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Venus ingresa a Piscis

En la mañana del 25 de febrero, Venus ingresó al signo de Piscis para ir cerrando su vuelta zodiacal, y llegará a Aries casi al mismo tiempo que el Sol, aunque el astro lo hará el 20 y Venus el 21.

Venus, el deseo que nos habita.
En Piscis, ese deseo es de fundición con el otro, con lo que amamos incondicionalmente, con la fuerza divina que somos.
Me parece un momento hermoso acuapisciano de la vida, de la historia.

La espiritualidad suele representar tan sólo una parte de nuestras vidas y, sin embargo, cuando nos sumergimos en ella nos damos cuenta que es todo.
Encontramos respuestas, nos abrimos al misterio de la vida.

Somos espíritu viviendo en la materia.
Desde que transito este camino me he sentido más fuerte, más acompañada y también más sola, hasta que comencé a conectar con mi tribu. Tuve que activar muchísimo mi corazón (y mi Venus pisciana natal) para llegar a eso. Me he permitido renacer una y mil veces como esa Venus que nace de la espuma marina, que es como la sonrisa del mar, dice mi mamá.

Hija de las aguas, en Piscis encuentra su gozo, su expansión de todos los chakras, el equilibrio de ser canal, su gran deleite y disfrute.

En aquella vibratocracia que me encuentro cuestionando, mis creencias que se rompen dibujan, entre sus pedazos, nuevas perspectivas.

Siempre creí que cada cual vive su vida y su abundancia de acuerdo al Plan que diseñó y “firmó” antes de encarnar. Si en esta vida toca la carencia, “algo se habrá hecho en otra vida pasada”, “algo tendrá que pagar”. Sin embargo, con la información que me ha llegado desde hace tiempo, en este presente y desde hace unos años, ya no cargamos karma de vidas pasadas. Los nuevos seres llegan al planeta libres de cargas y, en caso de que algunas aparezcan, se resuelven muy rápidamente.

Entonces, pagamos lo que hacemos en esta misma vida. Aquí y ahora, en el presente continuo. No me importa la justicia legal porque en ella ya no creo: creo en las emociones que cada quien transita de acuerdo a lo que hace. Uno hace su propia justicia.

Si ansío que la justicia legal se cumpla, vivo con una falsa esperanza, dependiendo de factores que jamás podré controlar. Pero no tienen que pensar como yo, es simplemente una expresión que me da calma, me tranquiliza.

Venus en Piscis nos trae, entonces, la revelación de que si no hay karma que pagar de antaño… ¿no será que la sociedad actual, en una gran parte, “firmó” un contrato donde aceptaría despertar pero antes atravesaría grandes dificultades creadas por el capitalismo? ¿No será que a quien le falta trabajo y le insistimos con “vibrar alto” desde nuestros sillones, le llegaría la herramienta si se le presentara desde un lugar más humano, empático y sensible, en lugar de soberbio y privilegiado? ¿No será que, ser espiritual es también ayudarle a esa persona a repartir su CV y dándole palabras de aliento? Cada cual es dueño de su camino, pero vivimos en red. Nadie está exento de marcar al otro con una palabra, un mensaje, una mirada, un abrazo, una muestra de afecto.

¿No será que, si tengo la chance de estar en contacto con mi mundo espiritual, puedo contagiar al resto? ¿Puedo ser sensible a las necesidades materiales y físicas de otros sin necesariamente demostrar que lo espiritual es lo que despierta consciencia?

Tal vez, abriendo la cabeza, veamos que ser espiritual ya lo somos, y ponerlo en práctica es, sencillamente, abrazar al otro desde el amor y desde el no juicio, sea cual sea el camino que haya elegido transitar.

Su espiritualidad será entonces diferente a la nuestra. Y no por eso tendrá que ser juzgada o disminuída.

Así comprenderemos que la espiritualidad está en todo. Y que, como dice Venus en Piscis, el amor es el secreto.

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Vibratocracia: la meritocracia espiritual

En Instagram hice la pregunta de qué era lo que más les cansaba sobre las terapias espirituales.

Muchas de las respuestas las incluí en este video donde hice hincapié al final sobre el tema más fuerte: “si vibrás alto te va a ir mejor”.
El tema de la espiritualidad es observado, lógicamente, como aquello a lo que accedemos los que tenemos privilegios, así sea por la posición socioeconómica, la educación o simplemente por tener un techo, trabajo y un celular con internet.

Sin embargo, es importante cuestionarnos si accedemos a la espiritualidad como algo meramente personal o si podemos lograr que, tomando consciencia social, ésta se despliegue más allá de nuestras narices. Es un tema tan complejo y delicado que nadie tiene una solución inmediata al respecto, pero que nos interpela y es muy interesante de debatir.

