Cómo funciona la astrología

Creo en la magia. Creo en todo el reino invisible de los ángeles, dioses, elementales. Creo en el poder de la energía y de los planetas.
Pero, principalmente, creo en el poder interno de cada ser humano.
Somos una ínfima parte del universo y no por tener un tamaño menor, carecemos de su energía. Somos energía y tenemos muchísimo poder de manifestación, más del que podemos imaginar. Descendemos de muchos cruces de razas cósmicas y poseemos todas sus virtudes, todas aquellas cosas que solamente imaginaríamos reales gracias a la magia y a las películas.

Sin embargo, no creo en la magia por sí sola, en que podamos pedir algo y nos sea concedido sin más.
Existen leyes universales y metafísicas que nos enseñan cómo pedir deseos, donde te muestran que todo debe ser completamente enunciado en positivo y es más fuerte si lo decís como si ya estuviera cumplido, como si lo que deseás ya lo tuvieras. Nunca podemos desear algo que dañe a otro ser vivo, ni que deba influir en su libre albedrío: es por esto que no creo en la bondad de las personas que practican o solicitan “amarres” de amor, o que simplemente quieren conseguir algo que pueda hacerle daño a alguien más.
La magia es muy poderosa, sí, pero más poderosos son el karma y el libre albedrío.
Desde mi punto de vista, todo lo que pidamos debe ser a consciencia y con la plena seguridad de que estamos haciendo algo para manifestar ese deseo. Así sea con rituales o aprovechando la energía astrológica disponible.
Si yo quiero, por ejemplo, un nuevo amor, no puedo pretender que sea fulano (porque no puedo influir en el libre albedrío del otro) y el amor no va a venir si sigo pendiente de lo que hace un ex novio. Para que esa puerta se abra, primero debo aceptar, dejar ir y limpiar el área donde quiero que mi deseo se cumpla, y al mismo tiempo trabajar al respecto. El deseo por sí sólo no se va a cumplir y si lo hace, no va a durar porque no tiene trabajo ni base suficiente.
Esta explicación es para que comprendan que los rituales y la astrología existen para que los utilicemos a consciencia. Aunque tu carta esté aspectada perfectamente para un matrimonio, tu pareja no va a proponértelo si no trabajaste en vos misma la capacidad de llevar adelante una relación comprometida. La magia existe, está delante nuestro y los planetas permiten que dispongamos de ella, pero no se manifestará sin impulso de nuestra parte.

Usualmente lo que sucede con los rituales -en caso de que no sean de protección o limpieza- y con el uso de la astrología, es que nos ayudan a ser conscientes de patrones, trabas y dificultades que hay en determinada área de nuestras vidas. Un ritual para atraer el amor sumado a Marte en la zona de romances no servirá de nada si no reconocemos, por ejemplo, que deseamos una pareja para no sentirnos solas: primero hay que trabajar el amor propio, luego sentirnos cómodas con nosotras mismas y aprender que ya estamos completas. Si aparece alguien, probablemente esa relación dure poco si no trabajamos previamente nuestra verdad. Si el ritual es para un nuevo trabajo, de nada servirá hacerlo cuando día a día vamos al actual a regañadientes y solamente lo insultamos sin darnos cuenta de lo que debemos aprender de la situación.
Y aquí hay otro punto importante: todo lo que vivimos lo vivimos 1) porque lo elegimos; 2) porque tiene un aprendizaje para nosotros.
Cuando las situaciones o relaciones -de cualquier tipo- se terminan, significa que ya no teníamos nada que aprender mutuamente y que estar allí sólo nos iba a provocar estancamiento. Encarnamos en esta vida para aprender y evolucionar, no para quedarnos donde estamos cómodas sin crecimiento.
Lo mismo sucede con trabajos, mudanzas, proyectos: cuando no nos damos cuenta de que debemos terminar un ciclo, el universo lo termina por nosotros, y allí es cuando sentimos dolor. Negar o no ver un final e intentar evitarlo solamente hacen que el final se alargue, pero es inevitable.
Todos deseamos que la vida se quede quieta en el instante en que somos felices, pero imagínense por un segundo cuánto nos aburriríamos si cada día de nuestras vidas hiciéramos lo mismo. La meta del Alma es evolucionar, por eso la vida es cíclica y debemos terminar cosas para comenzar otras que nos provean de mayor expansión y aprendizaje.

El humano está aquí para superarse y para hacer funcionar su propia varita mágica, que es la que tiene dentro de sí mismo y en sus manos.
Seamos responsables de nuestros propios poderes, que así es como sucederá la verdadera magia.

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