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Cambiar creencias en relaciones

Hace unos días en Instagram les pregunté qué creencias habían roto recientemente acerca de vínculos en general, y me asombró cómo muchas coincidían en algunas. Estas son las más repetidas:

-Que una misma nunca está completa, sino que necesita de un otro, estar en una relación, para completarse. La famosa y tan dañina creencia de la “media naranja”.

-Que tenemos que salvar al otro

-Que lo vamos a cambiar

-La monogamia como regla vincular e incuestionable

Las creencias que sostenemos al respecto de nuestras relaciones también cambian y se actualizan, se transforman a medida que crecemos y evolucionamos como seres humanos. Lo vincular es una manera de aprender en esta dimensión, ya que sin espejos no seríamos capaces de atravesar muchos procesos o aprendizajes destinados a nuestro crecimiento.

El alma gemela

Bueno, acá podría hablar largo y tendido pero es un tema muy exprimido ya y tan romantizado, que es necesario des-romantizar (si es que la palabra existe).

Gracias a Platón la idea de un alma dividida en dos se hizo “popular” y ahí vamos por la vida -sobretodo gracias a la Era de Piscis- tratando de encontrar quién tiene esa otra mitad de mi alma, y (atentos) “quién, al completarme, me hará feliz por fin”.

Miren, tengo a Venus y Marte juntos en Piscis así que novelas, películas, historias y documentos sobre almas gemelas, llamas gemelas, almas afines, relaciones kármicas, vidas pasadas y todo eso, he consumido como droguitas.

La historia idealizada es realmente muy romántica, muy princesa clásica de Disney que precisa ser salvada porque es indefensa, no sabe cómo empoderarse o sentirse completa.

El alma gemela, antes que nada, no es eso tan mágico y fluído que creemos ni tampoco nos asegura la completa felicidad. Y almas gemelas podemos tener muchísimas, y lo que es mejor: no necesariamente tienen que ser relaciones románticas (mucho menos exclusivamente monógamas o heterosexuales, pfff).

Para conocer, establecer un vínculo y poder sostenerlo con un alma gemela, hay que estar muy clara y bien plantada en la vida. El alma gemela te desafía, te fuerza a ir hacia tu incomodidad, tu Ascendente y tu Nodo Norte, las zonas de crecimiento más difíciles de nuestra carta natal. Encontrar a una -o varias- almas gemelas lo que más trae es aprendizaje.

Y no siempre nuestro ego puede soportar estar a su lado, porque pide trascender las actitudes egoicas y no suele ser sencillo. Los ciclos de Saturno hablan mucho de deudas y relaciones kármicas que piden ser concretadas y liberadas. Las almas gemelas nos despiertan consciencia de manera abrupta y gigante. Duele, muchas veces duele el ego con esos encuentros.

Por otro lado, hay almas afines, también existen las relaciones kármicas, etc… pero lo importante es: ¿por qué creemos que estamos incompletas?

Te la dejo ahí para que te lo respondas.

Tenemos que salvar al otro

Ufff, mi ex-posición favorita en todos los vínculos. Creía que lo que me daba valor era ser la Jesucrista (?) del otro, salvarlo con mi amor de sus miserias, mejorarle la vida con mi cariño, con mi presencia (amiga ese ego) y nutrirle todo el ser.

Bueno, no. Al menos en mis historias yo daba todo, me perdía en el otro y lo nutría a pleno, y yo me quedaba no sólo desnutrida, sino también vacía. Vacía de amor.

¿Por qué?

Porque cuando queremos salvar al otro lo que tenemos es la creencia de que la gente precisa ser salvada o ayudada por algo externo, como si “nos necesitaran”. También, porque esa es nuestra manera de buscar cariño, amor y aprobación. Porque, sencillamente, no nos estamos amando a nosotras mismas.

Y no, no es fácil cambiar el diálogo interno y las creencias, aprender o recordar cómo quererse. Pero una vez que abrís los ojos, todo comienza a tomar otro color. Además, esto se conecta con el siguiente punto:

Vamos a cambiar al otro

Otra patraña dañina que sostenemos para no romper la idealización de que el otro es “la” persona de nuestra vida.

Como si hubiera “una” persona destinada para nosotros, al mejor estilo alma gemela del que hablaba más arriba.

Y no, no vamos a cambiar al otro para adaptarlo a lo que nosotros buscamos de alguien, porque las personas no son moldeables, no son arcilla que podemos diseñar a nuestro gusto. Y hablando de eso, no siempre te tiene que gustar el 100% de una persona, de hecho si te pasa con alguien, contame. No tengo registros de eso.

No vamos a cambiar a los demás porque la única persona que podemos “cambiar” para seguir creciendo, es a nosotros mismos.

La monogamia como regla

Esto es absolutamente personal y la destrucción de la monogamia como regla para vincularse va de la mano con la ruptura social con la iglesia, con la -ojalá- caída del patriarcado y con las propias creencias de cómo me dijeron que tienen que ser mis vínculos.

Al fin y al cabo, van a ser los vínculos más sanos aquellos que sean creados desde el deseo, el respeto mutuo y el amor propio de ambos integrantes.

Post data: relaciones tóxicas

Excluyendo aquí vínculos seriamente violentos y abusivos (que los hay, igual que personas con esos comportamientos) las que llamamos “relaciones tóxicas”, nos vienen a mostrar lo tóxicas que somos con nosotras mismas creyendo y tratando de crear todo lo anteriormente expuesto desde un lugar romantizado e idealizado.

Lo que más precisamos es aprender que ya estamos completas y que tenemos tremendo potencial de amor dentro, que sólo necesita ser expresado sin miedos, abriendo el corazón.