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Luna nueva en Capricornio

La Luna nueva de morir y renacer.

Nunca está de más recordar que las Lunas nuevas son portales, aperturas energéticas de seis meses, que nos muestran en qué área de nuestra vida social y personal es hora de introducir algo nuevo, un cambio, un inicio, o incluso un cierre. Al mostrar cambios de etapa o de estado, sin duda pueden marcar períodos donde evaluamos, procesamos y concretamos finales además de inicios.

Datos técnicos

La Luna nueva se perfecciona el 13 de enero a las 2:00 (hora Uruguay/Argentina) en el grado 23°13′ de Capricornio. Y lo hará en conjunción a Plutón, con Marte super inquieto. Tenemos 28 días plutonianos y marcianos por delante…explosivos, diríamos.

El 13 de enero del año pasado, el Sol y Saturno se unían en el grado 22°53′, y Saturno y Plutón se habían unido el día anterior, en el grado 22°47′. Esta lunación nos trae toda esa energía y la pone en la mesa nuevamente: es hora de transformar la manera en la que vivimos dentro de la sociedad. La normalidad ya no será nunca más lo que era, las estructuras abusivas de poder están cayendo, al igual que el deber ser, el patriarcado, el statu quo. Todo lo que en 2020 fue tomando importancia para que con la energía acuariana revolucionemos.

Mientras sucede esta Luna nueva, también tenemos a Mercurio, Júpiter y Saturno en Acuario en tensión a Marte-Urano en Tauro, y a Venus en Capricornio en tensión a Quirón pero en trino a Urano, apoyando los cambios vinculares para crecer, para seguir despertando e instándonos a profundizar en nuestros procesos de sanación.

Saturno, el regente de Capricornio, es quien marca el tiempo en esta tercera dimensión. Pero también nos habla de las estructuras y las formas que sostenemos por tradición, por costumbre, y sin cuestionar porque “siempre se hicieron así”. Y ahora se encuentra en su otra casa, Acuario, mientras su otro regente Urano trata de sacudir bases de lo que creemos que nos da estabilidad y seguridad y que también es tradicional -e ilusorio- como la antigua energía capricorniana. Ambos nos piden paciencia con los procesos tanto en lo individual como en lo social.

Este grado sabiano donde sucede la Luna nueva, significa:

Dos medallas al valor en tiempo de guerra. El ingenio del hombre para desarrollar nuevas áreas de experiencia práctica, y su talento para dramatizar los frutos de la vivacidad cotidiana, estimulando un amplio despliegue personal. El continuo esfuerzo de un liderazgo idealista para obtener ganancias sociales y políticas demanda una exaltación de la visión personal y el carácter, y en el devenir del tiempo cada individuo llegará a una más amplia comprensión de sus semejantes. La meta de vivir deviene una preservación de los valores. Reconocimiento.
Positivo: La administración social que demanda una continua dedicación personal.
Negativo: Una ensoberbecida explotación de sí mismo.

Las guerras no son lo que creemos. Estamos viviendo guerras mediáticas, energéticas, sociales, todo el tiempo. El fin de la guerra es obtener más poder y más control sobre el común de la población. ¿Y quién tiene más poder ahora? El que controle la mayor parte de redes sociales, internet.

La era de Acuario está llegando cada vez con más fuerza -siempre digo que no estamos 100% inmersos en ella y que de todos modos nunca lo podríamos determinar de la forma en la que pretendemos hacerlo- pero claro que su energía se cierne sobre nuestras cabezas, en nuestras vidas y en todo lo que hacemos.

Entonces

Estamos cambiando la visión que tenemos al momento de tomar decisiones. Ya no podemos seguir siendo egoístas porque a cada paso estamos formando parte de algo mayor, mucho mayor que nosotros. Somos parte de una familia, de un entorno, de una sociedad. Y si soy egoísta al elegir, entonces me estoy priorizando sobre los demás, sobre el mundo que me sostiene.

Ser egoísta, en este caso, no se refiere a priorizar nuestro bienestar y supervivencia, cuestiones lógicas. Se refiere a que no me importa que el otro crezca si yo crezco, sobretodo en ámbitos materiales, relacionados al poder, a la ambición. Esto no queda relegado únicamente a los políticos y manejadores de títeres de siempre, sino también al ser humano “común y corriente”, al que te cruzás en el super o al que seguís en su emprendimiento en una red social.

La ambición no tiene clase social predilecta, la vemos en todos lados. El hambre de poder y de querer ser alguien -no necesariamente para ayudar al mundo a sanar- también.

Ejemplo sencillo: hace poco me encontré siguiendo una cuenta de Instagram que no conocía y que nunca comencé a seguir. Entré, la dejé de seguir y ví que había comenzado hacía escasos días (quince para ser precisa) y que tenía muchísimos seguidores, muchísimos. Y muy poquitos likes en sus fotos. Como diseñadora gráfica, siempre me atrajo el marketing, y conozco muchas estrategias para obtener seguidores (que no equivalen exactamente a dinero y mucho menos a valor personal). Sin embargo, la cuenta es muy sencilla: si con 6000 seguidores en quince días, las fotos tienen 15 likes, entonces esos seguidores son falsos, comprados.

¿A qué voy con esto?

A la ambición por “ser alguien”, que como sociedad tenemos asociado a que te siga mucha gente, a que seas famoso o conocido, que a su vez asociamos con recibir amor, ser querido. Creemos que cuando nos conoce mucha gente, eso nos da valor. ¡Es tremendo!

Eso, como ejemplo entre otras cosas, está cambiando porque es hora de que lo haga.

Porque la ambición suele ir de la mano con un sentido muy escaso de valoración personal, y de esa tarea se está encargando Urano en Tauro, además de que a fin de año tendremos un eclipse taurino -fuera de los nodos- y nos hará ver qué estamos haciendo por nuestro amor propio.

Claro que no es fácil amarse a una misma como nos dicen por todos lados. Es todo un proceso pero siempre es mucho mejor animarse a atravesarlo y decir “me estoy aprendiendo a amar” que “me odio a mí misma”. Porque duele aprender a quererse, duele un montón. Pero si somos nuestras propias observadoras, sabremos ver cuándo estamos haciendo algo por búsqueda de aprobación y para ser queridas, y cuándo por amor propio.

Resumiendo

Ser egoísta no es ocuparme de mí misma, de crecer, sanar y aprender a amarme como soy. Eso ya de por sí es amor propio.

Ser egoísta es querer cosas sólo para mí, es que no me importe si con mis decisiones daño a los demás, que no me importe dañar el planeta con tal de obtener todo lo que quiero. Eso es lo que tiene que cambiar.

De la mano de Plutón, no es una Luna nueva sencilla. Se nos pide dejar atrás los bajos -y viejos- valores relacionados al control, a la ambición, las obsesiones, y limpiar todo lo que metimos bajo la alfombra. La muerte del ego es lo que nos aterra, no la muerte real. Y el ego se aferra a todo aquello con lo que se identifica: profesión, creencias, valores. ¡Todo lo que los grandes en el cielo y los eclipses nos piden cambiar!

Es un renacimiento que necesita una muerte primero. Una muerte que nos hará renacer más fuertes para la Luna llena en Capricornio del 24 de junio de este año.

¡Feliz Luna nueva!