Siempre estoy abierta al intercambio desde el respeto y la educación, porque pensar diferente al otro no nos hace superiores o inferiores. De eso se trata el mundo y acá nadie viene a pelear porque, al fin y al cabo, la humildad en este caso es reconocer que hay cosas que no sabemos cómo cambiar (sea que nos corresponden o no) y que nadie tiene la única verdad. Qué aburrido sería el mundo sino.

Frases pedorras que siempre nos fumamos

“Hay que ser positivo para que las cosas cambien.” Ojo con dejarte caer, frustrar o animarte a ver lo podrido que está el mundo.

“Sanar es tu entera responsabilidad.” Sí y no, yo no puedo “sanar” si no tengo plata para pagar lo que se me recomienda.

“Si no tenés la vida que soñás, es porque no querés.” Cambiar es como sanar, un proceso que puede llevar toda la vida. Y tener la vida que soñamos requiere dinero que, probablemente quien te dice esa frase, tiene de sobra. El capitalismo permite la creación de la espiritualidad de los privilegios.

“Nadie te ama porque vos no te amás a vos misma/o.” ¿Acaso no merezco amor porque me cuesta quererme como al 90% de la población?

“Si no querés seguir siendo mediocre, hacé lo que te recomiendo/comprá mi curso o sesión.” La ivananadalización de la espiritualidad. Hegemonía a la orden.

“Si vibrás alto todo mejora.” ¿La atención que necesitan del gobierno muchas personas para salir de una situación de indigencia, también?

Lo delicado del camino espiritual

Quienes trabajamos con espiritualidad y herramientas profundas de transformación, sabemos muy bien que las leyes universales y el inconsciente manejan todo en nuestras vidas hasta que comenzamos a hacernos conscientes de nuestros procesos.

El inconsciente hace que elijamos nuestros vínculos, trabajos, manera de comportarnos, creencias, etc. Sí, lo sabemos, es tremendamente poderoso. Y sabemos también que hace que elijamos situaciones complejas en nuestra vida, sea por repetición, como prueba para aprender, etc (podemos vincularlo aquí con nuestro “contrato antes de encarnar”).

Sin embargo, una cosa es saber todo esto y otra muy diferente es que alguien llegue a tu consulta y vos la quieras hacer sentir responsable de todas las miserias que siente que vive. No, no es por ahí. El terapeuta no debe imponer nunca ni sus conocimientos ni sus creencias ante la persona que viene buscando una guía.

Otro ejemplo: una cosa es llevar al otro a concientizarse de las propias limitaciones, pero otra muy distinta es decirle que el abuso o la violencia que vivió fue su culpa. La primera ayuda a responsabilizarse de las creencias, palabras, vibración desde las que uno crea y manifiesta en su vida. La segunda, es una muestra de imposición del ego del terapeuta, de su búsqueda brusca por demostrarte que sabe, que tiene la razón. Una ayuda, la otra hiere.

Nadie que haya vivido situaciones tan dolorosas como abusos, tragedias, violencia, necesita que se lo culpe por “haber atraído” esa situación. Necesita entrar en un proceso de abrazarse a sí mismo, de perdonarse, de liberación y, si la situación amerita, de responsabilidad para dejar de echar culpas. Pero decirle que ha sido su culpa que otro lo dañe ferozmente, es como señalar a la víctima de una violación por la ropa que tenía puesta.

En lugar de reconocer que el instinto de perpetración de un delito es lo que debe ser tratado, se culpa a la persona que lo experimentó por haber sido la instigadora.

La justicia nunca llegará si el “mirá bien lo que hacés para que nadie te violente/abuse” es la norma, en lugar de “no seas una mierda de persona, ni violentes ni abuses de nadie”.

Me fui de tema pero es que hay tanta tela que cortar y tantos ejemplos, que puede ser un tema que no terminemos nunca de desovillar.

Pero, al menos, vamos paso a paso cuestionándolo y cuestionándonos.

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Que la espiritualidad no te nuble la empatía

Qué tema la espiritualidad.

Qué delicado reconocer que estamos en este camino porque tuvimos suerte, privilegios, educación, oportunidades.
Qué delicado saber que -como humanos- cada cosa que hacemos repercute en el colectivo.

Es desesperante ver todo lo que como humanidad tenemos que evolucionar, cambiar y sanar. Algunos aportan su pequeño grano de arena, uno a uno.
Otros forman parte activa de una revolución.
Otros tantos accionan directamente en y para los sectores más heridos e ignorados de la sociedad.
Hay quienes lo dan todo por causas ambientales, por los animales y por la naturaleza.

Me resulta importante que podamos darnos cuenta que al fin y al cabo, nadie tiene la respuesta sobre cómo construir un mundo mejor, porque cada cual intenta hacerlo desde su lugar. Y ningún lugar ni aporte es igual a otro, ni mejor ni peor.
Pensamos, creemos y actuamos diferente entre nosotros porque es necesario para que atendamos sectores diferentes. Para que exista la pluralidad de opciones y miradas.

