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Síndrome de la impostora

Ayer, a raíz de unas reflexiones que compartí en historias de Instagram, me llegaron muchas respuestas y mensajes, confirmando que muchas estamos observando lo mismo: la falta de escucha, empatía y responsabilidad en personas autoproclamadas “terapeutas”, “mentores”, etc, que, o no se capacitaron para eso o no bajaron el conocimiento a la experiencia.

No vamos a juzgarles (no sabemos sus historias) ni a decir quién tiene que trabajar de qué, pero sí estamos observando el abuso y la falta de ética que lastima más de lo que ayuda.

En ese afán de ayudar y ser de servicio, muchas veces cometemos los errores de lanzarnos sin capacitarnos, sin experiencia, por dinero o por satisfacción egoica. Creemos que podemos comenzar un negocio sin invertir tiempo en practicar o en aprender lo necesario.

Sin embargo, cuando decidimos hacer las cosas desde el corazón, la escucha, la empatía y la responsabilidad aparecen como valores innegociables.

Y es aquí donde una grieta se abre, y el síndrome de la impostora aparece en las personas que están buscando compartir desde el corazón, con sabiduría, amor, responsabilidad y compromiso, uniendo capacitación y experiencia.

Hay muchísimas formas en las que se desarrolla (perfeccionismo, exigencia, no delegar, competencia excesiva, necesidad de ser experta…) pero la base de todo es la falta de autoestima, relacionada con dos factores principales:

• La idea de no merecer los propios logros o de “quién soy yo para…”

• El miedo a no ser lo suficientemente responsable y caer “en la misma bolsa” que las personas comentadas más arriba.

Es sin duda un camino arduo el de recuperar la seguridad y el amor propio, pero no es imposible.

Ante el desprestigio a tantas capacitaciones, oficios, profesiones y trabajos, quizás lo mejor sea empoderarnos desde la seguridad de saber que, en realidad, si lo hacemos con consciencia y amor por nosotros y por quien tenemos enfrente, reconoceremos muy fácilmente hasta dónde podremos ayudarle y cuándo derivarlo con otro profesional.

No tenemos que ayudar a todo el mundo, ni podemos.
“Perder” a un cliente por reconocer no poder ayudarlo es ganar en responsabilidad, ética y profesionalismo.

Este tema da para largo…

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