Podemos entender que la palabra vocación define a algo así como a un llamado de la voz interior, un llamado divino. Algo que no se ejecuta, sino que se sigue. Es esa voz interior que está directamente relacionada con el llamado eclesiástico. Entonces seguir tu vocación sería algo así como renunciar a todo menos a Dios.
Si lo miramos desde un punto de vista metafísico, tiene sentido seguir a la propia divinidad porque un poco la vida se trata (creo yo) de expresar la propia esencia y divinidad en la Tierra. Un proceso que va mucho más allá de la mera profesión o trabajo que ejerzamos, porque necesita de mucho autoconocimiento previo.
Claro que es un concepto que el capitalismo ama, porque si tenés una vocación y la convertís en tu profesión, listo, quedás encarrilada en eso y sirviendo a ese “propósito” el resto de tu vida.
Pero pregunto…
¿Podemos seguir el mismo camino toda la vida como si fuera algo fijo e inmutable? ¿Es la vocación el camino entero o es una meta que creemos que nos hará felices cuando la encontremos? ¿Es definitiva o tenemos muchas vocaciones en una vida? ¿Podemos renunciar para siempre a la materia que es la que en esta dimensión nos enseña a habitar el mundo? ¿Podemos “iluminarnos” igual?
Encontrar tu vocación no es garantía de felicidad: porque no es algo único, fijo.
La vocación muta, se transforma, muere y renace en formas, a veces, completamente diferentes entre sí. No es algo que encontrás y te resuelve la vida, te hace feliz y te llena de dinero.
Es, como todo, un proceso.
Si es un llamado, entonces que el camino, la búsqueda para responder ese llamado, sea la vocación misma. Que no te de ansiedad recorrer, sino que puedas detenerte, disfrutarlo, entender que ese camino ya es tu propósito porque éste es todo lo que hacés en tu vida para evolucionar.
La vocación y el propósito no son algo que encontrás y te salva. Son el desarrollo de todos tus procesos, los caminos que atravesás en tu vida y la expresión de tus dones, talentos, sabiduría.
No pueden ser nunca conceptos que aprisionen y te encierren en un rol para siempre: son conceptos mutables, en continuo movimiento.
Y por eso deben ser libres.
Como la vida misma.

Sol conjunción Urano en Géminis
Pasaron 84 años desde el último ciclo de conjunciones Sol-Urano en Géminis. En 1942 comenzaron a unirse en el grado 0 del signo y esa serie de conjunciones finalizó en 1948. Y la evolución de las comunicaciones, los movimientos y la tecnología se aceleró de manera radical.