Creo que reconocernos seres espirituales es importante para evolucionar personal y colectivamente, pero no es ni más ni menos importante que una acción directa en la sociedad. Es parte del todo que somos. Aunque sí me parece tan importante trabajar en la propia evolución como recordar que no todos tenemos la misma oportunidad de hacerlo. Tener empatía, solidaridad.

Yo no tengo recetas, ni sé cómo se hace, ni cómo vamos a lograrlo.
Sólo sé que el cambio siempre empieza por uno, despertando a la noción de que es energía en movimiento, de que puede evolucionar y lograr lo que desea, pero que vive en la Tierra, rodeado de otros tantos que lo necesitan de la mano.
Sé que el egoísmo, la ambición, el patriarcado y el capitalismo como se vive ahora jamás serán parte de la mejoría.

No podemos hacerlo solos ni ignorar al de al lado.
No sabemos cómo sanaremos, pero sí sabemos qué es lo que hay que romper.
Y al menos eso es un comienzo. Destruir lo que nos destruye, juntos.
Así el amor tendrá más lugar para entrar y ayudarnos a sanar.
El amor entra por la herida.

Soy parte del mundo y deseo habitarlo con amor, no destruirlo.

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Cada persona vive su propia espiritualidad de acuerdo a su propósito evolutivo.

Desde el punto de vista metafísico, en el caos del Universo hay un orden impecable, divino.

Para llegar a ese orden y al equilibrio que propone, debo primero atravesar el desorden. Si quiero llegar a la felicidad debo conocer lo que es sentirme infeliz, y así marcar la diferencia. Para encontrarme, primero debo saber qué es estar perdido. Es allí, en donde no me hallo, que se despiertan mis ansias de búsqueda, me motivo.

Cada ser humano vive su espiritualidad a través de su propia historia personal, experiencias, creencias. Cada uno tiene un propósito evolutivo personal y para el planeta, y cuanto más alineados estamos en coherencia con nuestro espíritu y vida en la Tierra, más orden podremos encontrar en nuestras vidas.

Lo que nos aleja de creer que todo es perfecto, es mantenernos en la ilusión de la dualidad. Claro, nos permite conocer la moral y vivir en la Tierra, su uso no está limitado a un bloqueo. Pero si yo conozco la dualidad, si la reconozco en mí, le quito poder y ya no me maneja. Es como integrar mi sombra.

Por un lado tenemos la espiritualidad práctica, mundana o terrenal, que es bajar el cielo a la tierra en actos rituales, pequeños, constantes. Va de la mano con nuestro crecimiento personal y procesos psicológicos. Es la parte de ir recordando qué soy en esencia y que tengo un cuerpo viviendo una experiencia humana. Alimentarme de manera sana, elegir mis batallas para proteger mi energía, tener un determinado proceso de higiene energética, saber intencionar para manifestar: esos son actos del día a día que me permiten realinearme con mi esencia, con mi Yo Superior.

Siguiendo, está el camino más profundo, el que desarma toda pretensión del ego en pos de su trascendencia: es la búsqueda de iluminación, de Ser mi propio Propósito Sagrado, de peregrinar hacia mí misme.

En la antigüedad, para iluminarse, había que ser asceta, encerrarse en un monasterio y meditar todo el día, cosa no muy posible para la vida actual. Experimentar este tipo de espiritualidad hoy en día, requiere disciplina, responsabilidad, consciencia social y mucha tridimensión. Rendición también: adiós juez y víctima, las posiciones egoicas más usuales dentro nuestro.

Desde este lugar, podemos elegir dejar de quejarnos, de enojarnos, de sentirnos inferiores, abandonados, que no pertenecemos, o lo que sea que nos ponga en una posición victimista. Desde aquí podemos hacer consciente nuestra capacidad y potencial para vivir en la 3D desde el amor. Podemos elegir cambiar de perspectiva.

Cada cual tiene su propia verdad, creencias y su manera de buscar cambiar el mundo, a través del cambio personal primero.

Habrá quienes lo hagan desde el fuego incendiario del hartazgo, poniéndole fin a históricos abusos a través de manifestaciones, actos, gritos desde el fuego interior, haciéndose notar y quemando todo a su paso. A esas personas las admiro con el alma.

Otres lo harán desde el agua, lo emocional, lo nutricio, abriendo el corazón, protegiendo, habitando su elemento desde el lugar que más conecte con su Alma.

Por otro lado estarán quienes lo hagan desde el aire, desde la palabra, la comunicación, la expresión del intelecto y del Alma, la enseñanza, como si fuera el éter divino compartiéndolo todo. Aquí está el trabajo energético que se trata de sostener y elevar la vibración del planeta, junto a quienes lo hacen desde la Tierra, Gaia, la Pachamama, abrazando todo lo que ella implica y nos sostiene a nosotros.

