Publicado el

No “tenés” que ser feliz

Buscamos la felicidad como una zanahoria, impuesta no solo por nosotras mismas (porque creemos que eso significará estar exentas de todos los males) sino también por la sociedad, la familia, los demás.

Creemos que tenemos que sonreír aunque estemos de mal humor.

Creemos que estar mal no está bien, entonces reprimimos el malestar, las emociones “malas”, e incluso reprimimos lo que sí nos hace bien porque los demás dicen que eso no está bueno.

Decimos que sí cuando en realidad queremos decir que no.

Decimos que no cuando desde el alma queremos gritar un sí.

Nos juntamos por obligación con personas que no nos nutren.

Forzamos vínculos y relaciones que no nos hacen bien, sólo porque alguna vez aprendimos que hay que sostenerlos. Aunque no se hayan alimentado durante años. Aunque el desinterés de alguna de las partes esté clarísimo.

Ser feliz no es tener la vida resuelta, plata en el banco y la casa propia (aunque cómo ayuda, eh). Ser feliz es un estado del ser, y es un proceso constante.

El problema es que nos quieren forzar todo el tiempo a que seamos felices.

Estar triste, deprimida, iracunda -lo que sea- también es permitirte que la vida te atraviese en la forma en que aparezca.

Siempre me gustó decir que soy una persona feliz incluso en mis peores momentos, porque para mí eso es permitirme absolutamente todo lo que estoy sintiendo. Es permitirme reírme a carcajadas o hundirme en mis profundidades, sin juzgarme.

Porque la felicidad no necesariamente tiene que sentirse como una plenitud y bienestar constantes. Ser feliz puede ser sencillamente respetarte a vos.

Y por eso mismo, no “tenés” que ser feliz. No tenés que comprarte todas las frases de moda, los “vos podés”, los “pensá positivo que te va a ir mejor”.

Es mejor fluir con el que sea tu estado de ánimo, porque no es permanente. Un estado de ánimo permite que las emociones te atraviesen, no las bloqueás ni reprimís.

El estado de ánimo que se cristaliza se convierte en un estado del ser donde te sobredefinís (en lugar de “estoy triste” decís “soy triste”) y eso no es natural.

Porque lo natural es el movimiento, el cambio constante, la fluidez.

Dejá que el agua corra por dentro, y limpie.