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Temporada de eclipses

Al atravesar dos temporadas de eclipses por año, más una Luna llena por mes -entre otros tantos aspectos- tenemos muchas oportunidades para aprender a cerrar historias, dejar ir apegos, cambiar, el famoso soltar y fluir con el oleaje de la vida.

Sin embargo seguimos muchas veces ahí, atrapados en la trampa de lo incómodamente cómodo, resistiendo, bloqueando el crecimiento, sosteniendo a la fuerza lo que ya pereció, lo que se pudre entre las manos, y manteniendo las puertas cerradas para que no ingrese el tan desestabilizador -y auspicioso- cambio.

Dicen por ahí que en temporada de eclipses suceden cosas “predestinadas”. A la velocidad energética con la que todo se está moviendo, me cuesta aferrarme a la idea de “lo que tiene que pasar, pasará” o que hay cosas que resolver de otras vidas que “vendrán a tocar tu puerta”, mientras me quedo esperando en el sillón, cambiando de canal, como si todos tuviéramos la oportunidad de vivir una única experiencia, predeterminada en automático.

No sabría confirmar si hay o no un destino predestinado para cada quien. Es más, me resuena mucho más la posibilidad de los destinos múltiples, basados en las elecciones propias pero también en la suerte.

Aquello predestinado podrá depender de vos, pero también de tu suerte, del país donde naciste, de la situación familiar donde te criaste -si es que te criaste con familia- y un montón de otros factores que podemos comprender como designios de la suerte o incluso divinos, tal vez como parte de ese plan de vida que se dice que el Alma “firma” antes de encarnar. Qué se yo.

El desapego es sanador. Estamos acostumbrados a incorporar, sumar, agregar, y acumular. Y cuando tenemos que restar, desaprender, eliminar, regalar, tirar o desapegarnos, nos duele porque no creemos que eso también nos hará sentir seguros y estables. Porque olvidamos que la estabilidad no viene de afuera.

Los eclipses en el eje Géminis-Sagitario nos pueden guiar a cuestionar nuestras creencias más arraigadas y eso puede doler cuanto más recurramos a ellas para sentir seguridad. Sin embargo cuestionarnos y animarnos a dejar atrás lo que ya nos dijo en todo tipo de códigos y mensajes que no es para ser, es liberador.