Entonces, de acuerdo a nuestra esencia y a nuestro Propósito Divino, podremos vivir nuestra espiritualidad de una forma o de la otra. Alguien que trabaje en un puesto de mando de una empresa multinacional, por ejemplo, tal vez no tenga tanto tiempo para desarrollar su espiritualidad o no le interese tanto como a un terapeuta energético, sólo por citar un ejemplo sencillo y que por supuesto no necesariamente siempre es así, es sólo para graficar.

Los caminos son diferentes y cada quien tendrá contacto consigo mismo de manera diferente, así como también habrá personas que directamente no tengan interés en desarrollar este aspecto de su vida. Y está bien, nos necesitamos a todos en conjunto. Cada cual juega su parte en este mundo, en esta vida.

Es en vano juzgar al que aporta diferente sólo por creer que “mi aporte” es el único válido, el que va a cambiar al mundo por fin, como si no fuéramos nosotros los que tuviéramos que cambiar primero.

La pluralidad de granos de arena de acuerdo a la complejidad de nuestros elementos personales hace del colectivo algo único, flexible. Y lo hacemos paso a paso mientras vamos creciendo y aprendiendo.

Amor por el proceso, respeto por el otre.

Para llegar a ese orden y al equilibrio que propone, debo primero atravesar el desorden. Si quiero llegar a la felicidad debo conocer lo que es sentirme infeliz, y así marcar la diferencia. Para encontrarme, primero debo saber qué es estar perdido. Es allí, en donde no me hallo, que se despiertan mis ansias de búsqueda, me motivo.

Cada ser humano vive su espiritualidad a través de su propia historia personal, experiencias, creencias. Cada uno tiene un propósito evolutivo personal y para el planeta, y cuanto más alineados estamos en coherencia con nuestro espíritu y vida en la Tierra, más orden podremos encontrar en nuestras vidas.

Lo que nos aleja de creer que todo es perfecto, es mantenernos en la ilusión de la dualidad. Claro, nos permite conocer la moral y vivir en la Tierra, su uso no está limitado a un bloqueo. Pero si yo conozco la dualidad, si la reconozco en mí, le quito poder y ya no me maneja. Es como integrar mi sombra.

Por un lado tenemos la espiritualidad práctica, mundana o terrenal, que es bajar el cielo a la tierra en actos rituales, pequeños, constantes. Va de la mano con nuestro crecimiento personal y procesos psicológicos. Es la parte de ir recordando qué soy en esencia y que tengo un cuerpo viviendo una experiencia humana. Alimentarme de manera sana, elegir mis batallas para proteger mi energía, tener un determinado proceso de higiene energética, saber intencionar para manifestar: esos son actos del día a día que me permiten realinearme con mi esencia, con mi Yo Superior.

Siguiendo, está el camino más profundo, el que desarma toda pretensión del ego en pos de su trascendencia: es la búsqueda de iluminación, de Ser mi propio Propósito Sagrado, de peregrinar hacia mí misme.

En la antigüedad, para iluminarse, había que ser asceta, encerrarse en un monasterio y meditar todo el día, cosa no muy posible para la vida actual. Experimentar este tipo de espiritualidad hoy en día, requiere disciplina, responsabilidad, consciencia social y mucha tridimensión. Rendición también: adiós juez y víctima, las posiciones egoicas más usuales dentro nuestro.

Desde este lugar, podemos elegir dejar de quejarnos, de enojarnos, de sentirnos inferiores, abandonados, que no pertenecemos, o lo que sea que nos ponga en una posición victimista. Desde aquí podemos hacer consciente nuestra capacidad y potencial para vivir en la 3D desde el amor. Podemos elegir cambiar de perspectiva.

Cada cual tiene su propia verdad, creencias y su manera de buscar cambiar el mundo, a través del cambio personal primero.

Habrá quienes lo hagan desde el fuego incendiario del hartazgo, poniéndole fin a históricos abusos a través de manifestaciones, actos, gritos desde el fuego interior, haciéndose notar y quemando todo a su paso. A esas personas las admiro con el alma.

Otres lo harán desde el agua, lo emocional, lo nutricio, abriendo el corazón, protegiendo, habitando su elemento desde el lugar que más conecte con su Alma.

Por otro lado estarán quienes lo hagan desde el aire, desde la palabra, la comunicación, la expresión del intelecto y del Alma, la enseñanza, como si fuera el éter divino compartiéndolo todo. Aquí está el trabajo energético que se trata de sostener y elevar la vibración del planeta, junto a quienes lo hacen desde la Tierra, Gaia, la Pachamama, abrazando todo lo que ella implica y nos sostiene a nosotros.

Entonces, de acuerdo a nuestra esencia y a nuestro Propósito Divino, podremos vivir nuestra espiritualidad de una forma o de la otra. Alguien que trabaje en un puesto de mando de una empresa multinacional, por ejemplo, tal vez no tenga tanto tiempo para desarrollar su espiritualidad o no le interese tanto como a un terapeuta energético, sólo por citar un ejemplo sencillo y que por supuesto no necesariamente siempre es así, es sólo para graficar.

