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Sin reciprocidad no hay equilibrio

Hay quienes toman todo el tiempo y nunca dan nada a cambio, sobretodo en cuanto a los bienes naturales. Veo todos los días a personas subiendo el auto a la plaza del barrio o en el césped frente al arroyo, sin importar si contaminan un espacio natural. Los veo encendiendo hogueras que después dejan sin apagar.

Los escucho contaminando auditivamente todo el entorno, con parlantes gigantes, autos con música a puertas abiertas e incluso celulares a todo volumen. Pareciera que ya no se puede disfrutar de un entorno natural sin contaminarlo de alguna manera, porque el ser humano no está acostumbrado -en la sociedad actual- a poder sostener y sobrevivir en silencio. Oh, qué horror los cantos de los pajaritos.

Gente que va a la playa y deja toda su mugre allí. Que se divierte matando animales, cazando por placer. Alguien que pasa caminando y arranca la única flor que crece en un baldío. Personas que construyen su casa con vista al mar derribando médanos y árboles.

Los asuntos se tejen entre el abuso, el egoísmo y la inseguridad. Querer ser notado. Sentirse dueño de todo. Pensar sólo en uno. No poder estar solo con los propios pensamientos, no tolerar el silencio y el contacto con lo temido de uno mismo. «Acá llegué yo y con esto hago lo que quiero.», «Esto me lo llevo», «Esto -inserte objeto, espacio, persona- ahora es mía/o». «Yo estoy acá, véanme, nadie más importa». Cualquiera sea el mensaje, termina siendo destructivo. Nadie se responsabiliza por su parte en la naturaleza, nadie se hace cargo de que está actuando como una mierda. No, claro, eso sigue bajo la alfombra.

El humano es destructor pero no por naturaleza, sino por educación y costumbre. Siempre creo que de fondo hay esperanza, pero para eso tendrán que cambiar los sistemas educativo, social, económico, político.

Los bienes y recursos naturales no son ilimitados. Tu vida tampoco lo es y está dejando huella: llevate la basura que hagas en la playa, no enciendas fuego en espacios naturales, no dejes la canilla abierta al pedo, no subas tu auto a un espacio natural, no destruyas plantas ni derribes árboles «porque te molestan». Ahí el que los está molestando, sos vos.

Que tu huella deje amor, no destrucción.