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La gente empatiza más con el dolor que con la felicidad

Hay un morbo en regocijarse con el dolor ajeno.

“Si alguien la está pasando mal, me hace sentir un poco mejor conmigo, porque tan mal yo no estoy. O tal vez resueno y me siento algo acompañad@.”

“Si alguien la está pasando bien, si es feliz, me da envidia, me choca porque yo no puedo, me irrita, no le creo.”

El dolor moviliza, despierta “pena”, simplemente aparece; la felicidad es un estado del ser que lleva mucho trabajo descubrir y ni hablemos de sostener. Y el placer, en esta sociedad, “cuesta”.

Las redes sociales son un gran experimento para observar qué tipo de persona sos, si estás dispuest@ a encontrarte con esa verdad.

En la imagen debajo, se ve que hay un pico de bajada del público, un montón de personas me dejaron de seguir en Instagram ese día. ¿Saben qué día fue? El día que me casé. El día que publiqué una foto de un momento feliz y lleno de amor.

Hace un tiempo leí -ya no recuerdo en qué cuenta por aquí- que la gente empatiza más con el dolor que con la felicidad. Y para mí eso es terrible.

Es terrible porque vivimos tras pantallas mirando la vida de famosos que lo tienen todo -o al menos eso nos quieren vender- pero cuando un ser humano “real” expresa su felicidad, ¿por qué molesta?

Porque, sencillamente, lo hizo. Es como vos, un@ más. No se ve todo lo que ocurrió detrás, todo lo que esa persona tuvo que atravesar para llegar a ese momento. Ni se lo imaginan.

Ser auténtica y expresarme desde el dolor ha sido una gran vía de sanación, y lo sigue siendo. Pero lleva a demasiadas suposiciones. Alguien en una foto de mi casamiento en Facebook comentó que “qué bueno que la vida me mostró otra cara”. ¿Otra cara? ¿Hablar alguna vez de que la pasé mal implica que toda mi vida haya sido así? ¿Cuánto suponemos de la vida del otro?

No sabés cuánto le costó a esa persona llegar al momento de placer o felicidad que eligió compartir ni sabés toda su historia, apenas lo que escoge dejar ver. Suponer y enjuiciar son las reglas más fáciles cuando te importa más mirar la vida ajena que nutrir la propia.

Que en 2023 la empatía se equilibre y podamos alegrarnos por la felicidad del otro, con sinceridad. Porque eso significaría que podemos cambiar un poco el mundo.