Los caminos son diferentes y cada quien tendrá contacto consigo mismo de manera diferente, así como también habrá personas que directamente no tengan interés en desarrollar este aspecto de su vida. Y está bien, nos necesitamos a todos en conjunto. Cada cual juega su parte en este mundo, en esta vida.

Es en vano juzgar al que aporta diferente sólo por creer que “mi aporte” es el único válido, el que va a cambiar al mundo por fin, como si no fuéramos nosotros los que tuviéramos que cambiar primero.

La pluralidad de granos de arena de acuerdo a la complejidad de nuestros elementos personales hace del colectivo algo único, flexible. Y lo hacemos paso a paso mientras vamos creciendo y aprendiendo.

Amor por el proceso, respeto por el otre.

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La espiritualidad es un camino personal

Desde todo lo que aprendí en mi vida, fui creando mi sistema de creencias, aceptando como “válido” todo aquello que me inspiraba confianza y que experimentaba como verdadero. Fui muy dogmática y lo estoy viendo claro ahora, cuando reconozco y comprendo que cada camino espiritual es diferente, que nadie tiene una receta mágica que funcione para millones. Y si te lo prometen, suele ser mentira para simplemente hacer dinero.

No es mi intención que mi verdad personal se convierta en un dogma ni decirles que la cosa es así y listo. Mi intención es poder ayudarles a obtener un poco de claridad en un mundo tan confuso y guiarles, en lo posible, a despertar su consciencia a las posibilidades que tienen en sus vidas, y a que no todo el mundo puede acceder a ellas. Despertar es salir de un lugar egoísta donde todo lo quiero intencionar y crear para mí, para hacerlo para todo el mundo. Mi intención es que se cuestionen hasta sus propias verdades para poder descubrir lo realmente verdadero, que se encuentra dentro.

Los grandes autores que develaron lo oculto

Diferentes autores que leí transmitían un conocimiento similar entre sí, con una base en común: somos co-creadores de todo lo que sucede nuestras vidas, es decir, creamos nuestro destino de la mano con la energía del Gran Espíritu, Fuente o dios. Consciente o inconscientemente, atraemos lo que necesitamos para aprender, crecer y evolucionar en nuestro camino, cuya meta al fin y al cabo siempre es retornar al Espíritu, a sentirnos Uno con el Universo.

Los libros y autores que más me han llevado a probar empírica y energéticamente su conocimiento intelectual, son bases históricas metafísicas y energéticas, ahora llamadas “cuánticas” (porque se ve que da un poco más de crédito). Entre ellos se encuentra la piedra fundacional que es El Kybalión, de Tres Iniciados, que resume las siete leyes herméticas que son las bases de la energía del Universo.

Autores fundamentales de los que aprendí muchísimo son Conny Méndez, Louise Hay, Drunvalo Melchizedek, Barbara Hand Clow, Barbara Marciniak, Madame Blavatsky. Puedo sumar a muchos más como Deepak Chopra y Eckhart Tolle, por ejemplo, y aún así me quedo corta. Pero todos ellos son las bases fundacionales de mis creencias y sin embargo no soy 100% “fiel” a ninguno. Porque me gusta sentirme, escucharme y canalizar mis propios mensajes también, además de tener un pensamiento independiente a cualquier figura humana. Endiosarnos entre nosotros nos hace perder el poder que tenemos como individuos, y a veces también mucha plata.

El movimiento “autoayuda”

Una gran cantidad de oradores espirituales y de autoayuda de la actualidad lo que han hecho es tomar lo que han compartido estos autores, sumarle información de libros sagrados (la Biblia es el ejemplo más usado) y de Un curso de Milagros, y mezclar todo junto en forma de batidos para vender sus propios cursos, libros y hasta sagas de libros incluso, donde te obligan a comprarlos todos si querés tener abundancia, por ejemplo. Cursos que valen cientos o miles de dólares te garantizan que, al terminarlos, podrás manifestar toda la abundancia en tu vida. ¿Qué es lo que más vende? La promesa de ser millonario. Y la otra es la de sanar.
Claro que los que se hacen millonarios con esa promesa, son ellos. Una cosa es ponerle valor a tu trabajo, lógico, para vivir de la manera deseada, pero otra es el abuso sólo para cumplir la propia ambición de tener más y más.

¿Te acordás del libro y la película “El Secreto”? Pues no era secreto en realidad cuando fue publicado.

Lo que hicieron fue tomar la Ley del Mentalismo de Hermes Trismegisto, y reducirla a un sencillo mensaje: “podés tener todo lo material que quieras”, porque lo material nos da felicidad y seguridad, ¿cierto?

