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Ritual de pedido al Alma Familiar

Cuando trabajemos con nuestro árbol genealógico, sería bueno poder hacer un ritual de pedido al Alma Familiar, para pedirle asistencia y guía en nuestro camino. Se dice que ella nos convocó y nos trajo hasta acá…

Ritual para hacerle un pedido al Alma Familiar:

-Sentate en algún lugar tranquilo, en una posición cómoda, y cerrá los ojos. Relajá todo tu cuerpo poco a poco, desde los pies hasta la cabeza. Respirá profunda y lentamente, varias veces, para ayudar a relajar el cuerpo.

-Visualizá que estás frente a un lago, que es como un espejo de agua azul, muy calmo, y detrás tuyo hay un árbol gigante, cuyas raíces llegan muy profundo en la tierra. Al recostarte en su tronco te sentís segura, protegida, y sus ramas y follaje son abundantes, verdes, vivos.

-Te acercás al lago y en él ves tu reflejo. Él representa al Alma Familiar.

-Repetí: “Querida Alma Familiar, estoy disponible y dispuesta a que se reavive la memoria, a desenterrar los secretos, a integrar a los excluídos, a sanar y liberar el pasado, para mi bienestar, el de todos mis ancestros y el de las futuras generaciones.”

-Ahora que el Alma Familiar te escucha, hablále, hacé tu pedido, dirigite a algún ancestro en particular, o deciles que estás lista para limpiar. Pedile asistencia, con la consciencia de que lo que surja, será siempre para el mayor bien de todos los involucrados.

-Tu pedido cae en el lago suavemente, generando ondas en el agua, es recibido por el Alma Familiar, que ya te ha escuchado y ha puesto en marcha tu pedido.

-Puede que sientas cambios en vos, que obtengas información, que sueñes, que aparezcan familiares con datos que precisabas, etc

-Hacé una reverencia en agradecimiento, respirá, y comenzá a moverte de a poquito.

-Tip: podés grabar esta meditación con tu propia voz en el celular y escucharla con auriculares para que no te distraiga el ruido ambiente.

Esta meditación es de autoría de Ezequiel Sánchez y Claudia Azicri, del curso de Astrogenealogía (que super recomiendo).

Que te sea de mucha utilidad y sanación. 🙂

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Sanar al árbol genealógico.

Cuando comenzamos un proceso de sanación de nuestro árbol genealógico y buscamos liberarnos de todo lo que él pretende de nosotros, el árbol reacciona y protesta. Te hace sentir culpa, te abraza más fuerte y te dice que sólo en él podés estar segura. O te ofende, surgen peleas fuertes y discusiones interminables…

El árbol tiene vida propia, tiene Alma. Lo mejor es hablarle con amor, aunque el hartazgo también sirve (pero seguro aparecen la culpa, los enojos de otros miembros, etc). En sí lo que importa es que estés decidida a no repetir los sucesos, lealtades, historias y contratos del árbol, en tu vida.

Para sanar hay que dejar atrás la vieja piel, nuestra vieja identidad, la que nos daba nuestro árbol: la zona cómoda. Cambiar de nombre no suena tan loco después de esto, o recibir tu nombre cósmico -se dice que es tu verdadero nombre, el de tu esencia divina-.

No se trata de eliminar algo de tu árbol, sino de encontrar el tesoro oculto en cada traición, en cada dolor. Para la psicomagia, todo tiene algo que enseñarte.

No sería loco que al sacudir las ramas del árbol, te sientas energéticamente agotada, o necesites descansar más para recuperar energía.

Cuando trabajemos con nuestro árbol genealógico, sería bueno poder hacer un ritual de pedido al Alma familiar, para pedirle asistencia y guía en nuestro camino. Se dice que ella nos convocó y nos trajo hasta acá…

Mientras escribía esto, leyendo sobre genealogía, me empecé a sentir descompuesta, con náuseas. Y esto me hace comentarles algo importante: siéntanse. De sentirse, y de sentarse también. Al indagar en el árbol, realmente se mueve muchísima energía, y es más fuerte de la que se puedan imaginar. Permítanse sentir y dejen fluir todo lo que sea que les atraviese. Porque quiere ser liberado y si llegó hasta nosotros la tarea, es porque nos toca.

