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Invertir en vos

Me cuesta mucho decir que mi camino es por la vía espiritual.

Que para llegar a vivir en armonía, mi aporte tiene un camino guiado por lo divinidad que soy y que tod@s somos.

Que para llegar a la coherencia con la propia naturaleza, mi manera de guiar tiene pasos necesarios: hacerse consciente de lo que nos genera dolor (“despertar”), abrazarlo (amigarse con la sombra), desprogramarse de viejas creencias y reprogramarse para recordar y expresar la propia esencia.

Y eso que ofrezco al mundo es lo que hago en mi vida, cada día. No puedo más que ser ejemplo de lo que comunico, porque de otro modo sería hipócrita.

Este camino también tiene muchas instancias de peregrinaje sagrado para recordar lo que nos ha traído a esta vida: a veces se necesita psicoterapia, otras la sanación viene con registros akáshicos y regresiones, y muchas otras, con comprometerse con la propia sacralidad meditando con mantras, volver al cuerpo con yoga y ayurveda, sumergirse en escritos y sabidurías sagradas de la antigüedad, relacionarse con las diosas interiores, etc.

Me dió vergüenza, muchas veces, admitir mi sabiduría. Me avergonzaba por el qué dirán, porque así como mucha gente habla sin saber, yo también lo he hecho.

Pero seguir ocultándome por temor a eso, sólo me dejaba cada vez más chiquita, temiendo que me creyeran egocéntrica por vivir en una sociedad que no habilita el amor propio. Entonces dejé de darle energía a mirar a los demás. Y me sigo liberando -cada día un poco más- del miedo al qué dirán.

Lo que te ofrezco con mi trabajo es todo lo que vivo día a día: la desprogramación constante a nivel mental y genético (gracias a la astrología, diseño humano y llaves genéticas) para ser canal de tu divinidad a nivel espiritual. Para tener una vida armónica y coherente. Soy eso, eso doy, ese es mi aporte al mundo en este momento. Mañana no lo sé, ni lo voy a controlar, debo seguir el llamado siempre.

Y para llegar a reconocer mi magia, habitar mi sabiduría e integrar el conocimiento en el cuerpo, me tuve que conocer a fondo. Lo hago cada día, es un viaje sin final y sin retorno.

Y para todo eso, tuve que invertir en mí. Tuve que dejar de temerle al compromiso, a hacerme cargo, a invertir tiempo, dinero y energía en mí misma. Porque soy mi mejor creación y es preciso permitirme volver a mi perfección original, a reconocer lo sagrada que soy y lo importante que es mi lugar en el mundo, como el tuyo.

No es pérdida de tiempo ni de dinero, no te empobrece invertir en vos: te llena de la abundancia que sos al reconocerte rica, agradecida, alineada. Comprender que sos mucho más que tu identidad te permite vivir una vida más libre de ataduras, lealtades o condicionamientos que te ahogan.

Invertir en vos es permitirte gozar la vida en lugar de seguir resistiéndote a reconocer y compartir tu magia interior.

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¿Qué querés ser cuando seas niña?

Cuando era chica no tenía un juego favorito, porque recuerdo vívidamente la sensación de elegir a qué jugar en base a lo que sentía ese día.

La recuerdo porque es la misma sensación-conexión que hoy en día me permite escoger de qué trabajar, en qué enfocarme, qué hacer -o no- en mi tiempo libre.

Desde bruja que tenía su propio idioma en código y hacía pócimas, hasta dueña de una agencia de viajes y de un barco en el que vivía; pasando por estar horas en la carpa de sábanas que mamá me había armado, o por sentarme a hacer bijouterie, armar la casa de las Barbies, escribir cuentos a máquina o cocinarle galletitas a mis abuelos, todo me sumergía en mi creatividad, alimentada sencillamente por lo que amo hacer.

Cuando llegué a Diseño Humano y me descubrí Generadora, entendí que estamos acá para hacer lo que amamos y que ése, de por sí, ya es nuestro propósito en el mundo. Porque amando lo que hacemos es que generamos energía magnética, una que nos sostiene y sostiene a nuestro mundo, explayándose.

De todo eso a lo que jugaba cuando era chica, un gran porcentaje terminó convirtiéndose en un trabajo o directamente en parte de mi identidad, y aprendí a respetar el ritmo de mis deseos, que salen de mí y no buscan que algo venga a llenarme, sino que sólo debo seguirlos, responder a ellos.

Hoy en día, cada vez que tengo que tomar una decisión -cualquiera que sea- le pregunto a mi cuerpo y a mi niña qué es lo que desean hacer primero, en qué enfocarnos. A veces elegimos lo menos placentero primero, para gozar lo que nos da mayor disfrute después.