Bueno, aquí no te enseñaban nada sobre el libre albedrío, sobre lo peligroso que es intencionar algo material sin haber hecho trabajo de consciencia primero, sobre el egoísmo de pedir siempre para mí y de, además, tener la ambición de ser millonario por el simple hecho de serlo y ostentarlo, cuando ni siquiera sabrías qué hacer con todo ese dinero. Declararon la guerra al elitismo desde un lugar exclusivamente elitista. “Voy a ser como vos, empresario multimillonario, pero no voy a trabajar para eso, sólo intencionar y hacer mi tablero de visualización”.

¿Entonces intencionar no funciona?

No estoy diciendo eso. Intencionar, visualizar y crear listas de intenciones en Lunas nuevas, por ejemplo, son un hermoso ejemplo de cómo somos co-creadores en el mundo tridimensional. El asunto es que no conozco a nadie que haya intencionado: “quiero ser millonario para donar 3/4 de mis ganancias”. Nos han hecho creer -y tomo mi parte de responsabilidad porque sé que fui una de esas- que podemos crear y manifestar todo lo material que deseemos, la abundancia que anhelemos, intencionando y visualizando, haciendo el trabajo diario que eso implique y ya. Además, para intencionar con sabiduría es preciso conocer las siete leyes herméticas y entender cómo funcionan, por eso El Kybalión es el inicio de todo.

Pero no hay ritual, ni deseo de Luna nueva al respecto de la abundancia que funcione, si estamos viviendo desde una posición de miedo y egoísta, pensando que “abundancia” es sinónimo de dinero y sin tener consciencia de lo que el sistema económico es. Ningún ritual te va a funcionar ni aunque quemes un árbol entero de canela, cítricos y laurel, a menos que te hagas consciente de tus propios patrones y creencias internas respecto al merecimiento, abundancia (también de amor, vínculos, trabajos, experiencias, etc) y amor propio, que van de la mano.

No existen las recetas mágicas. Para tener lo material que deseás, primero hay que superar miedos, integrar sombras, enfrentarse con la propia oscuridad. Para que cuando veas a alguien que está atascado en el mismo lugar donde estuviste vos, sepas con qué herramientas ayudarle. Porque no se trata de hacerse millonario en realidad, se trata de aprender a manifestar para DAR, así sea transmitiendo el mensaje y tu experiencia, haciendo trabajo voluntario, donando lo que no usás, etc. Uno debe trabajar de verdad en sí mismo y luego ser lo suficientemente generoso como para dar todo eso, en la forma que sea, hacia el mundo.

De paso: nadie es toda luz y nubecitas de amor, si te venden eso te venden la mitad del paquete.

Ah, entonces me tengo que superar para ayudar a los inferiores a mí.

Dios, no. Me cansé de leer personas que creen que aprender algo y crecer es dejar atrás a otros, que tener dinero los hace superiores a los que tienen menos o que quienes viven en la indigencia directamente son inferiores al resto. Es patético, humillante y CERO humano-espiritual. “Ser espiritual” en realidad ya somos, no tenemos que convertirnos en nada. Pero cuando decidimos encarnar aquello que elegimos antes de nacer (Nota: elegimos qué tipo de aprendizaje, no la manera en la que lo aprenderemos) de por sí implica reconocer que somos seres espirituales manifestados en la materia y que:

1- caminar un sendero hacia el Espíritu no implica ignorar y desapegarte de lo humano 100% (porque lo necesitás para sobrevivir), criticar a quien desea manifestar algo en la materia o sentirte superior al resto, y así dar livianamente el mensaje de que cada uno es responsable de lo que crea en su vida, sin tener en cuenta que hay gente que no vive como vos y no tiene tus mismas herramientas de consciencia.
2- abrazar tu humanidad y manifestación en la materia no implica olvidarte que sos algo más grande que lo manifestado en la materia (porque así te convertirías en alguien que abre la grieta aún más)

Todos los extremos nos llevan al desequilibrio.

Nacemos y crecemos en un sistema piramidal, donde el que está más arriba es admirado, envidiado, repudiado por los de abajo. Y los de abajo crecen mirando hacia arriba intentando trepar hasta la cima, a veces sin importar cómo. Por eso lo que más coherencia y equilibrio no dará como sociedad, es ponernos a todos en horizontal, de igual a igual, que no haya gurúes, dioses, poderosos encima del resto. Al fin y al cabo todos vamos hacia el mismo destino en la vida, nadie está exento de morir y seguro nadie se lleva su dinero a la tumba.

Vamos llegando al punto

Cuando te venden cursos, libros (o sagas de libros), cuando ves documentales “espirituales” y todo te promete ascensión, abundancia, sabiduría, están simplemente vendiendo. Listo, eso es el capitalismo: pagás por una promesa, por la idea que te prometen de convertirte en alguien que tiene una vida preciosa. Es decir, siempre te falta algo, material o espiritual, pero te falta. Se aprovechan de tus miedos y tu sensación de carencia.

