“DEJÁ DE INTENTAR CONFORMARTE CON SISTEMAS QUE NACISTE PARA EVOLUCIONAR.
Estamos viviendo un momento crucial en la historia de la humanidad. Muchos sentimos, en lo más profundo de nuestro ser, que los sistemas en los que hemos confiado durante generaciones ya no funcionan como antes. Percibimos que algo fundamental está cambiando, pero no siempre sabemos qué debería reemplazar lo que se está desmoronando.
Como no sabemos qué más hacer, nuestro instinto suele ser trabajar más. Nos esforzamos por ser más productivos, eficientes y disciplinados, con la esperanza de que, con suficiente empeño, podamos lograr que sistemas obsoletos produzcan un resultado diferente. Sin embargo, terminamos cada vez más agotados, abrumados y desanimados.
Este patrón se repite en todos lados. Lo vemos en nuestras instituciones, nuestros negocios, nuestras relaciones e incluso en la forma en que abordamos nuestro propio crecimiento personal. Sabemos que algo ya no es sostenible, pero seguimos invirtiendo nuestra energía vital en estructuras que nunca fueron diseñadas para sustentar el futuro que está surgiendo.
El rápido auge de la inteligencia artificial ha hecho imposible ignorar esta tensión. Muchos intentan adaptar las nuevas tecnologías revolucionarias a los esquemas tradicionales, solo para descubrir que estas innovaciones nos plantean preguntas mucho más profundas. Nos obligan a reconsiderar no solo qué hacemos, sino cómo lo hacemos y por qué lo hacemos.
Al mismo tiempo, nuestro sistema nervioso se esfuerza por adaptarse. Los seres humanos no estamos diseñados para procesar estimulación constante, información ilimitada y cambios acelerados sin consecuencias. Cuando nuestro sistema nervioso se ve sobrecargado, nuestra capacidad para pensar con claridad, imaginar con creatividad y responder con intención comienza a disminuir.
Uno de los aspectos más desafiantes de este momento es que nuestra intuición suele ir mucho más allá de nuestra comprensión consciente. Muchos sentimos con absoluta certeza que algo no anda bien. Nuestros instintos nos dicen que las viejas costumbres ya no funcionan, pero aún no hemos cultivado una visión clara de lo que viene.
Esta falta de visión no es una debilidad personal. Para muchos, nuestra capacidad de soñar se ha visto mermada por el estrés crónico, la sobreestimulación y el consumo incesante de medios diseñados para captar nuestra atención. Cuando nos sentimos abrumados, resulta difícil imaginar posibilidades más allá de lo que ya existe.
Podemos concentrarnos tanto en lidiar con el presente que perdemos el contacto con el futuro que estábamos destinados a ayudar a construir. Nos insensibilizamos con distracciones porque nuestros sistemas nerviosos están sobreactivados y agotados. Al hacerlo, silenciamos involuntariamente la imaginación que podría guiarnos hacia algo mejor.
Muchos nos encontramos ahora con un pie en el viejo mundo y otro en el nuevo. Podemos sentir que los sistemas actuales son insostenibles, pero aún dependemos de ellos. Todavía necesitamos ganarnos la vida, comprar alimentos, pagar las cuentas y cuidar de nuestras familias.
Esto puede generar una tensión incómoda. Sabemos que ciertas estructuras necesitan evolucionar, pero seguimos dependiendo parcialmente de ellas para nuestra supervivencia. Aprender a manejar esta paradoja es una de las tareas centrales de esta era de transición.
Quizás el desafío más profundo al que nos enfrentamos es que muchas personas han perdido el contacto con su poder creativo natural. Hemos olvidado que estamos diseñados no solo para adaptarnos a la realidad, sino también para participar en su construcción. Nos hemos condicionado tanto a conformarnos que ya no confiamos en nuestra capacidad de imaginar y crear algo nuevo.
Este poder creativo es lo que suelo llamar nuestra magia. La magia no es fantasía ni ilusiones. Es nuestra capacidad innata de alinear nuestros pensamientos, emociones, sistemas nerviosos, decisiones y acciones con una visión que aún no existe.
Cada cambio significativo en la historia de la humanidad comenzó porque alguien estuvo dispuesto a imaginar una realidad que otros aún no podían ver. Cada innovación, cada movimiento de sanación y cada avance comenzó como un acto de imaginación valiente. El futuro siempre se crea primero en el reino de las posibilidades antes de volverse tangible en el mundo.
Si queremos superar con éxito este periodo de transformación, debemos dejar de intentar adaptarnos a sistemas que, en teoría, nos han ayudado a evolucionar. Debemos recuperar la capacidad de soñar, crear y confiar en lo que está surgiendo.
Este proceso comienza con la regulación de nuestro sistema nervioso. Cuando nuestro cuerpo se siente seguro, nuestro cerebro se vuelve más capaz de intuir, innovar y pensar estratégicamente. La coherencia nos permite acceder a la imaginación.
A veces, el acto más revolucionario es alejarse del ruido. Leer un libro. Dar un paseo. Sentarse alrededor de una fogata con personas de confianza. Compartir una comida, reír, descansar y reconectar con los ritmos que nos recuerdan lo que significa ser humano.
Estas prácticas no son lujos. Son condiciones esenciales para la creatividad. Nos ayudan a recuperar la amplitud mental y emocional necesaria para imaginar y construir nuevas posibilidades.También debemos comenzar a construir la infraestructura para lo que viene. Los sueños son importantes, pero no bastan por sí solos. La visión se convierte en realidad cuando transformamos la inspiración en experimentos, sistemas y acciones prácticas.