¿Vos qué cosas disfrutabas cuando eras chica?

¿Cuáles eran tus juegos favoritos?

¿Sentís que hay una conexión entre eso y aquello que amás hacer en tu presente?

¿O sentís que es hora de recuperar ese contacto para sentir mayor vitalidad y energía?

¿Dejás salir a la niña a jugar?

¿Qué querés ser cuando seas niña?

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Volver a mí

Me equivoqué.

Estuve mucho tiempo persiguiendo cosas que no tenían verdadero sentido para mí.

Me tropecé con un montón de piedras que le sacaban el gusto a disfrute a lo que hacía y cometí el error de darles poder.

Quise pertenecer y me convertí parcialmente en alguien que no era, cuestionando hasta mis bases.

Y cuando esas bases temblaron, fui mi propio terremoto y me quebré.

Entré en la rosca de pensarlo todo y todo el tiempo, de recuperar temores antiguos y enterrados, como si con ellos fuera a recuperar el tiempo perdido.

Saqué mil conclusiones, lo analicé todo, me busqué y busqué sanación, goce y abundancia por todas partes, allá afuera, cuando nada parecía brillar por dentro.

Tomé malas decisiones, erradiqué yuyos que eran nutritivos, y los vomité intentando devolverles la vida, para enmendar al menos algún error.

Todo me dijo que tenía que PARAR.

Ir más despacio, dar pequeños pasos.

Comencé a aprender diseño humano y supe que lo tenía que digerir lentamente, que si iba a incorporar algo no podía ser a los mordiscones como antes, que tenía que hacerlo carne y experiencia primero.

Y en las ansias de recuperar mi naturaleza, no supe cómo hacerlo si no era de manera radical e intempestiva.

Me dí cuenta, luego de tocar otra profundidad, mucho más densa que las anteriores, que estaba usando máscaras que no son yo, que en lugar de complementarme me asfixiaban. Me dolía más sostenerlas que arrancarlas.

Me cuestioné la estructura de mi realidad pero me fui de mambo y me cuestioné hasta mi vida.

Y cuando abrí los ojos, tenía ganas de vomitar, desintoxicarme, de vaciarme de todo lo que pretendí ser y de lo que mi mente cree que debo ser. No quiero ser más yo.

Así que me estoy vaciando. Estoy volviendo a sentir, porque de tanta mente había apagado, yo sola, mi fuego.

La serpiente se desenroscó y es hora de que pierda el miedo de mirarse a sí misma y reconocerse hecha de magia, abundancia y poder. Ser canal, qué complejo ha sido hacerme cargo.

La verdadera libertad es aceptar.

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Vocación & Propósito

Todos nacemos con un propósito que va más allá de la vocación y el trabajo, es lo que los japoneses llaman ikigai. Tu ikigai es tu manera de encontrarle sentido a la vida y de hacer lo que sea que hagas (más allá de lo laboral) por placer, con alegría y disfrute.
También -creo- el propósito de todo lo que creamos y experimentamos en la vida es evolutivo, es de crecimiento espiritual a través de todos los tiempos y espacios que habitemos, pero acá me pongo muy esotérica. 😅

El ikigai no es laboral, pero dentro de él podemos encontrar a nuestra vocación, que es parte de ese gran propósito que es nuestra existencia. Y tu vocación te permite ganar ingresos y vivir en la Tierra sintiendo que tenés una vida con sentido y ya no funcionando en automático para sobrevivir en lugar de gozar y honrar tu existencia entera.

No se trata de responder al mandato social de “tener que tener” una vocación profesional para ser funcional a la idea del obrero del capitalismo, sino de encontrar realmente lo que te llena el alma para poder VIVIR GOZANDO tu existencia en esta Tierra, en lugar de sobrevivir en automático. Porque, sí, plata para vivir precisamos todos y mejor hacerla disfrutando.

Hacer lo que amás no tiene que ser un trabajo. Pero cualquiera sea el trabajo que hagas, es hermoso que sea algo que ames. Porque sino la vida pierde sentido, respondemos y actuamos en automático bajando la cabeza ante lo injusto, temiendo todo el tiempo a la carencia, al cambio, a los desafíos. Pero ojo, hacer lo que amás no es garantía de llenarte de guita (ojalá así fuera) porque emprender, descubrir tu camino, tu medicina, requiere un plan definido.

Y para todo eso creé este proceso de sesiones llamado Vocación & Propósito: para ayudarte a descubrir tu vocación, lo que le da sentido a tu vida (tu ikigai) y para poder crear un emprendimiento que llene de belleza, armonía y abundancia tu mundo. El proceso consta de once sesiones pero no las llevamos a cabo solas: nos guía también con su sabiduría mi socia Eve @semillaemprendedora

¿Estás lista para ese cambio que necesitás?