Cuando, además, el ser que te vende todo eso te hace sentir inferior, te dice que tenés que seguirle comprando libros, cursos o unirte a su fundación si querés saber más y poder hacerte rico, comprarte la casa o el auto, AMIGUE DATE CUENTA. Te están cachando.

No hay nadie que te pueda decir cómo, darte una receta mágica para solucionar tus problemas o prometerte que con este ritual todo va a mejorar. La verdad es que todo está en tus manos, pero sólo si tenés las oportunidades para ello.

Primero porque cada ser es único, lo que funciona para mí puede no funcionar para vos y mucho menos para alguien que vive en India. Acá el punto es: tenés acceso a todas estas promesas porque tenés alimento, techo, familia. Es decir, te hacen olvidarte de ser agradecida/o de las cosas que ya tenés porque te hacen mirar el agujero que siempre falta llenar o tapar. Y, creáse o no, estás en una posición de privilegio.

Porque hay gente viviendo en la calle que ni siquiera puede tomarse el tiempo de pensar en que tienen la posibilidad de tener otra vida. No lo saben, ni les interesa porque les preocupa su supervivencia. Y éste es sólo el ejemplo más sencillo. Tal vez en lugar de decir: “lo eligió antes de nacer (cosa con la que estoy en desacuerdo, porque pudo haber elegido el aprendizaje y no la experiencia en sí) y debe salir sólo de esa” podés darle una mano desde un lugar menos soberbio y sorete. Y capaz con un poquito hacés mucho, y hasta cambiás la perspectiva.

Entonces:

Lo que quiero transmitir es que seamos agradecidos, no desde una posición de superioridad, sino de compasión y empatía. Sí, dale, intencioná hacerte millonaria, pero que sea para poder ayudar al vecino al que se le voló el techo además de para comprar tu casa. ¿Me explico bien?

En un mundo social, a la sociedad la mejoramos entre todos, no haciendo sólo lo que puedo por mi ranchito. Trabajando, creciendo y compartiendo en red. Dándome cuenta de que si coseché veinte tomates y al vecino le comieron las tomateras las langostas, entonces le puedo compartir de mi cosecha y no guardarla para que se pudra porque no llego a consumirla entera.

El pensamiento de carencia nos hace acumular y tarde o temprano comprobamos que acumular tampoco nos tapa el agujero: es porque no hemos tomado la suficiente responsabilidad de cerrarlo desde abajo, desde la causa.

También, algo que es muy claro en el camino mientras lo transitamos, es que la riqueza, la sanación o lo que deseemos, se manifiesta naturalmente mientras más cómodos estamos con nuestra Alma y humanidad, con las dos juntas, no separadas. Ser espiritual implica ser humano, no vivir en un trance extático constante que ignora la tridimensión donde el cuerpo se ancla.

Resumiendo

Al inconsciente colectivo lo hacemos funcionar entre todos: más miedos tengo sin reconocer e integrar mi sombra, más miedo tendré de salir a la calle. Más agradecida soy por mis privilegios, mayor abundancia en todos los aspectos podré experimentar para aportar al colectivo -material y al inconsciente- y así estaré poniendo mi granito de arena en hacer de mi comunidad y del mundo, un lugar mejor. Y no sólo para mí, sino también para los que vienen atrás.

No somos superiores a nadie sólo por tener oportunidades y privilegios, hemos tenido suerte, hemos trabajado por ello, nos hemos esforzado y aprendido mucho. Pudimos tener siempre una casa, educación, alimento. Pero hay gente que no tiene nada de eso, que tal vez si no nos sacamos la venda de los ojos, nunca la tendrá. Porque no es sólo el estado el que tiene que hacerse cargo del menos afortunado: somos todos. A LA HUMANIDAD LA HACEMOS ENTRE TODOS.

Intencioná, visualizá y si querés aprendé a meditar para elevar tu vibración, conectá con las 7 leyes herméticas. Se puede, claro. Pero no te ilusiones con que tu vida mejorará y todos los problemas del mundo se habrán acabado. Si lográs lo que deseás, que ojalá así sea, corrés el riesgo de ponerte una venda en los ojos. De verdad, pasa y te olvidás de los que están en guerra, de los masacrados por fuerzas que deberían protegerles, de las mujeres asesinadas por sus parejas.

A veces siendo felices incluso nos olvidamos de agradecernos a nosotros mismos, de disfrutar de nuestras recompensas porque siempre creemos que falta más.

No es mi intención decirte “che, hay mucha mierda en el mundo, no disfrutes de tu felicidad”. ¡Para nada! Disfrutala, co-creála, gozate. Pero no te pongas la venda para hacer todo sólo para vos, por favor. Porque eso es lo que más nos daña: olvidar que todos somos todos. Que lo espiritual sea humano y vieceversa.

Eso es lo fundamental: aprovechar las oportunidades disponibles reconociendo que hay otros que no tienen ninguna y haciendo lo mínimo por el de al lado, no subirnos a un pedestal moral, pedorro y espiritualmente soberbio para sentirnos mejor.

