Publicado el

Noche de Brujas

Nunca nadie quiere ser de Escorpio.

No así las personas que encarnan con su Sol a este arquetipo tan temido.
Escorpio es mi ascendente y, lejos de integrarlo, siento que cada vez soy más esa energía, al menos en este momento. En el juego de identificarnos con los arquetipos, Escorpio me devora cada vez más. Porque es eso lo que hace, ¿cierto?

Mi Sol en Acuario está esperando su turno, y a veces cuando se cansa de esperar emerge y lo sacude todo cual huracán. Pero Escorpio siempre está ahí.

Le he temido tanto que no me quedó otra que decirme a mí misma y en voz alta, mis miedos más grandes. Hacerme grande frente a la adversidad ilusoria que representan.

Verme en otros con decepción, lastimarme siendo ese otro, ser el pantano, llorar viendo mi sombra, entristecerme, hundirme en obsesiones y en depresiones por no ser toda luz, intoxicarme con mi propio veneno, aprender de los extremos, ser radical, aprender a decir que no e incluso a poner límites desde el dolor o desde el silencio, ambos necesarios para sanar y reaprender a armarme.

Puedo encontrarle la lógica buscando a Plutón en mi carta natal o en tránsito -me es tá ha cien do mier da- pero sin ganas de resistirme, estoy cada vez más inmersa en las profundidades, en la brea pegajosa de lo peor y lo más oscuro de mí misma. Siento que ahora mismo SOY Escorpio, y es un proceso natural, orgánico. Como ascendente, necesario.

Me pregunto a veces si esto es, además de evolución para la consciencia, una trampa de comodidad. Porque eso siento ahora mismo: la profundidad que me abraza y abrasa como un infierno pero en el que me siento como en casa. Ese infierno que te desafía a crecer mientras destruye de tu mano todo lo que sabés que ya no podés sostener. Un infierno delicioso, exquisito, visceral.

Hoy es la verdadera noche de brujas, es Samhain, el Halloween del hemisferio Sur. Podés ritualizar honrando a tus ancestros…o hacer cucharita abrazando a tu propia sombra.

Así que feliz noche, brujas.
Casi todo eso a lo que le tememos*, se encuentra dentro. Cuando lo reconocemos, lo liberamos.

*Excepto el patriarcado y el capitalismo, que se encuentran dentro porque están demasiado allá afuera.