Y por qué deberían importarte los eclipses
La astrología es, lejos de lo que se piensa, una manera de mirar la vida.
No es un horóscopo del diario, no es una predicción. Es algo que va mucho más allá. Tampoco es exclusivamente individualista.
No voy a intentar desmitificarla aquí, pero sí me gustaría explicar por qué es necesaria para encontrar el propio norte en la vida, para que nos vayamos de este plano un poco más evolucionados de lo que llegamos.
La astrología se trata del estudio de los ciclos planetarios y cómo al repetirse o entrar en contacto un planeta con otro, con un asteroide o punto matemático, se generan dinámicas tanto evolutivas (kármicas) como psicológicas, que apoyan el desarrollo de nuestro crecimiento individual y colectivo.
Los Nodos Lunares
Dos veces al año tenemos temporadas de eclipses, donde se dan dos o tres de éstos, tanto solares como lunares. Un eclipse solar viene siempre acompañado de uno lunar.
Cada eclipse solar “eclipsa” energía en el área de nuestra carta natal donde se perfecciona, abriendo un ciclo de seis, nueve o doce meses para que se desarrolle y efectivice un final, un cierre o un cambio radical.
Cada eclipse lunar cierra el ciclo abierto por un eclipse solar previo en esa misma casa/signo donde se perfecciona, mostrándonos que un final se terminó de ejecutar, aunque el proceso no es inmediato ni el mismo día del eclipse.
Estos eventos se dan en puntos matemáticos astronómicos -no es algo que la astrología inventó- que son los Nodos Lunares, generados por el cruce entre las órbitas de la Luna-Tierra y el Sol. Esos puntos son específicamente evolutivos y kármicos.
El Nodo Sur nos presenta un lugar, personas, experiencias que son muy cómodas y conocidas, que incluso se sienten como en casa. Podemos hablar, por ejemplo, de esas personas con las que sentís hogar, sin que necesariamente hayas compartido mucho con ellas. Pero si nos quedamos demasiado tiempo y vida en el Nodo Sur, no crecemos. Nos estancamos y sentimos que la vida nos pasa por encima.
El Nodo Norte, por el contrario, es una zona inevitablemente incómoda. Pero de esa incomodidad que te saca del confort que te termina ahogando, por lo cual es necesario. Se considera el punto evolutivo por excelencia, adonde debemos dirigirnos para crecer y avanzar.
Al Nodo Sur volvemos a regularnos, al Nodo Norte avanzamos para expandirnos, y así constantemente. Es una dinámica cíclica, como las mujeres cuando necesitamos volver a casa -ese hogar psíquico que pueden ser muchas cosas- para recargarnos y seguir caminando en nuestro viaje interior.
Los eclipses como momentos de evolución
Cada una de las temporadas de eclipses del año nos trae movimientos tanto de Nodo Sur (kármicos, como vidas y relaciones pasadas que vuelven para ser sanadas y liberadas, por ejemplo, o hobbies que necesitás para volver a sentirte vos misma) como de Nodo Norte (evolutivos, como nuevas oportunidades, sorpresas y cosas inesperadas que, aunque deseabas, no te sentías lista para atravesar, entre otras cosas).
Aunque cada temporada habrá un Nodo más activado que el otro, y eso es fácil de ver para un astrólogo, ambos están en constante sacudida en esos períodos. Y son los momentos en los que las cosas predestinadas comienzan a suceder.
Personas aparecen para ayudarte en algo concreto o cambiar tu vida; reaparece alguien del pasado con quien tenés algo que sanar, cerrar y liberar o concretar para dar un salto evolutivo. Situaciones parecen sincrónicas o milagrosas, experiencias que vivís te terminan llevando a lugares, reales o metafóricos, que necesitabas para crecer y no lo sabías.
La intuición está por lo alto. Las sorpresas también.
Los eclipses son uranianos y plutonianos. Cortan de raíz con cosas que impiden nuestra transformación y hablan el lenguaje del alma. Son disruptivos, inesperados y nos piden reinventarnos.
Es en estos momentos donde el miedo al cambio y, al mismo tiempo, el deseo de manifestarlo se sienten muy fuerte e inevitables.
No hay eclipse que no proponga evolución y crecimiento. Y por eso son tan importantes y necesarios.
Porque sino viviríamos la vida de la manera más cómoda y confortable que podemos, sin salir de la zona de confort y excusándonos siempre para no crecer. Porque somos seres de rutinas y todo lo que las amenace nos resulta peligroso.
Cuando en verdad el peligro radica en ser siempre igual.
Cada vez que llegan los eclipses, ya sabemos de qué se van a tratar, qué están intentando mover o sacudir en nuestra vida porque ya está demasiado estable y necesita un clic para desestancarse.
Amenazan a la estabilidad que conocemos porque quieren proponer una nueva, pero para ello siempre será necesario atravesar crisis, transformaciones y movimientos radicales, nos guste o no nos guste.
Los eclipses nos cuentan que el universo está en constante mutación y que cerrarnos a ese concepto es cerrarnos a la vida misma. Nada puede durar mucho tiempo igual porque se estanca, se cristaliza. Y lo que se cristaliza, impide el desarrollo de una psique sana, activa y cíclica.
Aceptar la ciclidad de la vida es aceptar la naturaleza humana, animal y cósmica que somos.
Nada puede seguir en el mismo estado mucho tiempo, porque ni siquiera nuestras células lo hacen.
El cambio es lo único que permanece, constantemente.
Aceptarlo nos va a hacer un favor y nos va a liberar la mente de las presiones y tensiones a las que la sometemos con nuestras ansias de control, sólo porque tenemos miedo de lo desconocido.
Y, aunque muchas veces lo desconocido y la incertidumbre puedan doler, en ellos habitan la vida y las nuevas posibilidades, incluso cuando nos cuesta creerlo.