Mi manifiesto y lo que ya no quiero en el mundo emprendedor
Hay una pregunta que siempre me hice y me tomó demasiado tiempo poder responder con claridad: ¿qué es lo que hago exactamente y para quién?
Pero el día que entendí mi trabajo entendí todo.
Verás, soy un perfil 6/3 en diseño humano y la mutación constante es parte de nuestra vida, y así como vivimos, queremos compartirlo. Por eso, durante años respondí a esa pregunta de maneras distintas.
Comencé siendo astróloga y ayudaba a todo el mundo. Luego comencé a ayudar a emprendedoras cuando decidí profundizar en astrología empresarial, lo que me llevó a estudiar para Business Coach, siempre orientándome a la transformación personal de la mano de los negocios.
Más tarde incorporé la creatividad, la somática desde la regulación del sistema nervioso y posteriormente la expansión, la manifestación con neurociencia… y todas eran herramientas acertadas para mí.
Pero ninguna terminaba de explicar por qué hago lo que hago. Es que me basaba siempre en las herramientas.
Hasta que un día dejé de preguntarme qué enseño y empecé a preguntarme qué ya no estoy dispuesta a aceptar. Me aferré a mis principios y valores, y de ahí nació mi manifiesto.
Manifiesto
Yo no quiero que ninguna mujer vuelva a creer que tiene que elegir entre cuidar a su familia y sostener un negocio.
No quiero que ninguna mujer vuelva a esconder su voz y desconectarse de su magia porque alguien la criticó.
Que ninguna vuelva a sentir que su valor depende de cuánto factura ese mes. O que su servicio y propósito profesional no valen nada porque no vende.
No quiero que ninguna madre atraviese la angustia de no llegar a fin de mes sintiendo que todo el peso del mundo descansa sobre sus hombros.
Ya no quiero que una emprendedora cree contenido desde el miedo, venda solo por desesperación o termine construyendo un negocio que ya no reconoce como propio.
No quiero que la inteligencia artificial reemplace aquello que nos hace humanos: la filosofía personal, los principios, la perspectiva, la sensibilidad, una historia y una forma única de entender el mundo.
No quiero que ninguna mujer olvide lo que la hace sentirse viva solo porque alguien le dijo que eso no era rentable o porque no es algo para ella.
Y, sobre todo, no quiero que ninguna vuelva a pensar que necesita convertirse en otra persona para construir la vida que sueña.
Quizás por eso nunca pude separar el negocio de la vida misma, porque nunca ví a mi negocio como una máquina para generar dinero. A ningún negocio.
Siempre los ví como una extensión de quiénes somos, de nuestros sueños, anhelos y servicio al mundo. La estructura para anclar en la Tierra al servicio del alma.
El negocio como extensión propia
Si vivimos agotadas, el negocio se agota. Si vivimos desconectadas, el negocio también.
Y si vivimos con miedo, termina filtrándose en cada decisión.
Creo que durante mucho tiempo pensé que mi trabajo era enseñar a autodescubrirse y combinar esa unicidad con la estrategia.
Sin embargo hoy creo que todo eso es apenas una parte, porque el día que entendí mi trabajo supe que mi propósito profesional es acompañar a mujeres a volver a confiar en sí mismas. Las herramientas son parte del método, no lo que hago.
Ayudo a mujeres a recuperar la creatividad que dejaron de lado. A recordar qué las hace sentir vivas y les enciende el fuego interior.
A construir negocios que no les pidan abandonar su salud, su maternidad, su integridad ni su paz para crecer.
No porque el dinero no importe, claro, porque sabemos que en esta sociedad importa muchísimo.
Sé muy bien lo que significa sentir miedo por no llegar a fin de mes con un hijo que mantener.
Conozco la angustia que provoca mirar al futuro con incertidumbre.
Sé lo que se siente que te consuma el síndrome de la impostora después de un trauma de visibilidad.
He pasado por la pérdida de identidad que representa la maternidad, por lo difícil que se hace mostrarte cuando alguien te ataca con intención de dañarte y por el burnout de hacer fuerza al intentar conciliar cosas que tienen tiempos, organización y ciclos diferentes.
Justamente por eso creo que un negocio con alma debería devolvernos libertad, no quitarnos la vida, el tiempo y la energía en el intento de hacerlo funcionar.
Creo también que ser visible debería sentirse seguro para todas, para poder expandirnos con tranquilidad y sin vivir en alerta de que alguien nos querrá desprestigiar, hundir o cancelar. Es un juego filoso el de exponerse, pero no tiene porqué seguir siéndolo.
El día que entendí mi trabajo, supe que es posible construir otra manera de emprender
Una donde descansar no se deje para después o nos de culpa.
Donde la creatividad tenga lugar en la agenda y no sea “cuando se puede”.
Donde el éxito no se mida solamente en capturas de pantalla de ingresos mensuales, likes o seguidores.
Una donde la ambición pueda convivir con la calma de una vida lenta y natural.
Donde crecer y expandirse no implique dejar de ser una misma o desconectarse de los propios valores, creando negocios a la manera más arcaica y abusadora -con una misma- que existe.
Porque no todas perseguimos la idea del éxito impuesta socialmente. La mayoría queremos una vida lenta, creativa, llena de luz del sol, caminatas en la naturaleza y olor a bosque. Tomando un té mientras escribimos y escuchamos la música que amamos.
Si tengo que resumir la causa que quiero defender de ahora en adelante, probablemente sea que quiero que más mujeres vuelvan a confiar en sí mismas para construir una vida y un negocio que amen, sin traicionarse en el camino y sin temerle al qué dirán. Que no se dejen amedrentar por personas sin visión y que quieren lo que ellas han logrado. Que no se avergüencen de su mensaje, de su voz, de su misión.
Quiero que dejen de ocultarse por miedo al qué dirán, a ser tratadas de locas, de tontas, de superfluas. Que ya no silencien su mensaje sólo porque mucha gente usa herramientas o conceptos similares de manera irresponsable.
Sueño con que dejen de temer ser auténticas. Que salgan del estrés y puedan volver a disfrutar de sus vidas y sus negocios.
Deseo que puedan crear negocios con propósito y no trabajos para sobrevivir. Que se redescubran y vuelvan a despertar su creatividad, para no ser presas de la productividad y no creen contenido que hace ruido porque está vacío y hecho 100% con IA.
Que vuelvan a ser mujeres, madres, parejas, multiapasionadas, creativas, naturales, auténticas. Humanas. Y que sus negocios no sólo reflejen eso sino también les permitan tener la vida que saben que vinieron a vivir.
Todo lo que creo (de creer y de crear) nace de esa convicción.
Porque, al final, nunca se trató solo de emprender.
Siempre se trató de volver a disfrutar de la vida.
Si querés trabajar conmigo, podés comenzar por una sesión para emprendedoras donde ordenamos todo y te vas con un plan de acción para que puedas comenzar a crecer y expandirte.


