemos que callar y aceptar su propio proceso. Respetar.

Es doloroso, claro que lo es. Todos deseamos que nuestros seres queridos crezcan -en todo sentido-, sean sanos y felices, puedan vivir haciendo lo que aman y que tengan vínculos armónicos. Pero no depende de nosotros. A veces ellos simplemente no quieren, no están listos para eso que creemos que les hará bien, ¡o ni siquiera les hará bien en realidad!

Es difícil porque hay mucho juego de soberbia en el medio, de creernos mejores por el camino que elegimos transitar o por la sabiduría que podemos tener.
Incluso si el tema es más bien lógico -la persona por ejemplo no puede superar un dolor y necesita ayuda profesional para sanar- no la podremos llevar forzada a eso. Simplemente cada cual tiene que atravesar su propio proceso y a su tiempo.

Como terapeutas se nos enseña a ser pacientes (el gran premio) pero también se nos enseña a no meternos en los procesos ajenos, a ser guías únicamente, y en el caso de nuestros seres queridos, a aceptar que el otro no quiera o no esté listo, o lo que sea. Eso también es responsabilidad e implica conocer los límites, tanto propios como ajenos.

Incluso, aunque supiéramos a ciencia cierta qué le convendría hacer a ese ser, jamás podremos forzarlo a que lo haga. Tenemos libre albedrío de elegir cómo y hacia dónde crecer. Sólo uno puede decidir sobre sus propios procesos.

Venus se está uniendo a Saturno y cerca de perfeccionar un sextil a Quirón, mientras la Luna pasea entre Escorpio y Sagitario estos días.

Lo que sea que estés viviendo, te esté limitando o te esté ayudando a sanar -consciente o inconscientemente- es para crecer, seguro.

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¿Qué es la astrología?

La astrología es un lenguaje simbólico que habla de los ciclos del sistema solar y cómo éstos están interrelacionados con cada forma de vida en este planeta. Todo tiene carta natal y vive sus propios ciclos.

No se trata de un tema de creencias, ni de fe y ni siquiera de ciencia: es la naturaleza universal misma, en una muestra micro plasmada en el sistema solar. No estar de acuerdo con o no creer en la astrología no implica que los ciclos astrológicos puedan evitarse: los vivís igual. Es como no estar de acuerdo con las estaciones y porque no te gusta el invierno, te mudás a otro lugar del mundo para evitarlo. Pero nunca vas a poder evitar sentir frío de todos modos.

Criticar a la astrología, tacharla de pseudociencia o lo que sea, no va a eximirte de vivenciarla aunque la estés ignorando. No es ciencia porque no necesita ser comprobada científicamente: es un lenguaje simbólico que no se comprende con el hemisferio izquierdo como estamos acostumbrados a aprender cosas, académica e intelectualmente. Se interpreta desde otra dimensión, habilitando la intuición, la experiencia y la comunicación con los ritmos de la naturaleza, cósmicos.

¿Alguien puede decir que soñar es una ciencia? Es algo que todos vivimos -lo recordemos conscientemente o no- y que no podemos evitar: todos necesitamos dormir y entonces soñamos. Desde esta tercera dimensión, sumergirnos en el reino de los sueños nos lleva a la misma dimensión desde donde se interpreta la astrología: la cuarta. Es decir, ambos, desde nuestros cuerpos, se vivencian desde la cuarta dimensión de consciencia, aunque esto no implique necesariamente que los sueños o la astrología se encuentren allí. No son reinos físicos “comprobables” desde la ciencia, sino empíricamente.

La astrología es, entonces, un lenguaje simbólico que nos guía por los ciclos de la vida.

No podremos crecer y expandir consciencia sin crisis que nos permitan transformarnos.
Si resistimos al cambio, si queremos crecer pero no mutar para así sostener la imagen del yo que tenemos, el crecimiento no puede darse.

El conocimiento profundo y la evolución no se das por aprender y saber más, por incorporar cosas, sino por animarnos a atravesar las propias muertes y renacimientos.

La astrología nos lleva al intento de dejar de ser quien uno cree que es y aventurarnos así hacia las profundidades y los procesos de cambio que nos permitirán ser quienes realmente somos, aprovechando cada oportunidad de transformación.

Es empatía humana, dice Alejandro Lodi. Y eso creo que lo resume todo.

Si querés saber más, hay muchos artículos en el blog. También podés suscribirte a la Membresía Alba para profundizar o solicitar aquí tu sesión de carta natal conmigo.

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¿Está todo escrito?

Una de las creencias sobre nuestra vida como humanos, es que antes de encarnar en un cuerpo físico elegimos todo lo que será nuestra vida. Aprendizajes, vínculos, fecha de nacimiento (y carta natal), entorno que tendrá feedback de creación con esa carta natal, fecha para desencarnar, etc. Como si todo en nuestras vidas estuviera escrito. Todo.

Si tenemos libre albedrío, entonces lo que “firmamos” antes de venir es lo más importante, el QUÉ, pero podemos elegir libremente el CÓMO.

Por ejemplo, si alguien tiene que aprender sobre una enfermedad, tiene la opción de hacerlo desde alguna medicina o desde la vivencia de la enfermedad en sí. Pero esa elección va a depender de muchísimas elecciones previas. Nadie sabe de todos modos cuánto de todo eso hemos firmado en nuestro contrato, y qué es parte del libre albedrío en realidad.

El asunto es: creer que las cosas están escritas porque “así tienen que ser” nos pone en un lugar de cero responsabilidad con nuestra vida, nuestro entorno y el medio ambiente. Fue cuando me dí cuenta que me justificaba con mis creencias que decidí dudar de ellas. Yo no soy mis creencias.

