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Vibratocracia: la meritocracia espiritual

En Instagram hice la pregunta de qué era lo que más les cansaba sobre las terapias espirituales.

Muchas de las respuestas las incluí en este video donde hice hincapié al final sobre el tema más fuerte: “si vibrás alto te va a ir mejor”.
El tema de la espiritualidad es observado, lógicamente, como aquello a lo que accedemos los que tenemos privilegios, así sea por la posición socioeconómica, la educación o simplemente por tener un techo, trabajo y un celular con internet.

Sin embargo, es importante cuestionarnos si accedemos a la espiritualidad como algo meramente personal o si podemos lograr que, tomando consciencia social, ésta se despliegue más allá de nuestras narices. Es un tema tan complejo y delicado que nadie tiene una solución inmediata al respecto, pero que nos interpela y es muy interesante de debatir.

Siempre estoy abierta al intercambio desde el respeto y la educación, porque pensar diferente al otro no nos hace superiores o inferiores. De eso se trata el mundo y acá nadie viene a pelear porque, al fin y al cabo, la humildad en este caso es reconocer que hay cosas que no sabemos cómo cambiar (sea que nos corresponden o no) y que nadie tiene la única verdad. Qué aburrido sería el mundo sino.

Frases pedorras que siempre nos fumamos

“Hay que ser positivo para que las cosas cambien.” Ojo con dejarte caer, frustrar o animarte a ver lo podrido que está el mundo.

“Sanar es tu entera responsabilidad.” Sí y no, yo no puedo “sanar” si no tengo plata para pagar lo que se me recomienda.

“Si no tenés la vida que soñás, es porque no querés.” Cambiar es como sanar, un proceso que puede llevar toda la vida. Y tener la vida que soñamos requiere dinero que, probablemente quien te dice esa frase, tiene de sobra. El capitalismo permite la creación de la espiritualidad de los privilegios.

“Nadie te ama porque vos no te amás a vos misma/o.” ¿Acaso no merezco amor porque me cuesta quererme como al 90% de la población?

“Si no querés seguir siendo mediocre, hacé lo que te recomiendo/comprá mi curso o sesión.” La ivananadalización de la espiritualidad. Hegemonía a la orden.

“Si vibrás alto todo mejora.” ¿La atención que necesitan del gobierno muchas personas para salir de una situación de indigencia, también?

Lo delicado del camino espiritual

Quienes trabajamos con espiritualidad y herramientas profundas de transformación, sabemos muy bien que las leyes universales y el inconsciente manejan todo en nuestras vidas hasta que comenzamos a hacernos conscientes de nuestros procesos.

El inconsciente hace que elijamos nuestros vínculos, trabajos, manera de comportarnos, creencias, etc. Sí, lo sabemos, es tremendamente poderoso. Y sabemos también que hace que elijamos situaciones complejas en nuestra vida, sea por repetición, como prueba para aprender, etc (podemos vincularlo aquí con nuestro “contrato antes de encarnar”).

Sin embargo, una cosa es saber todo esto y otra muy diferente es que alguien llegue a tu consulta y vos la quieras hacer sentir responsable de todas las miserias que siente que vive. No, no es por ahí. El terapeuta no debe imponer nunca ni sus conocimientos ni sus creencias ante la persona que viene buscando una guía.

Otro ejemplo: una cosa es llevar al otro a concientizarse de las propias limitaciones, pero otra muy distinta es decirle que el abuso o la violencia que vivió fue su culpa. La primera ayuda a responsabilizarse de las creencias, palabras, vibración desde las que uno crea y manifiesta en su vida. La segunda, es una muestra de imposición del ego del terapeuta, de su búsqueda brusca por demostrarte que sabe, que tiene la razón. Una ayuda, la otra hiere.

Nadie que haya vivido situaciones tan dolorosas como abusos, tragedias, violencia, necesita que se lo culpe por “haber atraído” esa situación. Necesita entrar en un proceso de abrazarse a sí mismo, de perdonarse, de liberación y, si la situación amerita, de responsabilidad para dejar de echar culpas. Pero decirle que ha sido su culpa que otro lo dañe ferozmente, es como señalar a la víctima de una violación por la ropa que tenía puesta.

En lugar de reconocer que el instinto de perpetración de un delito es lo que debe ser tratado, se culpa a la persona que lo experimentó por haber sido la instigadora.

La justicia nunca llegará si el “mirá bien lo que hacés para que nadie te violente/abuse” es la norma, en lugar de “no seas una mierda de persona, ni violentes ni abuses de nadie”.

Me fui de tema pero es que hay tanta tela que cortar y tantos ejemplos, que puede ser un tema que no terminemos nunca de desovillar.

Pero, al menos, vamos paso a paso cuestionándolo y cuestionándonos.