Encontrás toda la info aquí.

¡Esperamos ser parte de tu camino!

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Sol conjunción Urano en Tauro

Te despertás angustiada, harta, con cero motivación para lo que tenés que hacer en el día.
No estás sintiendo la conexión ni siquiera con las excusas de siempre.
Te bajonea pensar en crear ingresos de la misma manera en la que lo venís haciendo, pero más te hunde la idea de no saber qué hacer.
Estuviste demasiado tiempo perdida como para no tener ganas de disipar la neblina de un sopapo.

Capaz es que llegó la hora de encarar el cambio, de dar el primer paso, de moverte fuera de la seguridad para crear nuevas realidades, para darte más tiempo para el placer, el disfrute.
Estar vivos no puede ser tener que sobrevivir todo el tiempo.
El sistema nos consume, somos presas de nuestros miedos y creencias, de nuestras inseguridades, incluso de nuestras tristezas.
No puedo sostener más lo que no me motiva.
Lo que me hunde, me estanca, me destruye.
Lo que aparentemente me da algo pero me quita todo, hasta el aire, las ganas de confiar en que hay luz al final del túnel.

Seguir el llamado interno es atravesar la incertidumbre, es arriesgarse a lo desconocido y probar nuevos sabores de la vida que antes ni pensábamos que podíamos o íbamos a querer probar.

¿Qué pasa con el miedo al cambio?
Mejor que se vaya porque es hora de cargar la batería por completo.

El #Sol se unió anoche a #Urano y el hambre de mutación es más grande que la zona cómoda.

Tal vez sea hora de despertar a la medicina interior, seguir un camino propio, romper reglas, miedos, creencias y mandatos limitantes.
Tal vez la sanadora interior quiere tomar el mando.
Tal vez tu ser creativo te pide que lo escuches.
Tal vez tu magia necesita salir porque el mundo está precisando de ella.
La idea de vender tu magia no es algo que molesta: le estarías haciendo un favor al mundo dándole eso que sólo vos podrías darle.
Entonces tal vez sea hora de ser caradura, de animarte a lanzarte a ese camino que vislumbrás en el horizonte, de dejar de estar sometida a tus miedos.
Porque…

¿Cuántos miedos más te van a frenar de vivir disfrutando la única vida que tenés?

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Venus rx sextil Neptuno

Venus rx en Capricornio está perfeccionando un sextil a Neptuno en Piscis que, aunque breve, apunta hacia la claridad de nuestra búsqueda, tanto vincular como de nuestros propios deseos.

Es un momento de lucidez espiritual, de seguir los dictados del Alma, de despertar consciencia al respecto de cuánto nos han apresado los sistemas de educación y obediencia, para convertirnos en modelos seriados de personajes que en realidad no somos. Para hacernos olvidar de nuestra magia, del poder de lxs ancestrxs que llevamos en la sangre.

Buscando la pertenencia y la aceptación nos hemos herido a nosotrxs mismxs, por creer que teníamos que ser como se nos ha impuesto que debíamos ser y funcionar. Y ha llegado la hora de rebelarse desde el amor.

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Venus y la Luna representan arquetipos inconscientes que nos llevan a la búsqueda de respuestas del misterio que somos, indistintamente del género con el que hayamos nacido. Nos guían en nuestros ciclos, en momentos de luz y marea alta y también cuando necesitamos entrar a la cueva para encontrarnos cara a cara con los miedos, el dolor, la propia herida. Son energías que entendemos instintivamente, y que si seguimos su juego en el cielo, podemos comprender mucho de nosotrxs mismxs.

Estos dos personajes cósmicos se alían mes a mes para ayudarnos a recordar nuestro hogar, a la Diosa Creadora, a la Fuente, incluso. Siguiendo sus ritmos es que entendemos que todo está vivo, todo pulsa, late, y sigue un fluir armónicamente sincrónico.

Lo que haga Venus junto a Neptuno, su octava mayor, y junto a la Luna, nos propone despertar hacia la verdad interior, al balance de nuestras energías yin y yang interiores, a reconectar con la Diosa Creadora, con los arquetipos femeninos de nuestra psique que tan ocultos y bastardeados estuvieron por siglos.

Venus es la guía para recuperar el contacto con nuestra energía primigenia, el origen. La magia.

Mientras sigue en el inframundo sin verse, va a unirse al Sol en unos días y marcar así la mitad de su retrogradación. También indicará el inicio del peregrinaje en que les propongo seguir sus pasos para reconectar con el amor propio, la magia, las sombras, las luces y la Diosa.

