La culpa de ser egoísta

Hace un tiempo ya, decidí -de manera inconsciente- dejar de estar disponible.

Comencé a poner menos sesiones para poder tener más tiempo para mí.

A no responder mensajes cuando no sentía las ganas, a menos que fueran urgentes. A poner el celu en modo avión más seguido.

A tomar distancia de la necesidad de responder siempre que sí, incluso cuando no tenía ganas ni energía.

Me dí cuenta que mi tarea de servicio no se plasma únicamente en mi trabajo, sino en toda mi vida, pero que siempre la prioridad soy yo.

Dejé de sentir culpa al “patear” cosas para más adelante.

Al decir que no tenía ganas de algo. Al expresar que no puedo, que no quiero o que aún no estoy disponible.

Dejé de sentir culpa por ser egoísta. Tenemos a esa palabra muy ligada con conceptos narcisistas, cuando en realidad serlo es sano, siempre que lo hagamos en armonía.

Ser egoísta no implica hacer daño, quitarle algo a alguien porque vos lo querés o abusar de los demás -en la forma que sea-. No es querer ser el centro de atención o pasar todo por tu filtro para buscar tener siempre la razón y que se cumplan todos tus caprichos. Eso es para tratar en terapia.

Ser egoísta es seguir tu naturaleza, dejar de responder a lo que los demás te presionan para ser, hacer, decir. Dejar de habilitar que el deber ser y los miedos dirijan tu vida.

Es permitirte poner límites, decir que no, y esto puede molestarle a las personas a quienes antes les decías que sí. Porque estaban abusando de tu energía y ahora no lo pueden hacer más. No es un abuso malo, era sencillamente su costumbre, algo aparentemente natural para ellos.

Ser egoísta es cuidarte y velar por tu propio bien.

Conocí Diseño Humano y entendí que todo esto es necesario para estar alineada con mi diseño, con mi naturaleza.

No nací para decir que sí todo el tiempo.

Y creo que más allá de mi diseño, nadie nació para decir que sí constantemente.

Saturno ya está directo y venimos de un Venus Star Point en el último grado de Libra: demasiada amabilidad te puede matar.

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