Publicado el

Ser perfecta o no

Últimamente me siento exigida con mi cuerpo y eso me lleva a no tolerar más a las personas que se muestran “impecables” y hegemónicamente perfectas.

Lo perfecto no existe, lo sabemos de manera teórica: la vida y nuestros cuerpos son imperfectos y en eso radica la belleza real.

Pero es un hecho: vemos en la perfección de la otra una suerte que nunca tendremos, un imposible al que nunca llegaremos. Lo vemos hasta falso y plástico, porque nos duele y nos puede despertar envidia, rechazo, negación, resentimiento. Hasta puede convertirse en una amenaza a nuestra supervivencia.

Las personas perfectas nunca se muestran en sus malos ratos. Y no es para generar una red de “todo está mal y hay que mostrarlo”, sino que lo pesado, lo denso, lo complejo es tan parte de la vida como los estereotipos a los que pretenden que encajemos.

Me cae como el ort* que estés divina, porque yo no lo voy a estar así nunca.
Me cae mal que no subas de peso en tu embarazo o que las revistas hablen de cómo hiciste para estar regia al mes de parir.
Me cae pésimo que te muestres sonriente y esquelética en la playa, y que las que no somos como vos sigamos teniendo vergüenza de mostrarnos.
Me revientan las publicidades para adelgazar, para tener un cuerpo fit y para estar hermosa, lo que significa estar flaca y tonificada.

Me harta que me digas si estoy más rellenita, que me preguntes si estoy bien porque subí de peso, que me felicites por estar más flaca o me halagues porque estoy más linda así.

Me harta porque la crítica es devoradora de almas, como la jueza interna, desde donde nace.

Pero no es tu culpa si estás impecable o elegís mostrarte así: es el sistema que nos carcome y que tenemos que purgar desde adentro.

Soy parte de las voces de la generación Quirón en Tauro que estuvo y estará recibiendo eclipses y uranazos para cambiar nuestra consciencia al respecto de nuestro cuerpo y de cómo buscamos encajar en lugares donde nunca lo haremos.
Sencillamente porque estamos diseñadas para romper el molde y crear uno personalizado.

***

El amor propio no es una meta, es el proceso de recuperar nuestro valor más allá de lo que aprendimos.