Aquí es donde el coraje se vuelve indispensable. Debemos estar dispuestos a probar nuevos enfoques, a cometer errores y a aprender sobre la marcha. Debemos confiar en que el progreso rara vez llega completamente formado, sino que emerge a través de ciclos de experimentación y perfeccionamiento.
Nadie tiene todas las respuestas. El futuro se construirá de forma colaborativa mediante el diálogo, el aprendizaje compartido y la comunidad. Necesitamos compartir qué funciona, qué no funciona y qué vamos descubriendo en el camino.
No es momento de sucumbir a la desesperación. Es momento de recuperar nuestra capacidad creativa y participar conscientemente en el próximo capítulo de la historia humana. Los sistemas que ya no funcionan no son señal de que todo esté irreparablemente roto; son invitaciones a crear algo más humano, más sostenible y más armonioso.
Tu intuición no se equivoca. Si sientes que algo fundamental está cambiando, es porque así es. La cuestión no es si el mundo evolucionará, sino si estás dispuesto a confiar en tu imaginación, calmar tus nervios y usar tu creatividad para construir el futuro.”
Estas palabras tan sabias son de Karen Curry Parker, una de las primeras mujeres con las que me acerqué al mundo del diseño humano. Y me resuenan completamente porque no sólo reflejan lo que estoy viviendo y sintiendo, sino también el porqué hago lo que hago.
Comencé mi emprendimiento cumpliendo un sueño que traía desde mis quince años, pero que recién en 2018 pudo tomar forma y nacer. Me lancé como astróloga, luego de cuatro años de estudio tanto autodidacta como con cursos de astrólogas que admiro, y eso para mí significó un montón. A veces reviso mis viejos cuadernos donde tomaba apuntes y vuelvo a sentir la magia que es descubrir la astrología.
Mi intención, ese sueño que tenía desde la adolescencia, siempre fue dar un servicio planetario. Así me gusta llamarlo, tengo alma de mística. Yo quería cambiar el mundo. Lo sigo queriendo. Sólo que ahora estoy viendo que el mundo está cambiando demasiado rápido y me quiere cambiar a mí (en el sentido más evolutivo) y un poco me lleva puesta, pero ese anhelo sigue en pie, llevándome a reconocer que también soy parte de los que venimos a cambiar las estructuras y sistemas bajo los que vivimos y funcionamos.
La necesidad de tener ingresos la tenemos todos, y este servicio planetario, al que he llamado emprendimiento, marca, negocio, siempre fue mi sostén y el de mi familia. Hasta que llegó mi Venus progresada a oponerse a mi Saturno natal y todo se transformó en una lección de límites, restricciones, recuerdos de carencia que parecían volver a atormentarme. Tengo mucho para contarte sobre eso, pero será para la próxima.
A lo que voy con todo esto, es que la astrología me ha dado mucho y me sigue dando, y entre todas mis reinvenciones profesionales, se perdió detrás de nuevos conceptos y definiciones. Pero sigue siendo la columna vertebral de porqué hago lo que hago.
Porque conociéndonos es que podemos saber cómo cambiar.
Porque creo en un mundo mejor, no como una ilusa, sino poniéndole sentido a todo lo que estamos viviendo.
Y, como dicen Karen, no podemos seguir sosteniendo viejas estructuras pretendiendo funcionar igual. Y necesitamos regular nuestro sistema nervioso para actuar con coherencia ante todo lo que se está actualizando y estamos construyendo como humanidad.
Por ese motivo, hay varias cosas que compartí en mi newsletter y que quiero dejar por aquí también:
1) Creé un programa super simple, cero aburrido y 100% dinámico para aprender a regular tu sistema nervioso. Primero, porque veo que es lo que todos estamos necesitando en este momento para vivir una vida mejor. Segundo, porque a mí misma me hubiera encantado encontrar un programa así cuando no sabía lo que me estaba pasando. Se llama Vitalizarte y comenzamos los encuentros en vivo el martes 9 de junio a las 17 hs Uruguay (el día en que Venus y Júpiter se unen en el cielo). Los encuentros serán grabados por si no podés asistir en vivo. El valor es de 77 usd y las primeras 10 en sumarse se llevan dos subliminales descargables para trabajar en su autoconcepto y reprogramación financiera subconsciente.
2) Quiero que mi curso Astrología para Brujas lo puedan adquirir todas las personas que quieran aprender astrología. Así que su precio bajó de 777 usd a 197 usd. Y hay varios medios de pago y cuotas disponibles por Mercado Pago o con tarjeta de crédito. Es una formación completa donde terminás aprendiendo a leer cartas natales. (y sí, es tremenda salida laboral porque la IA jamás podrá interpretar como un ser humano, ni tener escucha, empatía y un montón de cosas que se generan en una sesión 1:1)
3) Comencé una nueva cuenta de Instagram. Las palabras que tuve que aprender como métricas y algoritmo ya no funcionan en mi cuenta vieja, que está siendo bastante ignorada. Ya sé que es porque no pago publicidad, así que prefiero separar mi vieja cuenta de astrología de todo lo nuevo que estoy haciendo. Podés seguirme en ambas porque las dos seguirán funcionando. Y mi newsletter, junto a otras vías cercanas de contacto, ya se están quedando establecidas para comunicarnos.