¿Me acompañan?

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La esencia no se puede copiar

Al respetar tus procesos de conexión con tu propia esencia para florecer, es natural que otras personas quieran florecer igual.
En la naturaleza, ninguna flor es igual a otra: cada una conoce su singularidad y la expresa sintiéndose bella por el mero hecho de existir.
Y, aunque algunas bailen al ritmo de climas cálidos, las que florecen con frío respetan su propio ciclo, no se apuran por florecer sólo porque otras ya lo han hecho. Saben que seguir su proceso individual es lo que les permitirá expresarse con toda su personalidad.

A los humanos nos cuesta respetar nuestros propios tiempos, ser pacientes con nosotros mismos. Especialmente cuando vemos que personas que nos inspiran florecen sin pudor ni limitación, en todo su esplendor.

Cada vez que siento que vuelvo a florecer, luego del período de incubación de mi propia semilla, se despiertan nuevas cosas en mí. Sobretodo cuando me doy tiempo de desconexión virtual y silencio, para conectar conmigo.

Todo lo que ofrezco en mi trabajo (sesiones, cursos, experiencias) nace de esos momentos: cuando siento que mi Yo Superior me “da la orden”.
Pertenezco a esos seres cuyo propósito colectivo nace de la propia misión evolutiva personal. Sin meterme en las palabras “propósito” y “misión” (en esto profundizaré luego), muchas personas sentimos la necesidad de ofrecer nuestros procesos personales como servicio al mundo. Y desde allí creamos nuevas formas, bailando entre procesos, pausas, hibernación, pequeñas muertes y grandes renacimientos de florecimiento.

Y ya he visto muchas veces que un tiempo después de lanzar algo nuevo o de mutar, alguien más ofrece algo casi idéntico.
Creo que las ideas nos llegan a muchos al mismo tiempo, pero la manera en las que las bajamos a tierra dependerá de nuestra esencia y de nuestra conexión con nosotras mismas.

Alguien podrá copiarte, sí. Pero esa persona no es vos, ni tiene tu esencia.
En el camino de descubrir la suya puede sentir inseguridades que la llevan a “inspirarse” en vos.
Paciencia. No sabemos porqué lo hace, ni importa. Todos a veces estamos un poco perdidos.

Ocupate de florecer a tu ritmo, que lo que resuena con tu esencia siempre encuentra el camino de llegar a vos.

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No necesitás validar tu esencia (ante nadie)

Siempre buscamos cosas que nos hagan sentir especiales o al menos, más especiales que alguien más. Buscamos hacer cosas que incluso nos hagan sentir así, especiales y espaciales.

Buscamos la distinción, lo único, la originalidad. Queremos ser recordados por lo especiales que somos, y por eso también cada cosa que nos recuerde que lo somos (haber nacido en un día con números iguales, o el día de un eclipse, o incluso haber vivido algo excepcional, etc) la llevamos para donde vamos, así le demostramos al resto esa cosa que nos hace resaltar.

Hasta que nos encontramos en un grupo donde todos son tan especiales como nosotros, o nos abrimos a la perspectiva de que, en el mundo, todos lo somos.
Y al ego eso no le gusta, le pega feo, le cae mal al estómago. Al fin y al cabo, eso que yo creía que me hacía única, ya lo tiene otro, para qué, si total…
Nos frustramos, sentimos que nos robaron la magia.

Bueno, esa es una de las sombras de Acuario. El buscar ser especial y diferente desde un lugar egoico -juego de sombras con Leo- y haber olvidado conocernos realmente para poder sentir eso que sí habla de nuestra unicidad: la esencia.

Cuando no conozco mi propia esencia, cualquier cosa que me diga que soy más especial que otros, me servirá para preguntarle a la astróloga qué significa haber nacido un 7/7 o en un día de eclipse, o pedirle a la tarotista que me traduzca mis sueños constantes con algún arcano.

No, no quita que en esos ejemplos o cualquier otro se esté expresando nuestra esencia: es que buscamos la validación para ella allá afuera. Con datos, con otras personas. No nos creemos de por sí ya lo suficientemente únicos como para validar nuestra vida por el simple hecho de existir. Y seguimos en la búsqueda de información para ver si aunque sea en otra vida pasada puedo validar algo que me haga diferente, que me saque de la matriz donde a todos veo grises e iguales.

¿No será que porque me estoy sintiendo gris e igual estoy en esa búsqueda?
Habrá datos que te recuerden que sos especial, pero para que lo sigas recordando mirando adentro y no buscándolos para sentir validación externa.

Sigo reflexionando sobre la ya pasada Luna llena en Acuario…
Feliz noche.