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Venus en Cáncer y Sol en Géminis: la niña interna

Venus en Cáncer se encuentra en el signo de mayor energía femenina y nos ayuda a comprender cómo el pasado y las relaciones con las mujeres de nuestra familia nos hicieron la mujer que hoy somos. Cáncer es el signo de la madre porque está regido por la Luna, que también la representa, y la Luna rige nuestras necesidades.
Cuando éramos niñas nuestra madre no sólo fue nuestro primer amor, sino que también fue -en la mayoría de los casos- quien cubría todas nuestras necesidades. Con el tiempo fuimos dándole esa responsabilidad a otras personas (parejas sobretodo) y nos preguntábamos porqué la cosa fallaba…

Ahora, adultas, podemos entender que nadie más que nosotras debe encargarse de nuestras necesidades, que somos las únicas con quienes vamos a estar toda la vida y que sin duda debemos aprender a ser nuestras propias madres: atender nuestras necesidades, mimarnos cuando nos sentimos mal (eso implica no castigarnos ni criticarnos), consentirnos, cuidarnos cuando estamos enfermas, e incluso hasta premiarnos luego de lograr algo que nos resulta enorme. No es cuestión de ser las Peter Pan de la ciudad, pero sí de darnos cuenta que podemos tratarnos bien sin necesidad de pretender que los demás estén pendientes de nosotros, abrir los ojos a que dentro nuestro sigue viva la niña interna que quiere amor y cuidados de la mujer en la que nos hemos convertido o estamos convirtiendo.

No podemos ser toda la vida las niñas de mamá o papá porque eso sencillamente implicaría no ser libres de crecer y de mantenernos, de ser autosuficientes. Si bien puede ser algo dulce tener códigos con tus padres, me refiero más a la interpretación interna que le damos a eso. Siempre vamos a necesitar abrazos de mamá y/o papá, siempre. Pero darnos cuenta que ellos no tienen la obligación de cubrir nuestras necesidades internas es el primer paso hacia la madurez.

El Sol en Géminis quiere jugar con la niña interna de Venus en Cáncer. Son dos tránsitos algo infantiles que, bien usados en su alta energía, pueden llevarnos a recordar todo lo que fuimos y lo que internamente seguimos siendo.

Las terapias o meditaciones que nos hacen conectar con nuestra niña interior son pasajes hacia la conexión con nuestro ser completo, sobretodo si necesitamos trabajar el perdón, la reconciliación con nuestro pasado, los miedos e inseguridades y las dificultades de apegos y dependencias.

Venus en Cáncer juega a ser madre y puede ser hija: nos enseña a cuidarnos para poder cuidar más adelante de alguien más. El Sol en Géminis es el niño que siempre quiere jugar, que los disfruta, que ríe y está de buen humor. Que ambos estén en el cielo al mismo tiempo nos ayuda a conectar con esa pequeña humanita que fuimos para llenarla de amor.
Para conectar con ella no es necesario meditar en un templo o sentarte horas en silencio, simplemente recordá lo lindo que era ser niña o si no pudiste disfrutar tu infancia, imaginate lo que te hubiera gustado hacer. Además, recuperar esa conexión nos abre las puertas hacia la creatividad y la imaginación, además de que ayuda a sanar muchos aspectos internos.

Vivimos con la cabeza ocupada en pre-ocupaciones (nos pre-ocupamos de asuntos que queremos controlar porque tememos que no salgan como lo esperamos), trabajamos, mantenemos un hogar, nos encargamos de estar presentes para la familia, amigos, hacemos deporte, tenemos emprendimientos….¿pero cuándo nos hacemos tiempo para jugar? Para hacer algo que no nos reditúe económicamente, que nos relaje al nivel de no darnos cuenta que el tiempo pasó pero tampoco sentir la “culpa” de que lo perdimos…
¿Cuándo jugás sin preocuparte por nada, dejando la cabeza libre?

La conexión con el juego inmediatamente nos lleva hacia adentro, hacia la niña que sigue ahí, que nunca se fue.
La vida no es una carrera para ver quién trabaja más, quién es más exitosa ni quién es la mejor en algo. Los espacios de recreación y distensión son tan necesarios como las cuatro comidas diarias y el descanso. Date el permiso de salir de la rutina, de hamacarte sin prejuicios, de saltar a la soga o de correr sin saber adónde. De juntar caracoles en la playa, saltear baldosas con un pie o caminar en fila sobre algún murito. De dibujar sin pensar, de escribir con la mano no dominante, de estar despeinada, sin maquillaje y en pijama todo un fin de semana, de mirar tus dibujitos favoritos o de crear algo que te remonte a tus juegos preferidos.

Tu niña interna quiere que la abraces, la integres y la hagas parte de tu vida diaria, quiere jugar.
Es parte de ser libre y de recordar de dónde venís.
Es parte de ser vos.