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Venus ingresa a Piscis

En la mañana del 25 de febrero, Venus ingresó al signo de Piscis para ir cerrando su vuelta zodiacal, y llegará a Aries casi al mismo tiempo que el Sol, aunque el astro lo hará el 20 y Venus el 21.

Venus, el deseo que nos habita.
En Piscis, ese deseo es de fundición con el otro, con lo que amamos incondicionalmente, con la fuerza divina que somos.
Me parece un momento hermoso acuapisciano de la vida, de la historia.

La espiritualidad suele representar tan sólo una parte de nuestras vidas y, sin embargo, cuando nos sumergimos en ella nos damos cuenta que es todo.
Encontramos respuestas, nos abrimos al misterio de la vida.

Somos espíritu viviendo en la materia.
Desde que transito este camino me he sentido más fuerte, más acompañada y también más sola, hasta que comencé a conectar con mi tribu. Tuve que activar muchísimo mi corazón (y mi Venus pisciana natal) para llegar a eso. Me he permitido renacer una y mil veces como esa Venus que nace de la espuma marina, que es como la sonrisa del mar, dice mi mamá.

Hija de las aguas, en Piscis encuentra su gozo, su expansión de todos los chakras, el equilibrio de ser canal, su gran deleite y disfrute.

En aquella vibratocracia que me encuentro cuestionando, mis creencias que se rompen dibujan, entre sus pedazos, nuevas perspectivas.

Siempre creí que cada cual vive su vida y su abundancia de acuerdo al Plan que diseñó y “firmó” antes de encarnar. Si en esta vida toca la carencia, “algo se habrá hecho en otra vida pasada”, “algo tendrá que pagar”. Sin embargo, con la información que me ha llegado desde hace tiempo, en este presente y desde hace unos años, ya no cargamos karma de vidas pasadas. Los nuevos seres llegan al planeta libres de cargas y, en caso de que algunas aparezcan, se resuelven muy rápidamente.

Entonces, pagamos lo que hacemos en esta misma vida. Aquí y ahora, en el presente continuo. No me importa la justicia legal porque en ella ya no creo: creo en las emociones que cada quien transita de acuerdo a lo que hace. Uno hace su propia justicia.

Si ansío que la justicia legal se cumpla, vivo con una falsa esperanza, dependiendo de factores que jamás podré controlar. Pero no tienen que pensar como yo, es simplemente una expresión que me da calma, me tranquiliza.

Venus en Piscis nos trae, entonces, la revelación de que si no hay karma que pagar de antaño… ¿no será que la sociedad actual, en una gran parte, “firmó” un contrato donde aceptaría despertar pero antes atravesaría grandes dificultades creadas por el capitalismo? ¿No será que a quien le falta trabajo y le insistimos con “vibrar alto” desde nuestros sillones, le llegaría la herramienta si se le presentara desde un lugar más humano, empático y sensible, en lugar de soberbio y privilegiado? ¿No será que, ser espiritual es también ayudarle a esa persona a repartir su CV y dándole palabras de aliento? Cada cual es dueño de su camino, pero vivimos en red. Nadie está exento de marcar al otro con una palabra, un mensaje, una mirada, un abrazo, una muestra de afecto.

¿No será que, si tengo la chance de estar en contacto con mi mundo espiritual, puedo contagiar al resto? ¿Puedo ser sensible a las necesidades materiales y físicas de otros sin necesariamente demostrar que lo espiritual es lo que despierta consciencia?

Tal vez, abriendo la cabeza, veamos que ser espiritual ya lo somos, y ponerlo en práctica es, sencillamente, abrazar al otro desde el amor y desde el no juicio, sea cual sea el camino que haya elegido transitar.

Su espiritualidad será entonces diferente a la nuestra. Y no por eso tendrá que ser juzgada o disminuída.

Así comprenderemos que la espiritualidad está en todo. Y que, como dice Venus en Piscis, el amor es el secreto.