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El eje nodal: desarrollo de la existencia

Ir hacia nuestro Nodo Norte no es fácil. Implica romper con un montón de mandatos, repeticiones, patrones, creencias y comportamientos, y es progresivo. No es algo que podamos hacer de golpe, nos puede llevar años.

En la investigación astrológica, observar cuándo la persona comienza a hacerse consciente de su signo ascendente es super interesante, aunque al principio no sea más que otra energía a la que culpar. “Es que soy de tal ascendente, por eso soy así”, lo cual es gracioso porque lo hacemos como si la energía estuviera allí afuera, en un mandala ajeno pero tan personal que termino usándolo como excusa ante mis actos fallidos y los no tantos.

Reconocer al ascendente como energía propia implica dejar de señalar, negar, juzgar y reprimir. No es un juego fácil de jugar, porque nos pide ser responsables de todo eso que somos, de lo que emanamos y lo que absorbemos del entorno. Y el Nodo Norte, como guía del ascendente, es aún más misterioso y complejo.

Muchas personas tendrán al NN en una relación fluída o análoga a la energía del ascendente, pero otras no tanto, incluso en tensiones que representan un “No sé para dónde tengo que ir” tanto consciente como inconsciente. Pero la propia carta natal se revela ante el consciente, sale de las profundidades psíquicas, cuando nos hacemos responsables y nos damos cuenta de que los planetas invitan energías pero somos nosotros quienes elegimos cómo expresarlas, qué crear o destruir con lo que aparece disponible.

El NN es de las más difíciles energías a integrar: nos pone de frente con la repetición cómoda que siempre elegimos para sostener seguridad y control, y nos desafía hacia un lugar metafórico y literal, completamente desconocido. Y, como todos sabemos, lo desconocido asusta.

Y en esa aventura, es que lo desconocido pide ser casa, ser habitado por esa función lunar que tanto usamos como excusa infantil pero que podemos tornar en destino. Un destino de sabiduría y no de patrón reiterado desde lo genealógico incluso.

Porque los nodos son lunares. Es ella, la Luna, la que nos guiará por muchos caminos del laberinto nodal, junto a los planetas que sean regentes de los nodos y las casas que éstos ocupen.