Extra

Cuestioná y dudá de:

– los mensajes y cursos tipo “averiguá si sos Trabajador/a de la Luz” o si sos médium, o canal. Naturalmente todos lo somos.

-los cursos, retiros, etc que pidan cientos o miles de dólares. El conocimiento y la energía valen y quien lo brinda precisa dinero como vos para vivir, pero no dejes que se abusen. La sabiduría, de todos modos, no se puede comprar.

– los hombres que te dicen cómo vivir tu maternidad, tu menstruación o tu manera de dar la teta. Ningún estudioso lo sabrá mejor que alguien que lo vive.

– cada persona que te diga que sabe la verdad, que tiene seguidores que le llaman “Maestro/a”, que imita a grandes avatares como Buda o Jesús, que son muy “yoístas” y dan su mensaje desde un lugar egoico.

– las asociaciones, escuelas o personas que sean demasiado insistentes en que pagues algo que ellos ofrecen, que te asocies, inscribas, etc, sobretodo si se tornan agobiantes y/o violentos.

– los que te digan que tenés que estudiar sus propios contenidos (libros, cursos, etc) porque estarán haciendo foco en tu hemisferio racional y no te dejarán elegir con tu intuición qué te resulta verídico y qué no. No te dejan pensar por vos misma/o.

-los que aseguran que porque su mensaje es de determinada manera (canalizado, recibido a través de sus capacidades mediúmnicas, recordado de otras vidas, etc) es real. Claro que puede ser verdad para ellos, pero no necesariamente debe y puede sentirse verdadero para vos. En la búsqueda de la verdad estamos todos, y es personal, no única.

– todo, incluso de lo que te digo acá. Experimentá por vos misma/o. Permitite elegir cuál es tu verdad personal, para ser libre de dogmas ajenos y sobretodo para pensar de manera independiente. En esta era todos queremos alguien que nos de pautas, nos diga el cómo o nos sane. Pero nadie puede hacerlo por nosotros.

No compres creencias y maestros. Sos la única persona que sabe lo que necesita, incluso cuando tu mente racional cree que no.

Nos olvidamos que nosotros podemos hacerlo con el acompañante terapéutico adecuado, sea psicológico, chamánico, astrológico, el que mejor te resuene, porque es nuestro propio camino el que está envuelto, nuestro desarrollo.
Y si tu crecimiento te pide a gritos que tu medicina se la des al mundo, a veces sin importar lo que obtengas a cambio, entonces ahí estarás haciendo un verdadero camino espiritual de regreso a casa, y haciendo de esta Tierra su mejor versión, allanando el camino hacia la 5D.

Lo hacemos juntos, no separados.

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Espiritualidad privilegiada.

Damos por sentada nuestra supervivencia porque tenemos cubiertas todas nuestras necesidades básicas. Por eso podemos elegir un trabajo, o dejarlo y emprender, cambiar el rumbo de nuestro camino profesional, elegir qué comer, etc. En sí, podemos elegir y ya eso dice todo. Tenemos la consciencia disponible -porque tenemos tiempo y no nos preocupamos por subsistir- para expandirla, meditar, hacer yoga, y aprender cómo manifestar lo que deseamos. Podemos acercarnos al conocimiento, libros y cultura que nos abrirán nuevas puertas. Podemos elegir.

Hay gente que no.

No todos tenemos la chance de elegir. No todos tenemos las mismas posibilidades. No todos tenemos la misma comodidad, seguridad y estabilidad dentro de la sociedad. No todos estamos seguros en casa. Muchos no sufrimos discriminación ni racialización ni abusos. La mayoría tenemos un techo sobre nuestras cabezas.

Pero quienes sí podemos elegir, tenemos la responsabilidad no sólo de hacernos cargo de lo que deseamos crear, sino también de pensar en el colectivo al hacerlo, porque no vivimos solos.
Nuestra mayor responsabilidad es no ser ciegos ni negadores.

Es un tema tan delicado como extenso, y hay miles de ejemplos diferentes. Creo, personalmente, que sí somos capaces de crearlo todo, pero depende de tener la posibilidad de aprender eso, de intentarlo y de lograrlo.
Me parece que en el camino de crecimiento personal, es necesario no vivir en una nube de pedos con elefantes rosas sirviendo champagne. Porque lo personal es colectivo y abrazar la “espiritualidad” no puede ni debe ser nunca una tarea egoísta y romantizada.

Ser mejor ser humano implica trabajar en uno mismo, responsabilizarse de la propia mierda y ser consciente de que eso es un paso para crear una sociedad mejor, sin tanta brecha social, discriminación y con posibilidades de crecimiento -de todo tipo- iguales para todos.

Es urgente cortar con la “espiritualidad” superflua y egoísta.
Bienvenido Neptuno a retrogradar.