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Sanar al árbol genealógico.

Cuando comenzamos un proceso de sanación de nuestro árbol genealógico y buscamos liberarnos de todo lo que él pretende de nosotros, el árbol reacciona y protesta. Te hace sentir culpa, te abraza más fuerte y te dice que sólo en él podés estar segura. O te ofende, surgen peleas fuertes y discusiones interminables…

El árbol tiene vida propia, tiene Alma. Lo mejor es hablarle con amor, aunque el hartazgo también sirve (pero seguro aparecen la culpa, los enojos de otros miembros, etc). En sí lo que importa es que estés decidida a no repetir los sucesos, lealtades, historias y contratos del árbol, en tu vida.

Para sanar hay que dejar atrás la vieja piel, nuestra vieja identidad, la que nos daba nuestro árbol: la zona cómoda. Cambiar de nombre no suena tan loco después de esto, o recibir tu nombre cósmico -se dice que es tu verdadero nombre, el de tu esencia divina-.

No se trata de eliminar algo de tu árbol, sino de encontrar el tesoro oculto en cada traición, en cada dolor. Para la psicomagia, todo tiene algo que enseñarte.

No sería loco que al sacudir las ramas del árbol, te sientas energéticamente agotada, o necesites descansar más para recuperar energía.

Cuando trabajemos con nuestro árbol genealógico, sería bueno poder hacer un ritual de pedido al Alma familiar, para pedirle asistencia y guía en nuestro camino. Se dice que ella nos convocó y nos trajo hasta acá…

Mientras escribía esto, leyendo sobre genealogía, me empecé a sentir descompuesta, con náuseas. Y esto me hace comentarles algo importante: siéntanse. De sentirse, y de sentarse también. Al indagar en el árbol, realmente se mueve muchísima energía, y es más fuerte de la que se puedan imaginar. Permítanse sentir y dejen fluir todo lo que sea que les atraviese. Porque quiere ser liberado y si llegó hasta nosotros la tarea, es porque nos toca.