Por ejemplo: hay un incendio forestal provocado por una irresposabilidad humana. ¿Tengo que creer que esos árboles y animales eligieron esa manera de irse de este plano, o mejor me hago cargo de que soy parte de una raza que se manda miles de cagadas y trato de mejorar cada día al respecto?

Siento que cuando nos justificamos porque “elegimos todo antes de nacer” nos dejamos estar, evadiendo la responsabilidad humana excusándonos en la divina.

No importa si lo elegimos antes de nacer o no, importa saber atravesar lo que vivimos y aceptar que estamos eligiendo todo el tiempo, en el aquí y en el ahora, el único tiempo posible de creación. No sabremos nunca si estaba escrito o si fue más “humano” (divino al fin y al cabo) creado en un mundo donde todo está conectado siempre para poder despertar nuestra semilla y ser parte del cambio en el mundo.

¿Qué mundo queremos dejar para las generaciones futuras? ¿Uno de creencias que nos justifican el actuar erráticamente o uno donde somos responsables de cuidarlo?

Saturno en Acuario viene fuerte, eh.

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Tu cuerpo es el reflejo de tu mente

No hablo de tu tipo de cuerpo, ni del físico. Hablo de tu salud, de tu bienestar.

Ya sabemos que como pensamos, vibramos y manifestamos. No se trata de convertirse en una fan egoica de “El Secreto” (y digo egoica porque ese libro sólo enseña a conseguir cosas materiales y para una misma, destrozando las bases metafísicas de una antiquísima ley hermética) sino de saber que cada cosa que creo de mí misma, cada miedo que dejo que tome el control, cada pensamiento con el que me enjuicio, está dándole órdenes a mis células.

Si temo por el futuro, no confío, no me siento merecedora, experimento ansiedad. Si extraño todo el tiempo el pasado, no me hallo feliz en el presente y escapo a mis recuerdos, siento nostalgia. El cuerpo expresa lo que no hago consciente, las células responden a todas nuestras órdenes.

Si estoy cansada pero sigo dale que te dale sin parar, sin darme un tiempo para recuperar energías, también lo siente el cuerpo. Lo mismo si mi alimentación es un desorden, si no hago ejercicio, si me descuido, en general.

No es porque tengamos que ser personas 100% comprometidas con su cuerpo, pero sí, para una mejor calidad de vida, debemos estar comprometidas con nuestro bienestar, con lo que nos hace sentir equilibradas y coherentes.

De nada sirve comer bien si me agredo mentalmente todo el tiempo, y viceversa. De nada sirve estar de mal humor y no darme la chance de preguntarme qué me está pasando, qué estoy sintiendo.

Tu cuerpo habla, tus células responden a todo aquello que te decís. Imaginate lo que podrías hacer con tu vitalidad y energía cambiando el discurso mental, tus creencias y el paradigma social de tener que ser perfecta para los estándares que nos inculcaron. Cambiando el foco de atención. Imaginate cómo liberaríamos la sombra colectiva si nos hiciéramos cargo, todas las personas del mundo, de nuestros propios demonios.

La prioridad siempre es una misma. Como dijo @minamistica, es una creencia patriarcal la que dice que por ocuparnos de nosotras estamos siendo egoístas, porque siempre nos hicieron creer que tenemos que estar para los demás.

Pero qué ganas de patear todo a la mierda. #acuariovibes

Este año no te conformes.

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Estamos completas como somos

Solemos no perdonarnos, criticarnos en demasía.
Vemos defectos en nosotras que nadie más ve.
No somos gentiles ni amorosas con nosotras mismas.
No nos enseñaron a aceptarnos tal cual somos, ni a vivir en libertad, pero para qué seguir buscando culpables.
Nos hicieron creer que hay vacíos que llenar, cosas que adquirir, personas que buscar para sentirnos completas.

Hemos crecido y hemos olvidado de nutrir a la niña y a la adolescente que fuimos. Solemos mirarlas -si es que lo hacemos- con dolor, con recelo y bronca, con lástima o con desdén. Poco nos hemos animado a darles (darnos) amor.

Seguimos creciendo y nos fuimos transformando, una y otra vez, dejando atrás a todas esas niñas, adolescentes, jóvenes y mujeres que fuimos. Que fuimos antes, como si se quedaran congeladas en un tiempo calendario que jamás volverá. Como si no vinieran con nosotras, clavadas en la piel y en la memoria, por más renacimientos que hayamos tenido.

Nos olvidamos que ya estamos completas, que nada nos falta, que no precisamos ni aprobación externa, ni que alguien más venga a llenarnos los vacíos, las carencias, nuestra propia falta de amor.

Nos olvidamos que ya somos todo lo que necesitamos, y que incluso somos todas esas mujeres que dejamos atrás, mientras vamos develando nuestras presentes y próximas versiones.

Nos olvidamos de darnos crédito por todo lo que hacemos bien pero somos las primeras en criticarnos cuando algo nos sale mal. Deberíamos bancarnos más, aplaudir más que nos reiniciamos, que nos animamos a intentarlo de nuevo luego de un fracaso, una herida, una pérdida, un duelo. Hemos renacido tantas veces.

Cuando nos sentimos perdidas, nos encontramos. Cuando estuvimos confundidas, atravesamos velos, sombras y portales hasta llegar a la luz de la claridad.

Nos hemos olvidado el tremendo universo que somos, la fortaleza y el poder arrollador que tenemos dentro. Somos tormenta, viento, loba que aúlla, ciclicidad, calma y volcán en erupción. Intensidad, fuego y huracán.
Lo hemos superado todo, con creces, dolor, felicidad y aprendizajes.
Lo que sea que estés viviendo, también pasará.

La vida es cíclica como nosotras, punto a favor.
Nos merecemos todo eso que ya somos.