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Reflexiones de Luna llena

Hay familias grandes y familias pequeñas.
Familias que tienen mucho y otras que tienen muy poco, o casi nada.
Y a veces las que parecen no tener nada tienen mucho,
y las que parecen tenerlo todo, están llenas de vacíos.
Hay familia de sangre y familia del Alma,
las que se expanden en amor y las que se cierran para no dejar ingresar a extraños.
Hay familias que incluyen y otras que excluyen.
Hay secretos familiares y familiares ofendidos,
están los que se vinculan desde la madurez y los que lo hacen desde el niño herido.
Hay familias con historias muy duras y otras “más favorecidas”.
Hay familias unidas, las hay separadas, enteras y rotas. Ensambladas.
Hay familias que se han vuelto a armar y otras que no saben cómo hacerlo.
Hay familiares que parecen conocerte desde antes y otros que dejaron de hacerlo porque no les interesaba.
Hay familiares que lo dan todo y otros que se quedan con todo.

Hay familias felices y otras que duelen un montón. Familiares que siempre están y otros que ni recuerdan el sistema del que son parte, o no les interesa. O que lo hacen cuando les conviene, cuando les sirve para obtener algo o para demostrar algo que lograron.
Porque hay familiares materialistas y otros a quienes les importan más otras cosas.

Dentro de una familia hay muchas otras familias. No es una sola, es un montón.
Somos sistemas uniéndose a sistemas y creando nuevos núcleos.
A veces en tu familia pertenecés y otras tantas tenés que hacer fuerza para encajar, aunque el molde no sea justo para vos. Hasta que te cansás de intentarlo.

En mi familia somos un montón pero mirando de cerca, somos muy pocos.
Llevo en el corazón a muchos que hoy puedo seguir abrazando y escuchando, y a otros a quienes ya no veo en este plano pero siento.
Tengo tías y tíos adorados y otros que ya ni veo. Tengo primas que son hermanas y amigas que también lo son. Tengo hermanas de sangre lejos y hermanas de la vida muy cerca.
Cada familia es un mundo. Y si en la tuya no encajás, siempre tenés la opción de crear la tuya propia, que comienza desde vos misma.

Reflexiones de una segunda Luna llena en Acuario que, como toda Luna llena, nos ayuda a abrir los ojos.