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Espiritualidad privilegiada.

Damos por sentada nuestra supervivencia porque tenemos cubiertas todas nuestras necesidades básicas. Por eso podemos elegir un trabajo, o dejarlo y emprender, cambiar el rumbo de nuestro camino profesional, elegir qué comer, etc. En sí, podemos elegir y ya eso dice todo. Tenemos la consciencia disponible -porque tenemos tiempo y no nos preocupamos por subsistir- para expandirla, meditar, hacer yoga, y aprender cómo manifestar lo que deseamos. Podemos acercarnos al conocimiento, libros y cultura que nos abrirán nuevas puertas. Podemos elegir.

Hay gente que no.

No todos tenemos la chance de elegir. No todos tenemos las mismas posibilidades. No todos tenemos la misma comodidad, seguridad y estabilidad dentro de la sociedad. No todos estamos seguros en casa. Muchos no sufrimos discriminación ni racialización ni abusos. La mayoría tenemos un techo sobre nuestras cabezas.

Pero quienes sí podemos elegir, tenemos la responsabilidad no sólo de hacernos cargo de lo que deseamos crear, sino también de pensar en el colectivo al hacerlo, porque no vivimos solos.
Nuestra mayor responsabilidad es no ser ciegos ni negadores.

Es un tema tan delicado como extenso, y hay miles de ejemplos diferentes. Creo, personalmente, que sí somos capaces de crearlo todo, pero depende de tener la posibilidad de aprender eso, de intentarlo y de lograrlo.
Me parece que en el camino de crecimiento personal, es necesario no vivir en una nube de pedos con elefantes rosas sirviendo champagne. Porque lo personal es colectivo y abrazar la “espiritualidad” no puede ni debe ser nunca una tarea egoísta y romantizada.

Ser mejor ser humano implica trabajar en uno mismo, responsabilizarse de la propia mierda y ser consciente de que eso es un paso para crear una sociedad mejor, sin tanta brecha social, discriminación y con posibilidades de crecimiento -de todo tipo- iguales para todos.

Es urgente cortar con la “espiritualidad” superflua y egoísta.
Bienvenido Neptuno a retrogradar.