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Luna llena en Piscis

A las 2:21 am del 2 de septiembre, se perfecciona la Luna llena en Piscis, en el grado 10°12′ del signo.

La Luna forma un sextil a Urano y éste recibe un trino del Sol en Virgo. Marte en Aries está en cuadratura a la triple conjunción en Capricornio y a Venus en Cáncer, opuesta a los capricornianos.

Como con cada Luna llena, tenemos claridad sobre los asuntos de la casa Piscis de nuestra carta, y cerramos un ciclo de seis meses al respecto. Necesitamos ver, con los ojos bien abiertos, qué cambios vienen en camino para apoyar nuestro crecimiento evolutivo. Verlos para abrazarlos y permitirlos, no para intentar evitarlos (porque será en vano). Siempre es mejor fluir, dice Piscis.

Un poco de mi llegada hasta esta Luna llena.

Conscientemente, y a la edad en que uno debe elegir estudiar una carrera para trabajar, mi elección fue el diseño gráfico junto a la fotografía. Esas palabras definían mi profesión y mi trabajo.

Pero qué diferente es sentir que uno tiene una «profesión» de una «vocación». La vocación es la llamada del Alma, y ella es la que sabe cuándo vamos a comenzar a olfatear el camino.

Cuando cumplí 31 y estaba terminando mi retorno de Saturno -y también una relación- me dí cuenta de que en la ciudad en la que nací, nunca «me salía bien» eso que tanto quería dar. Dí cursos de metafísica, de astrología y de registros akáshicos, pero sentía que no podía crecer, expandirme. No fue hasta que me instalé en Uruguay que todo comenzó a cambiar, porque yo me había animado a hacerlo.

Versión corta: fue viviendo acá que me dí cuenta de que necesitaba insistir con la llamada de mi Alma, pero no era por donde yo pensaba que venía la cosa. Fue gracias a un impulso de mi pareja que descubrí que «la cosa» venía por un lugar donde no me sentía segura, que me apasionaba, sí, pero me aterraba al mismo tiempo.

Empecé un blog donde escribía sobre astrología y metafísica, y de a poco comencé a trabajar leyendo cartas natales.

Pero yo ni me recibí de astróloga ni soy terapeuta de certificado (más que los de terapia floral o registros akáshicos por ejemplo): me hice terapeuta de mí misma. Y en ese proceso, fui adquiriendo herramientas que no podía sencillamente guardar en un cajón y ya.

Tenía que hacer algo con todo aquello que, poco a poco, me ayudaba a estar de pie después de tantas caídas, y eso era ofrecer mi propia medicina, todo lo que incorporé durante tantos procesos de renacimiento.

¿A qué voy con todo esto?

A que tu propia medicina ya está dentro tuyo, tu manera de sanarte a vos misma y de aprender a transcender e integrar tu sombra, tus heridas y dolores, también.

Me refiero a que no existe el mejor terapeuta: existe el indicado para vos, porque es quien te despierta a tu propia capacidad sanadora.

Y a que tampoco existe la verdadera y completa sanación: lo que hacemos es tomar consciencia y cambiar de perspectiva. Hay heridas que nunca podremos sanar, pero sí podemos aprender a convivir con ellas, a ponerles bálsamos.

Pero el mejor secreto para sentir que hemos «sanado», así entre comillas, es desaprender lo que la sociedad nos dijo que teníamos que ser y hacer, para permitirnos ser y hacer lo que nos pide el Alma, estemos llenas de miedo o no.

Y perdonarnos, por haber sido alguna vez, lo que no nos gustó ser, o lo que nos lastimó ser y hacer. Porque todo lo vivido tiene un motivo, y ese motivo es reencontrar lo que creíamos perdido al nacer -esa conexión eterna con el Todo- dentro de nuestro corazón.