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Dejarse en paz.

Hacer mil terapias agota.

Creemos que estamos rotas, que tenemos que arreglarnos, y hasta nos han hecho creer que “tenemos que” sanar, sanar al árbol, sanar por los descendientes, sanar para ser felices, etc.

Nos abruman los avisos de cursos para aprender a sanar a mi niña, sanar mi relación con el dinero, sanar mis relaciones, sanar sanar sanar. Y para sanar parece, también, que tengo que aprender un curso -con mi lógica- para dejar de sentirme como el cul@.

Estar sana parece una zanahoria en el horizonte que nunca alcanzamos porque a medida que ahondamos en nuestra identidad, aparecen más y más capas ocultas, como personajes de una película de terror.

Pero dejarte en paz también es válido. Es necesario.

No necesitás nada más para sanar, más que tomar responsabilidad de las cosas que sí sabés que te hacen bien.

No necesitás aprender mil cursos de terapias para sanarte, sólo identificar cuáles son las que realmente resuenan con lo que te pasa.

No necesitás sanar.

Lo que necesitás es cambiar de punto de vista y dejar al pasado atrás. Porque la herida está ahí, donde creíste que todo tenía que ser de una manera en la que no fue.

Perdonarte, aceptar.

Meter todo el tiempo el dedo en la herida no la deja cicatrizar.